En los cuentos de Paulino Ordoñez hay muchas referencias musicales y uno de los mayores logros es hacer que la narrativa vaya al ritmo, o al menos que así parezca, del tipo de música del que se habla. Alguno se lee al ritmo de Selena, otro con la furia del punk mexicano, y así la mayoría conjuntan ritmo narrativo con ritmo musical.
Además de la música, en estos relatos hay añoranza, y no es extraño pensar que es la música la que nos hace recordar, entonces se convierte en una anécdota en la que pareciera que uno, o Paulino, le pone play al comenzar a leer. Algo de nostalgia musiconarrativa.