Seis cuentos ácidos, macarras y tremendamente peculiares, en los que Sergi Puertas desconfía de la naturaleza de los avances tecnológicos, saca las vergüenzas a la situación política, critica la inmoralidad de una industria del entretenimiento dispuesta a todo y, sobre todo, bucea en nuestros miedos y obsesiones como seres solitarios, perdidos en nuestro propio tiempo, hijos de una época que nos bombardea sin tregua con todo tipo de estímulos visuales, sonoros e ideológicos y anula nuestra capacidad de razonar desde el humanismo. Aunque quién sabe: quizás eso del humanismo también sea una patraña.
De cualquier forma, Puertas demuestra un enorme talento para diseccionar la realidad, decantar sus jugos más incómodos, estirar las tramas hasta el dolor y urdir puntos de giro chocantes. No obstante, Estabulario no es un libro apto para estómagos sensibles; tampoco para los amantes de los esquemas narrativos clásicos o de un estilo de escritura de corte «americano». De hecho, el estilo de Puertas es tan sucio, cargado, agresivo y (¿pretendidamente?) rebelde que, en ocasiones, puede resultar un poco excesivo (tanto en vocabulario como en descripciones e inflexiones) y acabar agotando al lector en su continua búsqueda de la subversión estética y moral.
Con todo, una vez consigues adaptarte a las particularidades narrativas de Puertas, te encuentras con relatos tan originales que tardarán mucho tiempo en borrarse de tu mente. Mis preferidos son, por este orden, los siguientes: (i) Pegar como texto sin formato, de calidad tanto en el fondo como en la forma, recuerda, de manera inevitable, a una versión (todavía) más oscura de la película El reino, de Rodrigo Sorogoyen, con un final que dejará a más de uno descolocado, (ii) Nuestra canción, cuento extraño en el que las preguntas surgen pronto, las respuestas tardan algo más y el horror va apareciendo de forma paulatina, y (iii) Obesidad Mórbida Modular, porque, pese a ser el más claro exponente de ese estilo kitsch del autor, también es la idea más netamente «blackmirroriana» del conjunto, y su resolución consiguió atraparme poco a poco.