Desde hace un tiempo, varios vendedores de humo usan a deportistas exitosos y retirados para hacer charlas motivacionales. Pensaba en eso mientras leía las páginas de este libro, mientras descubría la singularidad de un ciclista al que nunca vi correr y del que he escuchado mucho. En las páginas finales, Fournel dice que Anquetil no puede ser un modelo para nadie, y no lo dice porque sea un mal ejemplo, sino por esa misma singularidad. Lo que le funciona a Anquetil y a cualquier otro deportista no puede volverse una guía de conducta. No hay forma.
Este libro, escrito con mucha maestría, nos muestra la soledad y la singularidad de Anquetil, pero sin dar una definición única y certera de cómo era Anquetil. Nos describe situaciones, contradicciones, lealtades, decisiones erradas tal vez, de un hombre que siempre estuvo por encima del dolor para imponerse en un deporte en el que, seguramente, muchos eran mejores que él, pero ninguno era como él.
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El librero que me convenció de comprar este libro me dijo: "Incluso, si no existiera el ciclismo, este es un libro hermoso".
Claro, es un libro sobre ciclismo, pero también es un libro sobre cómo se van ¿deconstruyendo? nuestros ídolos. Fournel quiere ser Anquetil, es Anquetil, le da una voz a Anquetil, en un trabajo que requiere mucho estudio, mucha maestría para escribir, pero luego va descubriendo que no puede ser Anquetil y que la carrera con la que se hizo una imagen del Anquetil que dio origen a su pasión y obsesión era solo una imagen, un sueño. Como la escena final de 'El halcón maltés'.