Sadbøi es la biografía de un artista criminal, de un delincuente reconvertido en artista contemporáneo, de un joven alienado que transforma el crimen en un objeto de consumo.
Berliac is a manga author born in Buenos Aires, Argentina in 1982. He is the author of several graphic-novels and his short stories have been published in anthologies from Korea, United States, and France, among many others.
¿Qué es el arte? Cuestión de identidad. Definir qué es arte es como definir qué es ser humano, animal o dios. Algo dependiente de cuestiones ontológicas. Del mismo modo, ¿la cultura tiene condiciones innatas o puede asimilarse? Es decir, ¿se nace artista como se nace con uno u otro color de pelo o se llega a ser artista? Y de ser lo primero, ¿es posible haber nacido en la noción equivocada de arte? Haber nacido argentino, pero ser un artista japonés. O haber nacido criminal, pero ser un artista del crimen.
Berliac elige no responder. No claramente. Siendo argentino pero con un estilo de dibujo que es puro gekiga, manga japonés de corte más realista y dramático, Sadbøi es una amarga reflexión sobre el arte, la inmigración y la identidad. Porque, comenzando in media res con Sadbøi de camino a la presentación de su primera exposición artística tras ser la decepción de todo un país que lo había colocado como ejemplo de la imposibilidad de los niños inmigrantes de adaptarse a sus países de recepción, al final todo se dirime en el campo de la identidad.
Incluso el dibujo en sí.
Nada en el dibujo da a entender que el artista no sea japonés. Ni siquiera la propia escritura. Composición, trazo, narrativa. Todo ello parece extraído de una actualización contemporánea del gekiga de gente como Yoshihiro Tatsumi o Hiroshi Hirata. Más crudo, más abiertamente político, pero perfectamente publicable entre las páginas de una revista japonesa.
Pero si preguntas a la mayoría de, y es importante subrayarlo, occidentales, te dirán que Berliac ni es ni puede ser japonés. Que no importa cómo se siente. Ni siquiera cómo narre. Él es occidental.
Y lo mismo ocurre con Sadbøi.
Siendo el germen de la historia el conflicto interior que sostiene entre ser un inmigrante, ser percibido como una víctima y percibirse a sí mismo como un verdugo, todo se mueve a través de la dicotomía existente entre la identidad y las apariencias. Entre cómo nos sentimos y cómo nos perciben. Porque Berliac (presumo) se siente japonés, pero se le percibe occidental. Sadbøi se siente verdugo —o cuanto menos, humano: tan posible del mal como cualquier otro—, pero se le percibe como víctima.
Ese es el conflicto. Y eso es el arte. Porque la pregunta que sostiene el cómic es, ¿es posible considerar a un acto delictivo una performance artística? Y la respuesta es ambigua. Ni sí ni no. Depende del consenso al cual se llegue. Porque, ¿y si, como en el caso de Sadbøi, el problema es no considerar que la respuesta es su propia falta de respuesta? Que quizás el arte no sólo es arte, sino que también puede ser un crimen sin por ello invalidar su propio estátus de arte.
Que quizás el arte pueda ser arte y, al mismo tiempo, ser un crimen. No una cosa o la otra. O japonés u occidental. O inmigrante o bueno/malvado. Que, tal vez, ninguna pareja de nociones son necesariamente excluyentes entre sí.
De eso trata Sadbøi. De la identidad, de su complejidad, de cómo está atada en corto a contradicciones, sobrentendidos y, muy especialmente, a lo que la gente pretende imponernos a través de etiquetas fáciles capaces de hacerles sentir mejor.
Porque al final, la identidad es algo tan contradictorio y personal como la entidad que la contiene.
Sadbøi acada un ton moi profesional. A premisa é coñecida, os límites da arte, pero a escuridade, o malrollismo e a mirada para os pijazos de que non deberían estar aquí está moi conseguida. Axuda que ao facerte vello vólveste un sensibleiro, tívenme que poñer Steven Universe despois de lelo para compensar.
