was born in Alicante, Spain in 1930. Her family was forced to flee to France at the end of the Civil War because they sided with the Republic. In 1942, as a result of the German invasion, her family returned to Spain where her father, painter Lorenzo Aguirre, was murdered by the Franco regime. Francisco Aguirre began publishing late in life, garnering many awards, including the prestigious Esquio Award. She lives in Spain with poet Felix Grande, a member of the second generation of post-civil war poets.
Raíces es una delicada selección de la poesía de Francisca Aguirre, Amalia Bautista, Luz Pichel y Luisa Castro, poetas españolas del siglo XX que conforman los tejidos familiares y sociales con sencillez y ternura, iluminando los recovecos de la memoria. «La raíz es eje (…)La raíz es la sencillez desprovista de la pretenciosidad que espera condecoración alguna»
Y cuando ya no quede nada yo siempre tendré el recuerdo de lo que no se cumplió. Cuando me miren con áspera piedad yo siempre tendré lo que la vida no pudo ofrecerme. Creedme: todo lo que pensáis que fue destrozo y pérdida no ha sido más que conjetura. Y cuando ya no quede nada siempre tendré lo que me fue negado. No os confundáis: con lo que nunca tuve puedo llenar el mundo palmo a palmo. Tanto miedo tenéis que no habéis advertido la riqueza que se oculta en la pérdida. Desdichados, poca ganancia es la vuestra si nunca habéis perdido nada. Yo sí he perdido: yo tengo, como el náufrago, toda la tierra esperándome.
(No os confundáis, Francisca Aguirre)
Ahora que el camino que debo recorrer es un paso elevado sobre una carretera que da miedo mirar, porque el abismo implacable me llama. Ahora que se ha muerto la esperanza como un pájaro echado de su nido por hermanos más fuertes. Ahora que es de noche todo el día, invierno todo el año y las semanas solo tienen lunes, ¿dónde mirar, dónde volver los ojos, que no encuentre los ojos de la muerte?
(Ahora, Amalia Bautista)
Muévete con cuidado sobre las tejas rotas. Hemos de levantarnos y sembrar otra vez los campos de maíz. ¡Todo lo destruyeron!
Llamemos a los hijos atrapados. Vamos a marchar tempranito a los surcos ahora que los días vienen algo mejores.
No hay tiempo que perder y el llanto es en tus ojos la mala hierba de los trigales verdes.
Salgamos de esta trampa. Está el camino hermoso de luciérnagas y las mimosas de El Soto madrugarán a punto de reventar de llenas.
Curaré tus heridas con agüita de mayo con agua de luceros las de nuestros hijos.
Uniremos los retales que quedan de las tejas y poco a poco haremos otra casa donde leer de nuevo los versos del principio.