Abuelantamiento, dícese de la acción y efecto de abuelantar, de ganar la posición a dos damas añejas que obstruyen la vía pública y nos impiden avanzar a buen ritmo por la acera. Plastafari, adjetivo; persona que se vuelve cargante, repetitiva y fastidiosa bajo los efectos del cannabis. Fumador agotador e infatigable que tanto consume como te consume. Con su nuevo libro, Luis Piedrahita se ha propuesto llenar ese hueco que deja la Academia y poner nombre a todas esas actitudes cotidianas que forman parte de nuestro día a día y que, por alguna extraña razón, seguían aún sin una palabra que las definiera. ¿Cómo nombrar a esa gente que es guapa de lejos y fea de cerca? ¿Qué nombre darle a los utensilios inútiles? ¿Qué palabra ponerle a ese mendigar wifi tan típico hoy en bares y aeropuertos? Masquimonio, cataculpa, atraparcar… Más de doscientas nuevas palabras que buscan hacerse un hueco en el diccionario a codazos, pero que, de no conseguirlo, servirán al menos para hacernos reír y pasar un buen rato.
Como siempre Piedrahita ofrece al lector la sonrisa para el día a día, esta vez compuesta de palabras que designan situaciones u objetos y que para chasco del hispanohablante todavía no están recogidos en el diccionario. Un grande del humor.
Divertido a más no poder, Piedrahita nunca falla. Todos sus libros son graciosisimos y te alegran el día. De este me quedo con una frase mítica: Gente que sale de fiesta con el único objetivo de autodestruirse a sí misma. Sublime.