Sadbøi non inventa nada pero captura a esencia do fulano que se rompía unha botella de Cacique 500 na cabeza á saída da Palladium de Melide. Moito mérito para a pluma de Berliac. Fódeme un pouco que xusto veño de volta da miña primeira viaxe a sudamerica onde pateei as tendas de cómics de Bos Aires e volvín con libros para turistas e Berliac , que é o guapo, pasamo en Lalín @Txema.
A estrela que se bota fóra e o pouso que me queda ao ler sobre algo tan manido e a vez tan de actualidade onde se podería engadir ideas ou descripcións dos problemas dos límites da arte agora. Porque do que trata Sadbøi espumeabamos e teorizabamos xa todos en 4 da ESO.
La novela gráfica comienza con una dedicatoria al novelista Jean Genet y la pregunta ¿puede un crimen ser arte?. Sadboi es un inmigrante refugiado que vive en la delincuencia hasta que una asistente social de Noruega se hace cargo de él gracias a un plan de inserción social. Con el correr del tiempo se fortalece la relación entre ambos pero lo inherente en el joven hace que reincida y lo metan preso repetidas veces. En una de sus idas y venidas por las cárcel conoce a un representante de arte que lo catapulta a la fama como artista performático. Mediante una simple y tierna historia Sadboi piensa el lugar de lo marginal dentro del arte y discute el límite del tan bastardeado "arte contemporáneo". Con un dibujo que remite al manga y un azul perfectamente utilizado, la novela propone una tensión entre la vida marginal de un inmigrante y una sociedad naif que lo contiene.
Akurat teraz, gdy jestem po lekturze opowiadań Tadao Tsuge, widzę wiele podobieństw do stylu charakterystycznego dla japońskiej gekiki: brak tła, minimalizm, granie czernią czy odcieniami szarości i ogólne wrażenie, że kreska zmierza w bardziej niezależne rejony japońskich tradycji. Berliac opanował tę stylistykę do perfekcji, a dodatkowo jego dzieło charakteryzuje spora dynamika. W "Sadboi" autor porusza trudne kwestie asymilacji mniejszości oraz funkcji i granicy sztuki we współczesnym społeczeństwie. Najlepsze jest to, że brak tu moralizatorstwa czy gotowych odpowiedzi - wnioski czytelnik musi wyciągnąć sam
Esta novela gráfica es una historia sobre la marginalidad, los nichos, la supervivencia. Una crítica cruda hacia el consumismo snob del arte, sobre cómo una obra es valuada primero por la prensa y lo que sucede en el museo muchas veces es una consecuencia. Sobre la importancia del nombre. Una crítica a la sociedad xenófoba y conservadora. Sobre cómo sobrevivir siendo migrante, sobre la exclusión y la falsa inclusión, sobre la libertad y el poder de decidir. Algo interesante es la decisión del genérico en la historia, las ciudades son anónimas y permiten ubicar los hechos en cualquier momento, en cualquier lugar.
Esta sería la reflexión que lanza al mundo este cómic publicado por la siempre recomendable Sapristi. . Sadbøi, el chico que le da nombre, es un adolescente rebelde, reincidente y sin patria geográfica ni familiar. Tras su paso por orfanatos, programas de integración e incluso la cárcel, decide aprovecharse de la libertad creativa que ofrece el arte contemporáneo y convertirse en artista. Con un dibujo salvaje que occidentaliza el gekiga -o manga adulto- crea un genial cómic-kinki-posmoderno que explora, entre otros muchos temas, las fronteras de la sumisión y la seguridad en el arte. . El inadaptado Sadbøi, marginado por la sociedad, asume ese rol y actúa en consecuencia delinquiendo. Ahí es donde encuentra la libertad; el crimen no como única vía, sino cómo decisión, como lugar en el mundo.
This was very strange. I enjoyed the discussion about art consumption, but the rest was very odd. I also think I missed a bit of what the author was trying to say about the nature of people. Interesting, but morally very gray. I have to admit I came into it blind just because I liked the art style.
Certains lecteurs seront choqués par le message véhiculé, d'autres se poseront des questions sociétales. J'ai bien aimé ce antihéros, toutefois les facettes du personnage n'ont pas été assez creusées et les planches dans un style vintage, ne seront pas au goût de tout le monde.
