El opúsculo . . ., poetas, voladores de luces (1982), editado unicamente en Italia con un tiraje restringido de 151 ejemplares, se publica por primera vez en Chile en el presente volumen. Se trata, quizás, del único poema visual de Enrique Lihn, una faceta inusitada dentro de su producción. Está acompañado aquí de una amplia recopulación de poemas dispersos, encontrados en periódicos, revistas, antologías y ediciones artesanales, que no forman parte de los libros individuales del autor. Se dividen en dos secciones: A Catulo y otros (1952-1988) incluye diálogos o interpelaciones de Lihn a autores como Vicente Huidobro, César Vallejo, Luis Oyarzún, Rubén Darío y Mauricio Wacquez, además de diversos 'poemas de paso' escritos en viajes por España, Estados Unidos, India y ciudades como Antofagasta y Punta Arenas. Finalmente, Seis Poemas sobre mitología chilota (1972), publicados una sola vez en el diario El Siglo, también trabajan un aspecto particular y poco explorado dentro de su poesía, que es la relación con el mundo popular chileno. Así, esta antología funciona como un conjunto de hallazgos y rarezas que ayudan a complementar una obra poética imprescindible y con aristas aún no descubiertas.
Enrique Lihn Carrasco was a Chilean poet, playwright, and novelist. The son of Enrique Lihn Doll and María Carrasco Délano, he married Ivette Mingram and they had one daughter: Andrea María Lihn Mingram, an actress.
Born in 1929 at Santiago, Chile, Lihn aspired to be a painter but after a failed attempt during university, he abandoned that dream to pursue writing. Lihn proceeded to develop into a poet, playwright, and novelist. He taught literature at the University of Chile. Lihn views both the past and the future as forms of death, and his emphasis on this point is evident throughout his literary works. His work revolved around his contempt for the contemporary dictatorship, as Chile was governed by a military junta. Works layered with social, political, and religious commentary are common throughout Lihn's canon. His final book, Diario de Muerte was written in the six weeks preceding his death from cancer in Santiago, and the evening before he died, he corrected the proofs.
Enrique Lihn (1929-1988) es uno de los poetas chilenos fundamentales de la segunda mitad del siglo XX. El año pasado hallé este libro de la editorial Overol en una feria de editores independientes. Me alegra que se siga publicando a este gran poeta. Y este año, cuando se cumplen 30 años de su fallecimiento, se reeditaron sus dos primeros poemarios, excelente noticia en un país que pareciera acordarse de sus poetas solamente en los discursos, salvo honrosas excepciones. "Poetas, voladores de luces" recoge poco más de cuarenta poemas de Lihn, publicados en diversos periódicos y revistas básicamente, desde los años 50 hasta poco antes de su muerte. Sin dudas, un libro interesante para los admiradores de Linh y para quien sienta curiosidad por la obra de este gran poeta. Leer a Lihn es leer a un espíritu inquieto, crítico, escéptico y paradójicamente sensible. Sus poemas tienen mucho de narrativo y de ensayístico. Lihn oscila entre un querer y no querer abandonarse al verbo propiamente poético, al que cuestiona, parodia, ensucia, provoca y renueva. Lihn es, sin duda, un hacedor de lenguaje y un poeta dialogante con su entorno y su época. La muerte, el tiempo, el deseo, el mundo del arte, de la poesía, la contingencia, el lenguaje, son temáticas recurrentes en su producción poética. La poesía de Lihn agudiza los sentidos y tonifica en pensamiento. Sin dudas, un poeta original y valioso que no deja de ser interesante.
—«Para Ariadna» mecanografiado o manuscrito, en Derechos de autor (1981).
Me llevas al centro de mi laberinto, a mi monstruo no para que lo mate, sino para que lo vea.
— «Botánica» (cuyo protagonista es seguramente Luis Oyarzún) se publicó en la revista Estudios, en el número 247, correspondiente a marzo de 1956. #díadellibro
También el misterio que da luz a la vida se levanta en un soplo de este libro escrito, hace quién sabe cuánto tiempo, con el menudo amor y la lúcida fiebre de un botánico anónimo para que Luis, amigo de la tierra, diera nombre a las flores esparcidas por el dulce verano, los fines de semana, en las colinas. Pues, ¿qué es lo que revelan estos signos brillantes como el corazón de un insectario si no otros, los vivos signos de la flora sobre los que se posan sin rozarlos signos que se eslabonan entre sí, el latín y la savia en su fina eclosión, en eterna cadena? Nada, acaso, así como los dedos de los niños que señalan lo oscuro tampoco lo revelan y, sin embargo, el hombre que rechaza el silencio, la pavorosa voz de lo ignorado no teme a las palabras que lo doblan y halla la paz en la aventura de nombrar a las cosas, así como su dios celoso lo quisiera.
Es un libro de poemas de Enrique Lihn no fáciles de rastrear. La compilación a cargo de la editorial Overol presenta un libro que materializa cómo se deberían rastrear publicaciones y originales en diferentes formatos (revistas, manuscritos, exposiciones y otros) sin interrumpir la lectura y dar la ilusión que libro fue pensado así por el autor. Lindo, bien editado, de perfecto formato y diseño.
Y un verso para que se entusiasmen: "Soy parte de una memoria que empieza a transfigurarme y de la que me borraré como un montón de palabras Estas, las pobres."
Más blanca que el blanco estúpido del ojo, que la blanca crueldad de la nieve en la noche, que la blancura ansiosa de la novia que entra al blanco irónico y lascivo del lecho, que la muerte de un niño ligera, repentina, fugitiva, como la aparición de un conejillo blanco; más blanca que el amor a los cinco años, que la angustia a los cien, que el hueso a los doscientos, en fin que la blancura: astro lleno de flores, eres tú, fuego abstracto de dos llamas posado sobre el rostro del agua que parece pensarte en su extasiada y fría contemplación del cielo.
El principio me pareció precioso, pero luego me perdí y leía por inercia. Con los poemas dedicados a lugares de España y Chiloé me recuperó un poco. Pero no sé. Se nota que es un gran escritor, quizás la recopilación está rara, confusa ¿Captura la esencia de Enrique Lihn? Yo creo que no.
Con excepción del grupo de poemas dedicado a mitos chilotes, que más bien son explicativos, este libro -un hallazgo- es una joya. Lihn siempre es Lihn.