Bofetadas a dos manos para no olvidar de dónde venimos.
Me gusta el tratamiento que hace de los niños, pueden llegar a ser más crueles que los propios adultos. Una necesidad de prevalecer sobre el otro, inculcada, pero también innata, que se acentúa en un contexto de escasez. Aunque frente al individualismo, también surgen lazos de fraternidad. La comunidad siempre señala al abusón.
A pesar de la enorme diferencia de contexto, me recordó a mi infancia y también a los niños de Casa Guatemala.
Por otro lado, siento que hay demasiados guantazos, demasiada violencia. No dudo que fuese así y está bien contado, pero hay demasiado de lo mismo. Si fuese un plato, diría que al cocinero se le ha ido la mano con una especia. El problema es que no deja espacio para otras emociones, cuando se exploran, en seguida llegan las tortazos para volver a lo mismo.
Ojalá vivir en un país en el que este cómic fuera de lectura obligatoria en los coles.