Una novela gráfica algo extraña pero con una profunda reflexión entre sus viñetas. No sé si clasificarla como una tragicomedia porque hay un humor extrañísimo (o es que yo no lo pillo). El mero hecho de que el protagonista se denomine Sadboi es una performance en toda regla, y en este mundo lleno de convencionalismos poco convencionales a veces dudamos del carácter performativo de las cosas. ¿Qué hace a una persona ser como tal? ¿Por qué la difusión del arte es proporcional al origen del autor?
La reflexión sobre la identidad y el espacio que ocupan los menores refugiados es uno de los elementos centrales de la obra. Aunque la performance recuerda a otras similares de otros artistas contraculturales no nos sirve para resolver la pregunta en cuestión: "¿Puede un crimen ser un arte?"
Sadbøi est une des BDs qui m’a le plus déçu dernièrement. Et pourtant, elle avait tout pour me plaire !
Elle offrait la promesse de nous plonger dans un monde postmoderne avec de nombreux thèmes (en à peine 130 pages) en allant de l’identité sexuelle, la criminalité ainsi que la performance artistique.
L’histoire nous fait suivre Sadbøi, un enfant issu de l’immigration et qui connait le parcours classique des services sociaux en Norvège. Initialement perçu comme un enfant étant un parafait ambassadeur de l’intégration à son nouveau pays, ce garçon finit par être de plus en plus incompris et sombre dans la criminalité au cours de laquelle il va commettre différents méfaits, rencontrer différentes personnes aux horizons douteuses, et finir par commettre une sorte de cambriolage.
J’ai trouvé la promesse de « pensée sur ce qu’est une performance artistique » et la thèse de « est-ce que un braquage peut être une performance artistique » franchement bateau. J’ai plus l’impression que l’auteur a trouvé cet angle de pensée et ne l’a jamais remis en question. Dans les faits, Sadbøi ne fait que continuer ses actes de violence, mais puisque c’est au nom de l’art c’est maintenant justifié. Bon, bof.
Également, je pensais que j’allais adorer le style comics japonais des années 90 (un peu du style Kyoko Okazaki par exemple) que nous propose ici Berliac. Mais ça manque de détails, les traits sont un peu trop simple, la police d’écriture est moche.
Den här serieromanen har ett par år på nacken men jag läste den aldrig när den kom ut 2018. Däremot minns jag det som att Berliacs serier dök upp lite här och var i den vevan, dels i DGS men även i Galago (kan dock minnas fel om det senare).
Huvudpersonen är ett ensamkommande flyktingbarn - Sadbøi - i Norge som hamnar på en brottslig bana, för att sedan röra sig mot konstvärlden. Berättelsen varvar nutid där ett vernissage precis ska hållas med tillbakablickar på Sadbøis liv. Det går aldrig riktigt på djupet, men sättet som bokens teman behandlas gör ändå att det blir intressant. På sista sidan framgår att boken är tillägnad minnet av Jean Genet, och visst finns det en hel del tematiska likheter med hans verk. Det handlar om samhällets utstötta, kriminalitet, fängelsevistelser, homosexualitet och kanske främst om att själv vara den som definierar sig själv och sitt liv.
Boken är tecknad i mangastil vilket inte riktigt är min grej. Jag gillar miljöbilderna men har svårare för hur personerna är tecknade. Tydligen anklagades också Berliac (som är från Argentina) för kulturell appropriering för den stil han använde, men det verkar också ha handlat om hur han uttalade sig om det (en amerikansk utgåva som skulle kommit på D&Q drogs tillbaka). Om den kritiken är rimlig eller ej har jag inte nog mycket kunskap för att ta ställning till.
(Tidigare publicerad på Instagram utan betyg, sätter därför inget såhär i efterhand.)
A pesar de su intención de reflexión sobre el arte que culmina en una performance original, el camino está trufado de tópicos (el huérfano de guerra que no encuentra su sitio, la asistencia social compasiva). En conjunto está bien.
Стиль манги 50х. Вечный вопрос "что есть искусство?". Не менее важные вопрос о воспитанниках интернатов. Хорошо ли это? Более чем. Стоит ли читать? Разумеется да. Пожалуй это одно из лучших произведений за этот год. Как по сюжету, так и по рисунку Art is not a crime