La hasta entonces desconocida madre de Max aparece en la vida de su hijo, trayendo consigo no precisamente buenas noticias: los malignos planes de una asociación de brujos obligará a Max y a sus peculiares amigos a viajar directamente al corazón de la Recta Provincia si quieren rescatarla con vida.
Periodista, escritor, editor y guionista chileno que, como novelista, se convirtió en superventas con Logia (2014).Es profesor en las universidades Católica y Alberto Hurtado, donde imparte clases de literatura y edición.
La historia me gustó, es una manera entretenida de conocer Chiloé o por lo menos a titulo personal encontré maravilloso recorrer Quicaví, Dalcahue y Castro con el libro bajo el brazo. Mi parte favorita es la escena en la Catedral de Santiago y la tenebrosa descripción del Tue tue en el capitulo 4 con una ilustración que sin lugar a dudas es mi favorita, espero el final de la trilogía deseando que se haga honor a la memoria del abuelo de Max y con más datos ñoños que hacen que la lectura no sea un simple acto ocioso.
Estaba emocionada por leer este segundo volumen cuando de casualidad me lo topé en la Feria del Libro de Plaza de Armas. Sobre todo porque el primer libro quedó en un gran cliffhanger con respecto a la madre de Max y aquella escena de despedida con su abuelo dejó una gran impresión positiva en su momento. Y bueno, lo leí y debo admitir que no cumplió parte de mis expectativas.
Tengo claro que este libro no apunta a mi estrato etario, sobre todo cuando lees en la contraportada que está sugerido para lectores "desde los 10 años". Así que puedo entender la forma en que está escrito, con todas sus referencias a la cultura pop y simplificación de ciertas interacciones entre personajes, pero más allá de eso, por alguna razón siento que esta segunda parte no tiene la misma calidad que la primera.
En primer lugar, y aquí no sé realmente de quién podrá ser la culpa, pero a medida que avanzaba en la lectura me topé con varios errores ortográficos y de impresión que me sacaban totalmente de la inmersión en la historia, y dificultaban el flujo de lectura. Es lamentable, si hay nuevas impresiones del libro ojalá que corrijan los errores, que solo perjudican la experiencia del lector.
Por otro lado, aunque en el primer libro realmente no me molestaba la forma en que Max solía romper la 4ta pared, como suele decirse, y dirigirse directamente al lector y otras instancias de autoreferencia; en este segundo libro aquella técnica llega a niveles exagerados, hasta el punto en que el mismo autor promueve sus otros trabajos, lo que finalmente hace perder el encanto al libro y su mundo. Es una apreciación totalmente personal, pero simplemente se hacía molesto cuando uno intenta sumergirse en el relato de esta aventura. Es lo que finalmente me hace sentir que esta parte de la trilogía perdió un poco de su encanto en comparación con el primer libro, del cual siempre guardaré como la sorpresa tremendamente agradable que fue leerlo.
Aún así, los nuevos personajes que se dan a conocer en este libro son interesantes, y debo admitir que la escena del reencuentro de Max con su madre me emocionó hasta cierto punto. Aunque nunca en los mismos niveles que la de Max y su abuelo en el primer libro.
Aunque no terminé con las mismas ansias de leer la finalización de la trilogía (sobre todo porque tener a los Reptilianos como antagonistas realmente no me llama la atención), lo haré porque no me gusta dejar a medias las historias, y porque a pesar de todo, el concepto base de esta saga me sigue pareciendo atrayente y con potencial.