La sociología ha sido tradicionalmente discriminada de alguno círculos científicos por su polémica concepción de integrar a los seres humanos en bases de comportamiento general, es decir, estudiar a los grupos humanos como conjuntos coherentes y similares, donde la individualidad y excentricidad de cada uno queda relegado a un segundo plano y de aceptar esta visión de comportamiento de manada.
No obstante, como ocurre en muchos casos con la filosofía también, esta clase de libros ha permitido contestar algunas grandes preguntas clásicas de la Humanidad que ha falta de respuesta clara derivada del método científico nos permite entender mejor por qué somos como somos. En este caso, este clásico ensayo intenta responder a una ambiciosa pregunta: ¿Por qué la realidad en la que vivimos es así y no de otra manera?
Berger y Luckmann llegan a la conclusión que todas las sociedades son productos artificiales creados en algún punto del pasado y cuyas modificaciones se han debido a la suma conjunta de las voluntades de grupos de poder, que han tenido tradicionalmente acceso a los grandes medios de comunicación y control social. El problema de este concepto es que los propios elementos de construcción de nuevas realidades son casi siempre inconscientes de la artificialidad de estos mismos procesos, esto es así debido a la llamada institucionalización, es decir, la concepción nata en la que somos criados y a través de la cual se legitiman toda clase de concepciones ideológicas, religiosas y culturales ya existentes. Estas concepciones las asumimos como verdaderas y ciertas de manera total y abarcan todo un espectro de pensamientos a cada cual más dispar: Desde la creencia ferviente en la democracia, el fascismo, etc., pasando por el pensamiento religioso tanto cristiano, budista o musulmán, hasta pensamientos de calado social como la xenofobia, la homofobia, el feminismo... Todos estos pensamientos nos pueden ser dados como ciertos por la educación recibida y las legitimamos en nuestra mente por falta de alternativa, lo que llamamos sentido común. Casi nadie pone en duda que la democracia sea el mejor sistema político pero pocos saben decir por qué, el patriotismo es defendido con orgullo por un sector amplio de la sociedad pero pocos saben entender cual es el trasfondo ideológico general que tiene este pensamiento. Del mismo modo aspectos como la violencia, la pedofilia o incluso las mentiras son rechazadas de facto en nuestra sociedad por ser consideradas tradicionalmente antinaturales, pero lo cierto es que dichos pensamientos son incluso construcciones mentales artificiales, que a través de un consenso común e influidas por esta institucionalización las damos por válidas, cuando desde un punto de vista biológico no necesariamente tiene que ser así.
Esta institucionalización se formaliza y logra su impacto a través del lenguaje y la dialéctica que se convierte en la verdadera herramienta de transformación del mundo, quien tiene la palabra tiene el poder.
A pesar de lo que alguno pueda pensar, vivir en una sociedad organizada y con reglas es imprescindible para el bienestar humano, saber que existe un protocolo de acción que le permita desligarse de pensar en exceso reduce el estrés y facilita la expresión del yo individual, objetivo último de la existencia humana. Un gobierno que haga sentir útiles y que de la sensación a sus ciudadanos de saber cual es su lugar en el mundo es un país correctamente institucionalizado. La institucionalización debe ser una herramienta que, bien utilizada, permita mejorar el estado emocional de todos los miembros de la sociedad y el primer paso es hacer conscientes a los mismos de la relatividad de las cosas y de la necesidad natural de obedecer principios sociales y normativos.
La institucionalización logra su máximo poder de reafirmación a través de la socialización diaria con otros sujetos, esta socialización se divide en dos tipos: Primaria, es decir, aquella en la cual el mundo que nos rodea cuando somos pequeños se nos vende como el único mundo existente, de tal manera que todos los elementos que aprendemos y adquirimos en la infancia quedan ligados a nuestra cosmovisión con una enorme fuerza psicológica y prácticamente irreversible.
Y la Secundaria que es la que se da cuando vamos creciendo y vamos incorporando nuevos conocimientos que pueden ir en consonancia o chocar con lo asimilado en la socialización Primaria. Durante este periodo la influencia de la socialización primaria sigue siendo enorme y basta muy pocos elementos que confirmen dicha postura para reafirmar al sujeto en su corpus de pensamiento inicial. Por ejemplo, si desde pequeños hemos crecido en un ambiente cristiano y creemos en Dios, es probable que cuando seamos adultos y adquiramos un mínimo de cultura lleguemos a la conclusión de que Dios o bien no existe, o si existe no es como nosotros queremos que sea, dado el caso es imposible obtener una respuesta en consonancia con nuestra creencia infantil. Esto provoca que durante nuestra vida adulta vivamos sin problema con la creencia de que Dios no existe, no obstante si en el curso de nuestra vida adulta nos ocurre algún suceso que pueda ser ambiguo con respecto a su naturaleza extraordinaria y casual o "divina", por la influencia de la socialización primaria tendremos a pensar que a lo mejor Dios sí existe y hemos estado confundidos todo este tiempo, poniendo en seria tela de juicio lo aprendido posteriormente sobre la imposibilidad de la existencia de un Dios.
Si por el contrario nosotros hemos aprendido desde pequeños que Dios no existe y no hay posibilidad alguna de que exista y este pensamiento nos lo han machacado desde pequeños día sí día también, cuando nos ocurra algún suceso ambiguo jamás se nos pasará por la cabeza que haya la más mínima posibilidad de un origen divino en dicho suceso, precisamente porque desde pequeños nos han hecho creer que eso es imposible.
Del mismo modo, cuando el sujeto es consciente de los procesos de socialización, comprende que nuestras sociedades tienden a clasificarnos en roles, dichos roles son muy variados y casi todos los conocemos. Algunos sujetos se aprovechan de esta consciencia y de manera manipuladora hacen uso de estos roles para obtener beneficios sociales, económicos, políticos, etc.
En cualquier caso, es imposible socializar por completo a un ser humano, dado que las sociedades, al ser productos que tienen un supuesto origen racional, inhiben, reprimen, parte de la naturaleza humana, dicha represión solo puede ser canalizada a través de un pragmatismo absoluto canalizado en el desgaste progresivo de las energías en las tareas cotidianas o hacia una normalización de los tipos de actividad visceralmente humanos, como la legalización del BDSM, las peleas de boxeo, etc. Mientras que los gobiernos encuentren la manera de controlar y gestionar dichos impulsos, podrán lograr poner a la ciudadanía de su lado y poder lograr el objetivo último de toda institucionalización: Aquella en la cual se trabaja para asegurar una identidad nacional X, una ilusión más o menos compleja que asegura la productividad de la sociedad para lograr el tan ansiado y abstracto Progreso.
Un libro estupendo e imprescindible.