Una historia sobre un niñita ignorada y solitaria, hija de una mujer polaca, judía, que vivió y perdió a toda su familia en los campos de concentración nazi y un elegante hombre italiano.
Habla sobre no encajar, no ser ni de aquí ni de allá, sobre cómo ser una niña olvidadiza la hizo una víctima fácil para compañeros crueles y maestros abusivos.
También habla sobre crecer en Polonia tras la Segunda Guerra Mundial y hace varios guiños políticos.
A pesar de tocar temas delicados como el trauma infantil y generacional, la protagonista no se queja ni una sola vez, no pide lástima tampoco, al contrario, logra hacer las pases consigo misma, con su apellido y logra mirar al pasado con una sonrisa triste.
Cuando el libro habla sobre el pasado de la protagonista no sientes su dolor, sino que te hace recordar el tuyo propio en situaciones similares a las que ella pasó cuando niña y ese dolor infantil es un dolor que ningún libro me había hecho recordar antes.
FRASES
“Quien observa desde la distancia tiene en cuenta la medida y el peso de los asuntos, además de una consciencia, digamos, divina.”
“Pero la vida no son más
que continuaciones sin ningún comienzo, viejos hilos atados unos a otros, arrastrados desde no se sabe dónde, hacia no se sabe dónde.”
“«El hombre... Hay orgullo en esta palabra»”
“El hombre no puede ser doblegado, ni siquiera cuando se le arrebata todo, ni siquiera cuando se lo arroja al mismo infierno.”
“El infierno debía ser un lugar como cualquier otro —allí también hay que saber estar—“
“El tono ensordecedor pretendía ocultar otra verdad, mucho más difundida: que al hombre se lo puede doblegar sin dificultad y además de muy diversas maneras.”
“La fe en la existencia del mundo es la base sin la cual la vida en común resulta imposible. Por eso es preciso imponerse a uno mismo esa fe, incluso si contradice la intuición; es preciso obligarse a aceptarla, igual que se obliga uno a levantarse de la cama por las mañanas cuando suena el despertador. Aunque sea sin convicción, apoyándose sólo en la fuerza de la voluntad.”
“Mi madre aprendió a no valerse de la intuición. La consideraba una variante muy repulsiva del entrometimiento.”
“Era una mujer hermosa, pero de mirada triste. Muchos deseaban aclarar el misterio de su tristeza, contra eso no podía hacer nada.”
“Si el médico, al darme la receta, no me hubiera advertido de que esas inyecciones eran muy dolorosas, yo no lo habría sabido por la mirada indiferente de mi madre.”
“Los bebés tienen una memoria frágil, igual que los ancianos. Los hechos se desvanecen, incluso los más importantes, las imágenes desaparecen como en un carrete velado. Los esfuerzos de la memoria resultan vanos y sólo traen dolor y desaliento.”
“La vida es peligrosa como las aguas profundas, en las que o nadas o te ahogas. Hoy nadas, mañana te ahogas, eso al mundo le da lo mismo.”
“Se acostumbró a que la vida cumpliera sus deseos.”
“A veces sucede que, en su búsqueda del equilibrio, quieren llevar a cabo algo de veras terrible para alcanzar su porción de culpabilidad. Pero no pueden, el peso los aplasta. ¿Es eso justicia?”
“Mi madre era amable y a menudo, si no tenía que ir a ningún sitio, trataba de saber qué tal me iba todo. Pero cuando empezaba a contárselo perdía el interés, se iba aburriendo cada vez más, cada vez resultaba más evidente, hasta que al final yo me detenía en mitad de una frase y ella dirigía su mirada distraída hacia otra parte.”
“La vida había puesto en las manos de aquella niña algo que a mí no me ofrecía, pero ella no lo aceptaba. ¿Por qué? ¿Acaso lo que rechazaba no tenía ningún valor? ¿Conocía algo mejor? La veía huir de ellas y me preguntaba por qué razón yo no era ella ni lo sería nunca. Me inclinaba a pensar que se trataba del material. Ella estaba hecha de otro barro.”
“Llevaba una vida solitaria y no esperaba gran cosa de ella, pero aun así a todo el mundo le debía algo.”
“No sé cómo ocurrió, pero al final me puse de su lado. “ (Ella sobre ella misma cuando era niña)
“Empecé a estimarla, al principio en secreto. De algún modo, su distanciamiento de la realidad no me separaba de ella. Si la hubiera abandonado en esos momentos, la habría echado de menos. Además, hasta entonces nada me había proporcionado tantas fuerzas como el ir a contracorriente de lo que pensaban sobre ella los demás. Cuantos más problemas tenía, mejor me caía. Cuantos más problemas tenía, más me necesitaba.” (Ella sobre ella misma cuando era niña)
“Desde que empecé a cuidar de ella, lleva la ropa limpia y no llega tarde a clase. Hace lo que le corresponde, al menos lo suficiente para que nadie pueda llamarle la atención. Es tan cautelosa como un animalillo del bosque. No se acerca demasiado a los decididos ni a los risueños. No come de la mano de nadie, pero no porque tenga miedo: no le tiene miedo a casi nada. Lo peor ya ha pasado.” (Ella sobre ella misma cuando era niña)
“A veces, por las mañanas, vuelvo a meterme en su piel. La señorita sacude mi cartera para vaciarla, saca mis cuadernos junto con mis pañuelos húmedos de haberme sonado y sobre la mesa ruedan unas castañas mordisqueadas. Las recojo con disimulo y me las meto en los bolsillos.
—¿Qué te has guardado? ¡A ver! —me grita agarrándome del codo.
Pero no clavo la vista en el suelo según la vieja costumbre. La observo con una mirada tranquila, soñolienta, callo y escucho cómo va bajando el tono.”
(Ella sobre ella misma cuando era niña)
“Debería decirle que pude librarme de ese apellido cuando me casé. Pude hacerlo, pero preferí conservarlo. A decir verdad, me gusta.” (Ella sobre ella misma cuando era niña)
“Muchas veces he imaginado qué podría hacer si me tocara ir de nuevo allí, pero en su piel, tal como era ella. Imaginaba que esta vez sabría defenderse.” (Ella sobre ella misma cuando era niña)
“Desde un extremo del mundo al otro se tardaba quince minutos a pie: en un extremo se encontraba su casa; en el otro, el colegio.”
“—No vamos a perseguirlas —dije—. Que se vayan. Es lo mejor.
Levantó la mirada hacia mí. Tenía el aspecto de los niños a los que nadie quiere, lo llevan escrito en la frente y no despiertan compasión. Les falta el encanto infantil. No son simpáticos, así que se los mira sin ternura. Como si fueran adultos inmaduros. No hay bastante compasión para todo el mundo.” (Ella sobre ella misma cuando era niña)
“Como si estuviera esperando a alguien como yo. A alguien que la detendría y le diría lo que yo había dicho. Llevaba dentro unas reservas inagotables de confianza cuya existencia nadie habría imaginado.” (Ella sobre ella misma cuando era niña)
“¿Cómo se lo explicaría a mis hijos? —Ya he hablado de ellos, uno algo menor que la niña, el otro algo mayor—. No les sería fácil comprender a quién estaba cuidando y por qué, pues nunca la han visto ni la verán. Así que cuando la niña me preguntó si volvería al día siguiente, negué con la cabeza.” (Ella sobre ella misma cuando era niña)
“Y así nos va a nosotros, los zorros. A través de las generaciones, continuaremos saltando de un sueño a otro y de éste al siguiente.”