En español, Yarda es una medida de longitud que equivale a 0,9 metros. En inglés, yard se refiere al patio de la casa. Los presos hispanos de las cárceles gringas adoptaron la palabra yard, la adaptaron al español y se robaron su significado: la yarda es el único lugar de la prisión donde los reos pueden ver el azul del cielo y oler el pasto recién cortado y por unos minutos – que a veces son horas-, sentirse un poco más libres. Niebla en la yarda recoge tres historias de presos colombianos en Estados Unidos: El Lince, Javier y Asdrúbal. Tres hombres muy diferentes, con condenas más o menos severas y niveles de culpabilidad variables, pero con el común deseo de libertad.
Crónicas desde la cárcel que muestran no solo delitos, sino vidas suspendidas entre la culpa, la memoria y la espera. Niebla en la yarda abre una ventana incómoda —y necesaria— hacia quienes viven privados de la libertad.
Casi nunca leo los prólogos… pero esta vez lo hice, y fue un acierto absoluto. El prólogo deja esa sensación irresistible de querer empezar inmediatamente.
Me impresionó la manera en que Estefanía Carvajal documenta los casos y los narra con una imparcialidad muy poderosa. No hay morbo ni juicio evidente, solo historias contadas con rigor y humanidad. Y ahí ocurrió algo que me incomodó: por momentos llegué a sentir pesar por algunos de estos hombres privados de la libertad. Una sensación difícil, porque tampoco podemos olvidar el daño profundo que el narcotráfico y las drogas han causado en nuestro país.
El libro termina abriendo preguntas más que respuestas. Me hizo pensar en cómo cambia la percepción del tiempo, de la vida y de uno mismo cuando la libertad desaparece. Cómo el encierro transforma incluso la forma de recordar quién se era antes.
Hay una calidad periodística muy sólida, pero también una sensibilidad narrativa que logra que las crónicas respiren más allá del dato. Ya es la segunda vez que leemos a Estefanía en el club de lectura y confirmo algo: su manera de contar siempre logra quedarse conmigo después de cerrar el libro.
Es una lectura que incomoda, humaniza y obliga a mirar realidades que preferimos mantener lejos.
Este libro empieza con un prologo que promete que vamos a leer a una de una de las mejores periodistas del país. El libro lo que hace es confirmarlo. Estefanía quería contar la historia de tres personas (cuatro en un principio) privadas de la libertad y al final también logra exponer una diversidad de temas que nos acercan a las cárceles colombianas y gringas, a las nociones de libertad, de humanidad, de poder, de placer, de tiempo, de moralidad etc. Pero sobre todo, este libro es un derroche de una narrativa maravillosa que envuelve al lector y que puede darse el lujo de contar cualquier historia por cruda que sea.
No leo muchas crónicas pero este sin duda resultó ser un libro muy interesante. Quizás peca por ser un poco superficial, pero esto no le quita lo entretenido y acertado en ciertas aproximaciones.
Destaco que logra rescatar el nombre de cada uno de sus protagonistas más allá de la bondad o la maldad que los rodea, les devuelve un poco de su ser y genera algo de ruido frente a algo que puede quedarse en un número estadístico, contando el día a día de miles de paisanos que por errores, por ingenuidad, por necesidad o “porque ajá” terminaron en una cárcel de los Estados Unidos.
Cuestiona ampliamente el sistema y sin duda, recuerda lo preciada que es la libertad.
Un libro incómodo, humano y necesario de leer para entender !! Un gran trabajo periodístico.
A través de una narrativa cargada de tensión emocional, el libro muestra cómo el encierro no solo limita la libertad física, sino que fragmenta la identidad.
Lo más potente, en mi opinión, es el tema del desarraigo: estar preso en un país ajeno convierte la condena en algo aún más profundo, casi existencial.
No es una lectura para entretener, sino para reflexionar.
Un encuentro cálido en medio de la frialdad judicial. Aplaudo a la autora y resalto las dotes mencionadas en el prólogo a su trabajo como auténtica periodista. Espero leer más de ella en el futuro.
