En estado comatoso el protagonista narra la aterradora experiencia de estar consciente al filo de la muerte con una bala en su cerebro. Preso de la quietud, recuerda cada instante de su vida y hace reflexiones dignas de un filósofo moribundo existencialista que tiene como religión las mujeres.
Una narración en dos líneas de tiempo (el pasado y el presente de su protagonista), con la angustia de la muerte respirándole en la nuca y su gran preocupación por entender y arreglar su vida y la de sus seres queridos. La culpa por no querer a sus hijos equitativamente, las reflexiones de sus relaciones y el concepto de amor que nadie quiere decir pero todos saben que es, apasionado y real, sin promesas.
Un melodrama que solo puede hacer vibrar Efraím Medina, de vuelta después de tantos años de silencio. Con su inconfundible lenguaje sórdido y su humor negro se adentra en la vida de un personaje típico con toda la experiencia atípica que podría tener un filósofo, una vida sexual apasionante, reflexiones que roban carcajadas y todos los giros inesperados, la búsqueda de un malo que no es malo, las infidelidades que están tan bien justificadas que casi parecen naturales y aprobadas.
Es un escritor autor de las novelas Seis informes, Erase una vez el amor pero tuve que matarlo publicada por Editorial Babilonia en el año 2002, Sexualidad de la Pantera Rosa, Técnicas de masturbación entre Batman y Robin, la colección de poemas Pistoleros/Putas y Dementes (Greatest Hits) y el libro de relatos Cinema árbol.
Sus libros han sido traducidos a varios idiomas. Medina Reyes ha incursionado en el cine escribiendo y dirigiendo las películas "Tres horas mirando un chimpancé" y "Eso no me infla la banana". En su faceta de periodista colabora con revistas como Soho, Trip de Brasil e Internazionale de Italia. Ha sido bajista y autor de todas las canciones de 7 Torpes y con esta banda está próximo a lanzar en Italia lo que el llama un "álbum de Grandes Fracasos" titulado La forma del vacío.
"No te aferres a nada que no puedas abandonar en cinco segundos". "Me ayudaron a aceptarme sin perdonarme". "La ciudad se transforma lentamente en un atroz desierto, en la tumba de quienes hacen de cada instante su propio epitafio".