Con el peculiar estilo que lo caracteriza, el humor corrosivo del que ha hecho su sello personal, y ensayando nuevos registros, Carlos Velázquez engendra su cuarto libro de relatos. Una mirada despiadada que se ve enriquecida por la madurez narrativa, producto de las más retorcidas obsesiones.
Barbie Moreno es una chica del clima que «Se había prometido a sí misma que jamás volvería a bailar en un chiquichor a cuarenta grados afuera de un depósito de cerveza para una bola de macuarros». Tras ser removida de su cargo, emprenderá una pesquisa para desenmascarar al zar de los deportes en Multimiedos, Gómez Yonque, cuyo oscuro clan trafica con un material clandestino transportado en hieleras de unicel.
Los afanes de la Barbie nos transportan —al igual que el resto de los relatos de este volumen— a una espiral de acontecimientos que reflejan el abismo que se erige de manera insalvable entre la realidad y el anhelo. La desesperación, ese alimento del despecho, es uno de los hilos conductores de La efeba salvaje.
En los seis relatos que conforman el libro la traición se revela como uno de los males que rigen nuestro tiempo. Un hombre adicto a la cocaína y las apuestas encuentra consuelo en una heredera rubia y decadente; Stormtrooper, mote con el que Carmela ha bautizado a su primer hijo varón, se transforma en la versión encarnizada de las peores pesadillas de Rober; Alberto ha atraído al núcleo de su vida a una sombra de tres metros que se le aparece por las noches ante la mirada desesperada de su prometida Aída; el gordo Tony (mejor conocido como Porcel) encuentra en la desventura amorosa el único antídoto efectivo contra el galopante conteo de sus triglicéridos; para sacar de la depresión que le ha ocasionado a su hija, Ed recurre a los oscuros ardides del indio Mr. Mojo Risin, resucitador de caballos.
La efeba salvaje apuntala la trayectoria de Carlos Velázquez como uno de los prosistas más agudos, talentosos y originales de la actualidad. El ritmo y el lenguaje de sus relatos han logrado en corto tiempo la difícil tarea de labrar una voz que sólo puede referenciarse por sí misma.
Carlos Velázquez (Coahuila, 1978) es autor de los libros de cuentos Cuco Sánchez blues (2004) y La Biblia Vaquera (nombrado entre los libros del año en 2009 por el periódico Reforma). Según Sergio González Rodríguez «es el libro que el norte inventó para explicarse a sí mismo» y está llamado «a cambiar la recepción y la percepción de la literatura mexicana y sus aires de altísima cultura hecha de mausoleos» (suplemento El Ángel), y que en palabras de Rafael Lemus, «es el producto más divertido e iconoclasta de la narrativa norteña» (Letras Libres). Velázquez recibió el Premio Nacional de Cuento Magdalena Mondragón y ha sido antologado en el Anuario de poesía mexicana 2007 del Fondo de Cultura Económica.
Carlos Velázquez, un autor al que amas u odias, vuelve con un nuevo libro de cuentos. En el permanece fiel a su estilo, sin embargo, hay otros en los que prueba otras cosas que son sumamente interesantes. Calificar estos relatos largos en conjunto resulta algo incómodo, debido al hecho de que varían. Pero ahí va:
•Muchacha nazi: Este cuento es en donde se lee la voz de Carlos Velázquez columnista. La verdad no encontré mucho que destacar y la historia posee ciertos puntos débiles que hacen que tenga un final muy obvio, además de que hace muchas referencias que lo hacen en exceso brutal –no de la buena manera. No obstante, si buscas más del Carlos que publica en La Razón aquí lo podrás encontrar. •Stormtrooper: Otro cuento en donde se nota esa voz que lo caracteriza. Perfectamente pudo haber entrado en “La marrana…” pero que va…
•La efeba salvaje: Barbie, una chica que trabaja en una televisora, se acuesta con un tipo por el mero interés. Ay, muchachita, cuántas de estas no hay. El problema viene cuando a su sugar daddy lo corren y se queda sin alguien que la proteja. Es aquí cuando Bárbara empezará a temer por tener que acostarse con alguien más.
•Mundo death: El mejor cuento, en mi opinión, que hay en esta colección. La voz de la protagonista. La forma en la que cuenta como su pareja se siente atormentada en las noches y vea a una sombra hace que valga totalmente la pena.
•This is not a love song: La historia de un gordo que sube de peso cada que se encuentra enamorado y solo se preocupa cuando se encuentra soltero. Una situación simple, sin embargo, la manera en la que se lleva es grandilocuente. También posee ciertos puntos débiles que a la hora de dar la vuelta de tuerca hacen que el lector se sienta estafado.
•El curador de caballos: Otro magistral cuento que tiene ciertos toques de terror. Lo curioso de aquí es la forma en que al final se ha deformado la narración de Carlos, teniendo elementos de la mejor literatura fantástica. Las rancherías descritas quedan a la perfección en los panoramas que lo han caracterizado en sus tres anteriores libros.
Como comentario final solo agregaré que si bien disfrute estos relatos, en donde la venganza es el eje, sigo esperando esa novela que Velázquez prometió desde 2014 y que haría que la gente se olvidara de Los detectives salvajes, pero uno es dueño de sus palabras y creo que hasta él tiene cierto temor para sacarla: no es fácil cumplir las espectativas de todos y menos con el fanatismo que envuelve a los lectores de Bolaño.
