Santo cielo, ¿cuándo se ha desviado tanto este manga de sus intenciones originales? No es que este tomo sea absolutamente horrible, que conste; tan solo es el peor hasta el momento. Tampoco es que esa estrella equivalga a una puntuación especialmente baja; únicamente es una manera de representar mi descontento. En términos de puntuación, el tomo rondaría el 4/10.
Desde su base, la isla de este nuevo arco no parece seguir ninguna lógica. Se supone que era una antigua prisión que se ha convertido en una sociedad gobernada, pero ¿cómo funciona exactamente? Se habla mucho del coliseo, cuyo objetivo todavía no entiendo bien, y del sistema de jefes que lideran la isla. ¿Qué sistema emplean para gobernar? ¿Cómo sostienen su economía? ¿Todos se sienten en casa a pesar de estar rodeados de prisioneros? Tengo cincuenta preguntas como esas y no parece que Ôima esté dispuesta a responderlas.
Vale, supongamos que todo esto tiene sentido. Entra Tonari y ya tengo otra razón para marcharme de la isla. Por alguna razón, es un personaje estereotipado que no parece apuntar a ninguna evolución interesante y, para colmo, va seguida de varios personajes que ni siquiera reconozco de lo poco que se han perfilado. La historia parece tratarlos con cierta importancia y les dedica bastantes escenas, así que no entiendo por qué la única que tiene un mínimo de personalidad es la propia Tonari. Me quejaba de la poca conexión con Gûgû y Lyn, pero prefiero mil veces a esos dos que a esta... esta.
Mis problemas llegan hasta el guion. Más allá de la credibilidad del torneo y la isla en general, parece que Ôima se está acostumbrando a forzar situaciones. No sé qué hace Hayase ahí exactamente (no hablemos del lametón, por favor. No hablemos del lametón.) ni por qué los poderes de Parona vienen de repente. Me gusta la idea de que los recuerdos perfilen a Inmo poco a poco, pero siento que el guion se fuerza para que la escena pueda continuar. Lo mismo con el encapuchado, los poderes del protagonista (¿los tallarines reproducen también el somnífero?) e incluso sus formas. El momento en que recupera la figura de March es bueno, pero cuando dice una frase tipo "vale, ahora tengo el poder de X, el de Y y el de Z" me dan ganas de estamparme contra la pared. ¿Desde cuándo esas personas se han convertido en herramientas? No es que sea ilógico, sino que la serie apuntaba en sus inicios hacia un contenido emocional que no estoy viendo aquí.
Sigo con la serie porque la premisa es fantástica y tiene mucho potencial, pero Ôima no para de demostrarme que está más interesada en meter a sus personajes en situaciones complicadas para mantener el interés que no mostrar sus registros emocionales. Cada vez echo más de menos el arco de Ninanna, la verdad.
(Pequeño inciso: ¿se puede saber por qué hay un bebé en la portada? Si es para representar todo eso de los sacrificios de Yanome, creo que Ôima se ha equivocado tanto de arco como de personaje. Vale que Hayase participara en los rituales, pero no asociaría su figura a la de un bebé automáticamente.)