¿Hace falta?
Desmentir el mito del Che está de moda. De hecho, está de moda más o menos desde hace cincuenta años, desde que el Che se murió. Tan persistente como el mito han resultado ser los refutadores.
Curiosamente, el estatus icónico que alcanzó Guevara molesta por igual a quienes comulgan con sus ideales y a quienes los repudian. Los dos dicen, más o menos, lo mismo: que el joven que se pone una remera con la cara del Che estampada en general no sabe nada sobre él.
Los comunistas dicen que el mercado capitalista se apropió de la figura del guerrillero, vaciándola de contenido, para transformarla solamente en un producto fashion, y los anticomunistas dicen que ese lavado de cara sirve para que los jóvenes desprevenidos compren los ideales engañosos de la izquierda, ignorando los desastres que esta ideología desató en el mundo.
Yo digo que ninguno tiene razón.
En la mayor parte de los casos, diría que ponerse una remera con la cara del Che es algo que no significa nada. Es un elemento decorativo, como podrían ser, otro día, la bandera estadounidense o el escudo de Superman. En los casos en los que sí significa algo, lo más probable es que ese algo sea algún concepto abstracto, como la rebeldía, la justicia, o la lucha por la libertad. Es justamente la vaguedad de los símbolos la que los hace tan populares y tan adaptables.
Y creo que el que se pone la remera con el Che pensando todo eso no está equivocado, porque eso es exactamente lo que representa la cara del Che. Lo que haya hecho el personaje histórico atrás del símbolo tiene poco que ver. Por eso, no creo necesario darle una lección sobre quién fue Guevara realmente. Y si el que se pone la remera es un comunista convencido e informado, supongo que la biografía tampoco lo hará cambiar de parecer.
En resumen, no veo la necesidad de escribir todo un libro para “desenmascarar” al Che.
Supongo que, si Fernando Díaz Villanueva (cuyos podcasts, por cierto, escucho de vez en cuando) lo hizo fue no solo con este afán, ni solo porque se lo encargaron, sino porque en el camino también descubrió el encanto del mito.
Su trabajo puede leerse como una biografía bastante completa, aunque solo en algún caso da un poco más de información que la más completa y ecuánime escrita por Jon Lee Anderson. Seguramente será también una buena herramienta para los empecinados en el desenmascaramiento del Che. En lo personal, las biografías que apuntan a repudiar al biografiado me suelen resultar más intragables que las que pretenden canonizarlo.