La más reciente publicación del autor coahuilense Carlos Velázquez, “La efeba salvaje”, está compuesto por seis heterogéneos relatos (“Es el libro de cuentos más ecléctico que tengo”, dijo en una entrevista), díganme si me equivoco: no bien dejamos a un aspirante a cocainómano –quien, tras la decepción amorosa provocada por su ex, una “nenita punk”, se liga en un antro a una rubia, nazi y ricachona, con quien vive una aventura que le hará perder un millón de pesos–, nos lanzamos a visitar a un incrédulo y chelero “Otelo” que, a causa de sus celos extremos, provoca una tragedia familiar (con malteada a lo Herbalife incluida). De ahí, conocemos a Barbie Moreno, una presentadora del clima –cuya mayor virtud es la curvatura de su silueta– quien sospecha que su jefe está en una secta y gusta de asesinar gente; una mujer cuyo futuro marido es acosado por una sombra y por las muertes cercanas de su familia, y un rollizo personaje cuyo pegue sólo es comparable con la capa de grasa que lo circunnavega. Para concluir, un cuento de espectros ambientado en un confín bucólico, donde un indio es capaz de traer de entre los muertos a los equinos.
Sin la fuerza y la agudeza de “La marrana negra de la literatura rosa”, no podemos negar que estos relatos se dejan leer sin restricciones: son tan fluidos como campechanos y amenos; al final, sin importar que se adentren en la psique de personajes desesperados, obsesionados o despechados, una sonrisa irónica brotará del rostro de los lectores.