Las palabras–hechizos de No soy Alicia brillan, se arrastran, bailan, se enredan, muerden o se escabullen. El mismo título es un nombre que se niega —o que se refleja— y es una puerta a un libro que, cuando creemos asir, se nos escapa, que debemos perseguir por varios caminos.
No soy Alicia me recordó más de lo que pensé a la Alicia de Lewis Carroll, y probablemente de ahí provenga su título, en que a pesar de las similitudes, la Alicia de este libro se quiere configurar a sí misma a partir de sus propias vivencias y de las imágenes que van construyendo este texto; porque sí, este libro es muy visual en el sentido de que las palabras van formando colores, figuras, espacios de la nada. Hay base sensorial más que narrativa. En un momento hay gatos, de repente son peces, pero luego no sé qué hay… todo es muy vertiginoso y mi procesamiento se compara con el de una computadora del siglo pasado, porque no alcanzo a entender qué está pasando.
2.5 Un gran sueño, pero como la gran mayoría de sueños, carece de sentido. Aunque en ciertas instancias logra pintar imágenes interesantes, en general se siente como muchas palabras que no llegan a nada.