"Para amar no hay que se guapo,
para amar no hay que ser listo,
para amar basta un flechazo,
un flechazo y estás listo..." 27
"Tuve que volver a admitir que la materia prima de mi oficio, la palabra, no es un elemento tan imprescindible de la comunicación humana como a veces suponen los escritores cegados por el orgullo; en momentos críticos, la gente capta la esencia con muy pocas palabras o incluso sin ninguna." 31
"En ese momento tan particular sentí que no había esperanza para los hombres. ¿Por qué esperar, pensé, por qué creer que grandes pueblos puedan entenderse, convivir en paz en las distintas regiones de la tierra, cuando todas las personas son víctimas desesperadas y causales de pasiones ciegas e impulsos irracionales?" 41
"Después de todo lo hablado, aquella reserva me hizo pensar que se arrepentía de su locuacidad. Como si lo torturara una especie de resaca. En ocasiones excepcionales a veces la gente, embargada por el -phatos- de una situación, revela en un arranque de sincera confidencia sus ideas más secretas ante desconocidos, y al día siguiente disimula —malhumurada y mostrando una reserva exagerada— el sentimiento de culpa que la martiriza a causa de su franqueza." 69
"Cuando una persona recrea con la pluma experiencias peronales siempre se está dirigiendo a un público, aunque opte por el género íntimo del diario; sí, la literatura nos enseña que los grandes diarios se han escrito para el público." 73
"...la calumnia tiene la particularidad de hacerse realidad aunque carezca de fundamento." 77
"...ya está harto de ese cuerpo y no piensa perder el tiempo buscándole acomodo en el mundo." 128
"...el ser humano es más infinito que su destino. Es más infinito, más intrépido, más dispuesto a todo..." 149
"...me sentí absolutamente tranquilo. ¿También feliz? No lo diría, porque ignoro en qué consiste la felicidad. Pero si la ausencia de deseos y el conocimiento agradecido y humilde de la realidad no se parecen a la felicidad, prefiero no llegar a conocer dicho estado de ánimo." 152
“—La mentira que el día anterior aún se llamaba trabajo o deber, ambición o amor, o vida familiar —prosiguió—. Han sido necesarios miles o decenas de miles de días y noches para que en el interior de un cuerpo, en su sistema nervioso, en sus sentidos, esa mentira se transformara en una única realidad insoportable, hasta que un buen día el organismo, todo el individuo, anuncia con un gemido penoso que la mentira se ha convertido en una intolerable sensación de pánico. Grita que ya no soporta su entorno o su propia vanidad, o la rutina con que ha pretendido tapar el vacío de su vida, que no soporta la mecánica repetición en que se ha transformado el talento que un día le fue concedido por Dios. Y entonces sigue gimiendo y gritando, porque ya no aguanta la mentira transformada en enfermedad. Y siente náuseas, como si lo hubieran envenenado. Y en efecto, lo han envenenado con un veneno pertinaz y desconocido incluso por los curanderos de los Médicis o los Borgia… La vida es veneno si no creemos en ella, si ya no es más que un instrumento para colmar la vanidad, la ambición y la envidia. Entonces uno empieza a sentir náuseas, como…” 179
“Maestro, su alma está sana, pero su cuerpo ha reaccionado a una mentira, a una especie de intoxicación. Y yo ignoro cuál es esa mentira que se ha ensañado con su cuerpo y su sistema nervioso. La mayoría de las veces no llegamos a aclararlo. El enfermo muere o se cura, pero sobre la mentira no llegamos a saber nada. Piense. Piense con más determinación que nunca, con más determinación incluso que ante el piano en una sala de conciertos repleta. No puedo recetarle la vida en forma de medicamento. Un día se levantará de esta cama… pero sólo cuando quiera hacerlo. Debe querer hacerlo; de lo contrario, a partir de esta enfermedad le sobrevendrán otros estados patológicos de los cuales, a su vez, surgirán nuevas enfermedades.” 183
“Las fantasías más mórbidas, las perversiones y los deseos sexuales descritos en los libros de psiquiatría desconocen la confianza que se forja entre un cuerpo enfermo y la persona que lo cuida. Porque los perversos, los insaciables, los impotentes, los que traspasan todo límite moral y estético, de algún modo, en algún detalle, se esfuerzan por conservar su personalidad; ése es el secreto que los diferencia, a lo que no renuncian, lo que son ellos y que los distingue de los demás. Pero el cuerpo enfermo no tiene secretos. La necesidad de evacuar, el dolor, la incapacidad, es un estado más desinhibido que la desnudez voluptuosa de los amantes, que la tierna unión entre madres e hijos; esta intimidad sobria y triste sólo puede surgir entre el enfermo y su cuidador. La enfermedad es un estado ancestral que desconoce el pudor.” 201
“...uno nunca debe volver con la persona de quien se ha alejado definitivamente. Es una de las pocas reglas inviolables de la vida. Esta clase de vuelta atrás constituye un peligro mortal. Usted ha dejado a esa mujer y se ha despojado de todo aquello que proliferaba malignamente en esa relación. Ahora se encuentra aquí, casi recuperado del todo, en condiciones de regresar al mundo. Así pues, ¿para qué querría volver a la enfermedad? ¿Qué espera encontrar allí? Es una necedad.” 222
“La superiora es una mujer excepcional que entiende de todo, particularmente del alma de los enfermos que no quieren estar sanos y de los sanos que prefieren enfermar porque no soportan la responsabilidad de la salud y la vida. Vivir exige mucha responsabilidad.” 250
“—Oh, vivir es una gran responsabilidad. Imagínaselo, vivir entre la gente… Muchos no lo soportan. ¡Cuántos intereses! El tedio, la vanidad, la ambición, los sentidos; y detrás de todo, la muerte… ¿Quién puede soportarlo sano siempre, durante toda una vida? Pocos, muy pocos.” 250