Con el cuidado de un lenguaje preciso y contenido (casi sugerente hasta el detalle), "Lugar" es un libro que apunta a horadar las cicatrices siempre abiertas de las relaciones de amor, familia y amigos; que siempre devienen en soledad.
Leí este libro de cuentos después de haber leído "Kintsugi", que fue publicado posteriormente, así que mi lectura fue retrospectiva, viendo todo de espaldas como el ángel de Klee/Benjamin. Partiendo de ese lugar, veo en este libro una serie de semillas potenciales de lo que la autora después trabaja en otros libros (o que podría llegar a trabajar). Si bien en este libro hay cuentos bien cerrados, prolijamente escritos y contenidos en el lenguaje; la sensación de que son universos a punto de estallar, se mantiene.
Es difícil hacer una lectura de un libro de cuentos, dado que (como ocurre en este caso) hay algunos mejor logrados que otros (en una variación muy amplia, ese, quizá, es un problema del libro: entre los buenos cuentos -la mayoría- y los no tan buenos -pocos-, hay un abismo de diferencia). De todas formas, la mayoría de cuentos se estructuran alrededor de cuatro elementos importantes: la familia (como estructura rota), la enfermedad (omnipresente), la voz de la mujer (en casi todos los cuentos las narradoras son mujeres), y los objetos de lo cotidiano/electrónico (siempre hay un objeto que se convierte en centro o en disparador de historias, o en elemento simbólico). En medio de esos tres ejes se construyen todas las historias que dan espacio a la construcción íntima de personajes quebrados, solos y profundamente nihilistas.
Este "quebrarse" de los personajes será justamente lo que la autora explora en "Kintsugi" (dos de los cuentos de "Lugar" aparecen sin mayores modificaciones en "Kintsugi") y que se convierte en este libro, también, en un centro narrativo. Vale la pena también señalar el acierto en el cruce de historias/personajes que será la estructura de su siguiente libro y que está, de cierta manera, sugerido en "Salir Corriendo".