Quedó ciego y estupefacto, vislumbrado por el candor y la cadencia que se han posado en mis miopes pupilas y han disipado en mi alma el temor tan entrañado de aquellas olas de agua salada, el horror tan tangible, el miedo, aquel miedo recién despertado hacia las ventanas y los sótanos; y entre todo ello, como un murmullo secreto, el amor, eterno náufrago en la orilla de mi pecho.
Presente recordatorio de la insuficiencia de mis huérfanos versos, inefable inspiración que en mí evoca la esperanza de aquel instante venidero en que acaso encuentren eco en otra alma errante. Refractario, vaya, que hermosa lectura.
Este poemario, que es una obra de arte acompañada de bellos dibujos, encierra una pregunta por la luz, la escritura y su relación con nuestra definición de lo que es ser humanos. Eduardo Parra detiene el mundo lo suficiente para transformarlo en lenguaje musical sublime.