“Me está matando peor que mi ex esposa”, me comentó en 2015. Y aquí seguiremos…
Segunda vez que lo leo, me divirtió mucho, en especial Stormtrooper, La efeba salvaje y This is not a love song. Me gusta su sentido del humor muy negro y retorcido.
Caminamos por Insurpipol hacia la colonia Roma y en la esquina de Álvaro Obregón me lo confirmó. Maldita clase alta, nada les incumbe. Se pueden dar el lujo hasta de ser pésimos en la cama. Pero no uno que nació en la calle. El pobre lo único que tiene es su verga para abrirse paso en el mundo.
Primer libro que leo del autor y es buenísimo todos sus cuentos con mucho humor negro llenos de risas el mejor es stromtopper , la efeba salvaje y Barbie Moreno, se me hizo muy triste el cuento del caballo y el apache que resucitaba caballos. Se los recomiendo mucho y ya léanlo.
La más reciente publicación del autor coahuilense Carlos Velázquez, “La efeba salvaje”, está compuesto por seis heterogéneos relatos (“Es el libro de cuentos más ecléctico que tengo”, dijo en una entrevista), díganme si me equivoco: no bien dejamos a un aspirante a cocainómano –quien, tras la decepción amorosa provocada por su ex, una “nenita punk”, se liga en un antro a una rubia, nazi y ricachona, con quien vive una aventura que le hará perder un millón de pesos–, nos lanzamos a visitar a un incrédulo y chelero “Otelo” que, a causa de sus celos extremos, provoca una tragedia familiar (con malteada a lo Herbalife incluida). De ahí, conocemos a Barbie Moreno, una presentadora del clima –cuya mayor virtud es la curvatura de su silueta– quien sospecha que su jefe está en una secta y gusta de asesinar gente; una mujer cuyo futuro marido es acosado por una sombra y por las muertes cercanas de su familia, y un rollizo personaje cuyo pegue sólo es comparable con la capa de grasa que lo circunnavega. Para concluir, un cuento de espectros ambientado en un confín bucólico, donde un indio es capaz de traer de entre los muertos a los equinos. Sin la fuerza y la agudeza de “La marrana negra de la literatura rosa”, no podemos negar que estos relatos se dejan leer sin restricciones: son tan fluidos como campechanos y amenos; al final, sin importar que se adentren en la psique de personajes desesperados, obsesionados o despechados, una sonrisa irónica brotará del rostro de los lectores.
¿Cómo empiezo? compre 3 libros de este autor de golpe, comencé con el despachador de pollo frito que es su libro más actual, después termine este, que son relatos de 2017 y me falta un último libro llamado "La Marrana Negra de la Literatura Rosa". Los relatos suelen tener personajes principales que van desde lo más común y corriente, como un repartidor de cerveza, pasando por un punk adicto a las apuestas, hasta un indio piel roja que puede revivir caballos. En alrededor de 20 páginas Velázquez logra profundizarte en sus relatos, porque algunos de sus personajes son personas que conoces, otros que te gustaría conocer y otros que jamás en tu vida te gustaría conocer.
La neta a mi me pareció un libro muy, muy chingón. Con un leguaje audaz, un ácido sentido del humor y unos finales perfectamente orquestados, Carlos Velázquez no lleva de paseo por la neurosis de este México clasemediero tan lleno de patéticos complejos (con excepción del último cuento que es más como una muy bien lograda exploración al western sin bandidos).
17/45. Velázquez sigue teniendo una pluma muy ágil y divertida. Pero ya se le agotaron los temas y parece como si siempre estuviera contando el mismo chiste.
Un escritor para que sobreviva tiene que superarse así mismo en cada nuevo proyecto qué inicie y publique.
Tal es el caso de Carlos Velázquez, obviamente, no deja de hacernos constar su magnífico humor negro muy al estilo norteño, ésto es lleno de franqueza sin tapujos.
Sus personajes principales, conflictuados con si mismos, al grado de provocar risas de lo absurdo, que conciben sus vidas y en la mayoría de los cuentos la exagerada estulticia que los caracteriza el estilo Velázquez.
El mejor cuento es aquel que te engancha y te lleva de la mano hasta las últimas consecuencias. Cada final es sorprendente aunque más inesperado de lo usual. Como aquellos seres que siguen andando aún cuando la vida los dejó hacer raro sin que lo hayan notado. Seguiré pronto con otro libro de Carlos. Lo amerita.
Es probablemente el primer libro de Velázquez al que no le otorgo cinco estrellas. Quedó lejos de su sello irreverente al que nos tiene acostumbrados aunque un par de cuentos se salvan. Merece la pena “Efeba Salvaje” que lo mantiene como un escritor de élite que pasará a la historia de la literatura mexicana contemporánea.
Al autor le gustan las frases cortas. Decepciona el cuento de la Efeba Salvaje. Esperaba algo más interesante. Más allá del abuso de la palabra efebo (mancebo de belleza afeminada), la historia es insulsa. Bueno El resucitador de caballos.
Me gusta su estilo bronco, explícito, directo, sin cortapisas, vulgar, y la vinculación de temas coloquiales con temas quizás improbables o irreales. Los personajes son una gran invención. Quizás a todos se nos antoje ser uno de esos personajes, aunque sea por un momento. A mi gusto, Carlos Velázquez es un digno heredero de la literatura desenfadada de José Agustín.