Romance de rara perfeição, O Palácio do Riso (1995) recria a história da Villa Grimaldi, um dos maiores centros de detenção e tortura no Chile durante a ditadura militar de Pinochet, também apodado jocosamente de Palácio do Riso pelos agentes da DINA, a polícia política do regime. Outrora mansão ditosa rodeada de jardins bucólicos, viu-se mutilada por sádicos algozes e, à semelhança do seu país, desfigurada pelo negrume do tempo. Quando, vindo do exílio, um narrador revisita o edifício em ruínas, o passado feliz da casa funde-se com a barbárie e as memórias de quem enfrenta o horror de olhos bem abertos. História da decadência de um país e reflexão sobre a memória colectiva, este romance é uma viagem ao coração de um trauma pela mão de um autor que sempre condenou a ocultação de infâmias.
A transformação do Chile numa casa de tortura com o golpe de 11 de setembro de 1973. Confesso que o livro não me cativou especialmente exceto quando, no seu final, Germán Marín compara nostalgicamente a evolução da Villa Grimaldi com a evolução do seu Chile.
Lento y redundante. Discrepo absolutamente con el prologuista sobre la potencia de este libro. De seguro es una "novela perfecta" como arguyen mis profesores, pero no la recomendaría ni para el domingo.
Ritmo, estrutura, estética e narrativa roçam a perfeição. Escrita belíssima e carregada de nostalgia. O que somos sem História? Menos que as ruínas de um edifício. Um povo sem memória colectiva é um povo condenado à primeira ficção que lhe é servida, é um povo que não pode reconhecer a realidade. De onde vens, para onde vais?
Una visión de los horrores de la dictadura bien íntima y personal, entre la autoficción y el reportaje. Se centra en Villa Grimaldi, la historia de aquella casa y los cómplices civiles de la tortura y desaparición.
Hablar de temas históricos violentos es complicado; primero hay mucho ya dicho y es fácil llover sobre mojado. También se puede caer en la porno-violencia o, por el contrario, tratar las cosas con exceso de ligereza (como en el libro de la hora azul).
Me parece que Germán Marín logra evadir bien todos estos problemas y me gusta que su narración parta de una edificación y, de ahí, logre pasar por tres momentos históricos dando un buen vistazo a cada uno de ellos.
El Palacio cuenta la historia de Villa Grimaldi, que pasó de ser la casa de José Arrieta, y un valuarte cultural de Peñalolén, a una disco de medio pelo, y más tarde a convertirse en Villa Grimaldi, nombre puesto por el último de sus dueños legímitos en un intento por darle más ínfulas. Después sería uno de los centros de tortura más brutales de la dictadura de Pinochet.
El narrador conoce a una mujer, tiene un amorío con ella (a espaldas de su esposa), y tras el golpe se ve obligado a partir al exilio. Le ofrece a la chica irse con él, pero esta prefiere quedarse, diciendo que no teme, que no está metida en política y no corre ningún peligro. Muchos años más tarde, el narrador vuelve del exilio y desea encontrarla, pero las versiones sobre su paradero son contradictorias: algunos dicen que la hicieron desaparecer en el centro de tortura, otros, los menos, la señalan como uno de los torturadores. No dar con ella significaría asumir su muerte bajo horribles tormentos; encontrarla, dar con la pista de un monstruo.
Me parece significativo que gran parte de la novela se centre en el recuerdo de lo que alguna vez fue El Palacio. El protagonista entiende su desarraigo, el Chile al que volvió parece sacado de una dimensión paralela, y le es tan ajeno como los países en los que vivió su exilio. Qué lugar es este país de jaguares desmemoriados y pobretones envueltos en el tufo de la derrota? Las únicas respuestas salen de los escombros de lo que fue Villa Grimaldi, derrumbada por los agentes de la dictadura para borrar todo vestigio de las atrocidades. El pasado señorial yace perdido en la memoria de unos pocos, y lo que es peor, a nadie parece importarle, pues Santiago y Chile son lugares que constantemente reescriben su historia, dibujan un trauma nuevo sobre la costra de la herida que aun no cierra.
Si te gustó Nocturno de Chile, te podría gustar El Palacio de la risa.
This book is the Portuguese translation of El Palacio de la Risa, by the late Chilean author Germán Marín. The narrator, who, like the author, is an exile who returned to Chile after the end of Pinochet dictatorship, revisits the place where once stood the mansion and park of a youth friend on the outskirts of Santiago. In his stroll around the site of the demolished mansion and the derelict former park he remembers the history of the house, from its beginnings in the late 19th Century, through the mid 20th Century, when it belonged to his friend's family and he frequented the place, and then its decay, first into a Nightclub and then, after Pinochet' coup, when the house became the property of a military officer and was used as a clandestine prison and one of the main torture centres by the political police, and was called, by the henchmen themselves, the "palace of laughter" (Palacio de la Risa.) Thus, the hero of the novel is really the house and its tragic and dark final use, but in the narrator recollections we also read stories of friendship, of love, and of the effort to uncover the past and try to discover what happened to his lover after he fled Chile. Very good!
De una prosa que alcanza páginas notables, donde el hilo de la narración se combina con el comentario certero y la metáfora precisa, a ratos parecía perderse en la oración prolongada como el jugador que no suelta la pelota, que parece hacer una de más, pero que no la entrega, el relato es el pasado, presente y futuro de un narrador que pasea por las ruinas de un palacio de la buena y la mala memoria. Nostálgico por no enmendar una edad de oro devastada por la garra del mal en formas inhumanas mira su país como un extranjero que vaya donde vaya va a fracasar.
Marín trata el horror con respeto. Recuerda que está ahí, presente, aunque mute. Me gusta la mirada de Marín de Villa Grimaldi. Es un paseo que de a poco se vuelve tétrico, oscuro, pero sin caer en imágenes chabacanas.
Además, Mónica me recordó al libro La Llamada de Leila Guerriero, que recomiendo a ojos cerrados.
Nostalgia y todo lo que viene con ello. El libro muestra como se derrumban los recuerdos infantiles más tiernos con la historia nacional del Marín autoficcionalizado. Chile es una cara voraz que devora la microhistoria y los espacios son la víctima principal.
Valeu pela história da Villa Grimaldi e pelo documentário que andei a catar depois de ler o livro. O livro... hum... não me encheu as medidas; não sei se foi a escrita, acho só que ficou aquém das expectativas.