«Y es que en la cárcel el tiempo no vale oro como en la calle. Tras las rejas el tiempo está devaluado: en lugar de aprovecharlo hay que matarlo, asesinarlo sin piedad y sin miedo a perderlo. Sin libertad para qué tiempo: todo instante privado de libertad es tiempo perdido». ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ Al libro llegué por recomendación de mi librero. Lo bueno de tener uno de cabecera, es que conoce los gustos de sus lectores pero eso no impide que lo saque de su zona de confort. Este fue uno de esos casos, porque aunque llegue a la librería buscando no ficción, no esperaba salir de allí con un libro de crónicas de presos colombianos en Estados Unidos. La edición y la portada son preciosas, semi rústicas y minimalistas, como me gustan. Eso sin duda llamó mi atención. Pero lo que terminó cerrando el trato fue la ojeada que le di a alguna página al azar: lo que encontré fue una narrativa fluida, instintiva e intensamente “humana”, una que no pierde de vista en ningún momento ─eso lo vine a saberlo poco tiempo después, al devorarlo─ que una crónica no es otra cosa que un cuento que sí ocurrió ─la frase no es mía pero no recuerdo de quién es, ¿quizás de GGM?─ y que, como tal, no se debe tanto a la veracidad ─aunque sí─ como a la belleza literaria. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ Es la historia de tres presos colombianos extraditados a los Estados Unidos, su vida en las cárceles colombianas esperando ese maldto viaje, su experiencia en las prisiones gringas, las paradojas que permean sus cabezas al comparar las unas con las otras ─son más dignas las de allá pero se sienten más acompañados y menos forasteros en las de acá─, las diferentes formas que tienen de afrontar su suerte y su nueva vida, el regreso, el arrepentimiento, el no arrepentimiento… No es un libro moralista, y eso lo aprecié mucho. No hace un juicio de valor sobre las personas y sus crímenes ─ya suficiente los ha juzgado los jueces de acá y de allá─; tan solo quiere acercarse ─acercarnos─ a su humanidad, esa que aún tienen a pesar de que en ocasiones el sistema carcelario pareciera querer arrebatarles.
*** ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ Quienes la conocen y saben del oficio, dicen que estamos frente a una de las grandes promesas ─quizás una realidad, pero aparentemente hay un acuerdo tácito a no reconocerlo eso a las jovenes─ del periodismo latinoamericano. Eso yo no lo sé, porque más allá de haber leído su libro, que no es poco, a Estefanía no la conozco. Lo que sí puedo asegurar ─y 34 de mis 40 años como lector me dan cierta credibilidad─ es que ella es una de las más fabulosas cronistas con las que me he encontrado últimamente, siendo este uno de mis géneros literarios favoritos. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ Su primer libro, Niebla en la yarda, de hecho fue su tesis de grado como periodista, un trabajo que, ahora sé, fue ampliamente aplaudido por sus pares académicos y profesionales, y que ─cosa harto admirable─ el mundo editorial decidió publicarlo y así evitar que fuera una más de aquellas buenas tesis que se queda recomiendo polvo en el anaquel de alguna fría biblioteca universitaria. Su narrativa la encontré fluida y literariamente rica, de aquellas que parecen ser más instintivas que planeadas y que reconocen que lo importante en una historia, en una buena historia, son sus protagonistas antes que quien la relata. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ No es mucho más lo que sé de Estefanía. Las redes sociales la muestran con el pelo rojo e indican que está haciendo un curso de escritura creativa en NYU. ¿Quiere pulir su ya de por sí evidente talento contando historias que sí ocurrieron? ¿O quizás está explorando su faceta de escritora de ficción? Como sea, no veo la hora de volver a leerla. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ La foto la saqué del Twitter de Angosta Ed. Todos los créditos para ellos.
Crónicas desde la cárcel que muestran no solo delitos, sino vidas suspendidas entre la culpa, la memoria y la espera. Niebla en la yarda abre una ventana incómoda —y necesaria— hacia quienes viven privados de la libertad.
