La poesía se lee de una manera diferente que la prosa, porque, como dice Mark Strand, el poema promueve un sentido de sí mismo y no un sentido del mundo. Quiere decir esto que al leer el poema paladeamos cada palabra, cada verso, abiertos a las imágenes, a las alteraciones de la sintaxis, a la música, a todo aquello que es en él revelación u oscura sugerencia. Hay, pues, una morosidad intrínseca a la lectura de la poesía, y también un deseo de retroceder, de releer, de memorizar, semejante al que sienten los niños con los cuentos infantiles. Por eso mismo, los libros de poemas suelen ser cortos, porque, de ser buena la poesía que encierran, no se agotan. Podemos leerlos en desorden, abrirlos al azar, y la sorpresa será siempre un motivo más de regocijo. Digo esto pensando en el número de poemas de esta antología, breve por elección. Cuarenta. Una cifra que me ha obligado a seleccionarlos, no sin dificultad, de acuerdo a una intención, o tal vez a varias.
Poeta, novelista, dramaturga y traductora colombiana nacida en Amalfi, Antioquia, en 1951. Es licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de los Andes, donde ocupa la cátedra de Literatura desde 1981. Tiene una maestría en Teoría del Arte, la Arquitectura y el Diseño por la Universidad Nacional de Colombia.
Cuando leo un poema, no encuentro el mundo. Cuando leo un poema, encuentro pedazos de mi. Aveces palpitando, sollozando y, otras cubiertos de la tierra que el tiempo arrastra. Cuando leo un poema, sonrío, sufro, lloro. Leer un poema es reconstruir el cuerpo, porque, como dice Piedad Bonnett, "hay, pues, una morosidad intrínseca a la lectura de la poesía, y también un deseo de retroceder, de releer, de memorizar, semejante al que sienten los niños con los cuentos infantiles. Por eso mismo, los libros de poemas suelen ser cortos, porque, de ser buena la poesía que encierran, no se agotan. Podemos leerlos en desorden, abrirlos al azar, y la sorpresa será siempre un motivo más de regocijo." Quiere decir esto que soy prisionero de la poesía. Aunque quizá nunca sea libre, en ese reconstruir está mi libertad.
La escritura de Piedad Bonnett es demasiado impactante, la leí por primera vez este año con "lo que no tiene nombre", libro que aborda el suicidio de su hijo Daniel y los estigmas hacia la enfermedad mental. Desde esa lectura quedé con ganas de adentrarme en su obra poética y estos 40 poemas sin duda fue una buena elección, si su prosa es excelente, su poesía no se queda atrás y como suele suceder con los poemas, sin duda hay varios que deseo releer.
Bonnett tiene la facilidad de expresar de una forma sublime, esos sentimientos que la mayoría del tiempo consideramos indescriptibles. Muy recomendado para aquellos a quienes les gusta la poesía, para los tristes que quieren encontrarse identificados en una frase a la que lo dolorosa no le quita lo bella.