Cuentos repetitivos, demasiado odio y resentimiento social, y pocos personajes con los que se pudiera empatizar. A excepción del primero, "Qué vergüenza", y del de "Tía Nana" (el mejor, y buenísimo), todo me pareció de lo más prescindible y muy lejos de ser recomendable.
Me da pena escribir críticas tan duras de la literatura compatriota y local, pero también creo que no porque todavía no haya nuevos autores brillantes (en mi opinión), uno tiene que validar y endulzar cualquier cosa. Y además, sé que no me corresponde a mí decirle a nadie qué escribir, pero... qué bien nos vendría una voz dulce, una voz conciliadora, una voz realmente inclusiva en la literatura chilena, que no pase dividiendo a los personajes en categorías socioeconómicas, como si eso fuera todo lo que ellos son. Es injusto, mezquino, aburrido, y además convierte a la gente en caricaturas.
También me pasó que en todos los cuentos sentí que la autora no hacía más que hablar de ella misma. No es que eso fuera algo malo per sé, es que para eso los hubiera juntado a todos en una sola novela o qué se yo.
Y, por último, se informó mal: Laika, la pobre perrita glorificada que mandó Rusia en el satélite, no alcanzó a mirar nostálgicamente a la Tierra desde el espacio, como algunos personajes comentan en uno de sus cuentos: se murió apenas iba saliendo de la atmósfera.
A favor de la autora, quizá no lo sabía, porque los científicos rusos lo admitieron apenas hace algunos años, entonces no es tan parte del imaginario social: Admitieron que ni siquiera habían creado al satélite suponiendo que Laika viviera... o sea que iba a morirse sí o sí, porque aún si podía despegar, no podría aterrizar (no estaba habilitado). Más adelante, lo lindo (aunque también triste), es que uno de los encargados declaró públicamente que "la muerte de Laika no justificaba el avance que hicimos". O sea, que se arrepintieron de haber actuado así, sin haber dejado siquiera una puerta abierta.
Ya, sé que quizá estoy hilando muy fino con lo último, y que la rabia que tengo con eso último no es solo a la autora, sino que a Mecano y todos los demás artistas que, cuando chicos, nos hicieron creer que Laika fue una perrita innovadora y feliz que tuvo la suerte de contemplar a la Tierra como una maravilla azul flotando en el espacio, y no un ser hambriento y vagabundo que fue lanzada al espacio y asfixiada y/o quemada (ya no me acuerdo, fue muy traumático leerlo), solo por haber cometido el error de ser confiada y dócil, una quiltra de esas adorables y fáciles, que se entregan absolutamente nunca sabemos si por amor, desesperación, o ambas.
O sea, que al final ni siquiera tuvo la dignidad de morir en su planeta. Ni siquiera sé si sus restos volvieron.
En fin, volviendo al tema (perdón), le habría puesto una sola estrella al libro, pero el cuento de la tía Nana... Bueno, ese solo merecía las CINCO ESTRELLAS COMPLETAS. Es dulce y trágico y precioso, de una manera en que solo lo trágico puede serlo, y me dejó pensando en él días. Llegué incluso a querer al personaje de la tía, cosa que no me pasa muy a menudo, y menos cuando leo cuentos; no hay ahí tiempo suficiente como para encariñarse con nadie. Me pareció que era de esas personas que hacen al mundo girar, desde el más profundo anonimato. Las salvadoras silenciosas de todos. Y el final... es terrible, y me hizo literalmente llorar, pero también muy honesto, y deja moralejas suficientes como para educar por el resto de todos los demás cuentos.
AMAMOS A TIA NANA <3
Pero eso sería todo lo destacable. ¿Recomendado? No. ¿Interesante? Sí, pero con mesura de tiempo. Porque después se hace repetitivo. Quizá, si se tiene una copia del libro, solo leer los cuentos que ya dije y quizá "Teresa" y otros más que también son piola, o ver cuáles otros le gustaron a la gente en los review.
Un par de citas, solo para graficar que la actitud negativa no es meramente idea mía. Tenía otra más que es inspiradora y bonita (adivinen de qué cuento), pero es TAN LARGA, que mejor que vayan y lo lean completo. Sino de repente me demandan por copyright, jejeje.
1.
Se conseguía las pastillas desde hacía tres años porque se negaba a seguir terapia. No le gustaban los médicos en general. Los encontraba codiciosos e injustificadamente arrogantes. Además, era necesario que el terapeuta poseyera facultades intelectuales y de análisis superiores a las suyas, y estaba segura de que no encontraría uno así, por lo menos no a su alcance económico.
La primera y última vez que visitó a un terapeuta se sintió aburrida toda la sesión. Al final, cuando el médico le explicó el tratamiento que debía seguir, ella levantó una ceja despectiva y estuvo a punto de soltar: "Ya, ¿pero cuál fue el último libro que leyó?". No, ella no recibiría consejos de cualquiera.
2.
En su español casi perfecto, la Francesa le explicó que lo que ella quería era que se relacionaran más, que conversaran, que pasaran más tiempo juntas, tomándose un tecito y escuchando música en el living por ejemplo. Si viajaba, dijo, era justamente para eso, para conocer gente, para tener experiencias.
Denise la miró con la misma expresión abrumada que le lanzaba a su vecina de los gastos comunes: "Tú no tienes experiencias - le dijo -, tú acumulas vivencias, porque solo lo pasas bien, con las experiencias se sufre". La Francesa la miró con la boca abierta.
No es que Josiane la cayera mal, pero no podía respetarla. No podía respetar a ningún europeo, de la misma forma en que no podía respetar los sufrimientos de los cuicos. Por eso se negaba a salir con ella y sus amigos extranjeros cuando la invitaba. Pero sí le gustaba estar en su pieza, entre sus cosas. Una vez incluso había tomado su Nikon, carísima y mucho mejor que la suya y había sacado un par de fotos al pasillo. Atardecía y el sol imprimía en la pared tonos rojizos que se mezclaban con las sombras propias del departamento. Había olvidado borrar la última y tiempo después, la Francesa había subido la foto a facebook, maravillada por lo que ella creía un fenómeno paranormal.
No, no podía respetarla.
3.
Tres: da lo mismo si el cabro es cuico, si te lo agarrái, después lo desechái, le rompís el corazón, y con eso sumái una victoria para la lucha de clases.