Casi nunca leo los prólogos… pero esta vez lo hice, y fue un acierto absoluto. El prólogo deja esa sensación irresistible de querer empezar inmediatamente.
Me impresionó la manera en que Estefanía Carvajal documenta los casos y los narra con una imparcialidad muy poderosa. No hay morbo ni juicio evidente, solo historias contadas con rigor y humanidad. Y ahí ocurrió algo que me incomodó: por momentos llegué a sentir pesar por algunos de estos hombres privados de la libertad. Una sensación difícil, porque tampoco podemos olvidar el daño profundo que el narcotráfico y las drogas han causado en nuestro país.
El libro termina abriendo preguntas más que respuestas. Me hizo pensar en cómo cambia la percepción del tiempo, de la vida y de uno mismo cuando la libertad desaparece. Cómo el encierro transforma incluso la forma de recordar quién se era antes.
Hay una calidad periodística muy sólida, pero también una sensibilidad narrativa que logra que las crónicas respiren más allá del dato. Ya es la segunda vez que leemos a Estefanía en el club de lectura y confirmo algo: su manera de contar siempre logra quedarse conmigo después de cerrar el libro.
Es una lectura que incomoda, humaniza y obliga a mirar realidades que preferimos mantener lejos.
La calidad periodística y narrativa de estas crónicas es tremenda. La autora despojó de la cifra y la estadística a los miles de latinoamericanos que pasan sus días privados de la libertad en cárceles estadounidenses y les devolvió la calidad de seres humanos. Les puso un nombre, un rostro y una historia, y esa historia la contó con mucha delicadeza y equilibrio. Un par de reiteraciones innecesarias en el último perfil y quizás un tono descuidado en el primero no le restan valor a la agudeza con la que se narra la vida de los presos latinoamericanos, la injusticia estructural del sistema carcelario estadounidense, el precio de la guerra contra las drogas y las miles de vidas atravesadas por sus efectos. Excelente.
PD: leí la segunda edición, que incluye 3 de las 4 historias originales. Me queda la curiosidad de la cuarta.
Estas tres historias (eran 4 pero tocó pintar de negro una) de presos colombianos extraditados a EUA resultan interesantes. La forma en que se narra la vida presidiaria de estas personas es fluida, aunque un tanto superficial, y se queda mas en lo circunstancial que en lo personal, lo cual hace que los tres relatos se pongan repetitivos y un poco aburridos al final pues resultan muy similares. Sin embargo, para tratarse de una tesis de pregrado, es fantástico y el trabajo de investigación es grandioso.
Relato peridístico de tres Colombianos extraditados a los Estados Unidos. Con una visión descriptiva de los hechos, Estefanía Carvajal logra trasladar al lector a cada una de esas prisiones en Colombia y en Estado Unidos, donde , los tres personajes "pagaron" por sus delitos.
Por momentos el texto es tan claro que me sentí rodeado de 4 paredes purgando una condena transitoria. De eso se trata la escritura, de provocar en el lector esas percepciones de estar ahí, en la historia, en el libro, en medio de lo ocurrido.
Un libro, tres historias y un sinfín de datos interesantes en medio del caos (o la tranquilidad) de los tres protagonistas. Te atrapa desde la primer página en donde a Asdrúbal se le cae el mundo encima. Un libro que te hace sentir nostalgia y pesar por los convictos. Encantada de la forma en que fue contada cada historia, tanto que me dan ganas de saber qué ha pasado con los protagonistas hasta la fecha de hoy.
Disfruté mucho la lectura de este libro, a pesar de no ser el tipo de libro que suelo escoger. Tiene una mezcla muy bacana de datos muy bien investigados y excelente narración. Que triste que la última historia tuvo que ser cubierta de tinta negra, pero eso tmb le da algo de magia al asunto.
De los mejores libros de crónica que se han escrito en Colombia en la última década, y la puerta de entrada a la literatura de una autora más que brillante.