El presente volumen recoge la voz de diecisiete poetas mexicanas –de norte a sur de México– cuya escritura se distingue por la originalidad de cada una en lo que a forma y tema refieren. A pesar de haber crecido bajo el influjo de las redes, todas ellas son portadoras de una sólida formación que les permite expresar una realidad marcada por la violencia que han sido capaces de sublimar con indignación: leen el mundo desde la crudeza del lenguaje sin nunca perder su tono poético. Su escritura encierra el sello de un saber universal, un océano de lecturas, el rojo como un dolor que paradójicamente las aleja del enmascaramiento, la verborrea.
Una antología sumamente necesaria, y es que no sólo se trata de una colección aleatoria de registros poéticos que rompe con todos los prejuicios que se puede tener hacia las mujeres poetas. Hay corporalidad, violencia, muerte, desespero, pero también ternura, humor, sensualidad y amor. Es una antología muy respetuosa de sus autoras y de sus lectoras. Además los juegos formales (por muy diversos que estos sean) no nacen del efectismo ni del juego retórico superfluo, son muy inteligentes sin perder su virtud poética. De la misma manera, las que se acercan al tema de la cotidianidad lo hacen con mucho cuidado y para nada efectista. Creo que le hizo más diversidad lingüística (sol hay dos poetas en lenguas originarias) pero en general es una antología muy equilibrada y que sostiene muy bien. Mis favoritas fueron Sara Uribe, Irma Pineda, Xitlalitl Rodríguez y Amaranta Caballero
Gracias a este poemario he conocido a Natalia Toledo y no pienso soltarla. Hay selecciones que no me encantaron, pero me parece el libro justo para conocer más de las poetas actuales en México y no caer en discursos plagados de ignorancia como el de Paco Ignacio Taibo II.