"Hijos del fútbol" es una historia personal sobre la afición al fútbol entendido como un juego en el que lo más divertido no es ganar sino seguir jugando. El libro sigue el hilo de las pequeñas historias de alguien que fue siempre un mal jugador, pero que procede de una dinastía de amantes de este deporte: desde el abuelo, vinculado al Athletic Club de Bilbao, hasta el propio autor, actualmente encargado de las actividades culturales de la Fundación del Athletic y amigo de escritores amantes del fútbol como Javier Marías o Juan Villoro. Este libro es un elogio al fútbol como juego, como felicidad, como infancia permanente que acompaña para siempre a quienes lo practican y lo aman.
Me fascina comprobar en mi propia experiencia que, con la edad, los pequeños gestos van ganando en importancia, como si necesitáramos cada vez más elaborar historias que den algo de sentido narrativo a nuestras vidas particulares.
El fútbol como excusa para hablar de cosas igual de importantes que el juego, que como Cortázar decía, no por ser un juego deja de ser una cosa muy seria.
Un libro cuya narrativa y pretexto es el balón. El autor detona la infancia, la melancolía, la paternidad, porque los sentimientos más profundos nacen de pequeñeces. Influye los recuerdos de cada lector que se prenden como mecha al momento de leer a Galder Reguera. No es un libro técnico sobre fútbol, ni con datos duros, ni un árbol genealógico.
"Los buenos libros de fútbol son aquellos que en realidad hablan de quienes juegan al balón, de quienes intentanjugarlo, de quienes sueñan con hacerlo. Los buenos libros de fútbol tienen por tema la cuestión más importante de toda creación: el hombre, el ser humano"
Uno termina de leer el libro con una lista de películas y libros como pendientes, cuestionando de una manera digna la corrupción sin terminar decepcionado del deporte y reflexionando en temas filosóficos, lo ontológico, asi como la estética del fútbol, el respeto al juego, a entender qué es un fuera de lugar y que el bien común es el equipo, disfrutar del deporte que apasiona a varias generaciones y lo seguirá haciendo mientras conserve su lado humano
A mí el fútbol ni me va ni me viene. Me compré el libro porque a mi novio le apasiona y porque, tras leer la contraportada, intuí que trataría también otros asuntos que sí podrían interesarme. Y no me equivocaba: habla sobre la infancia y la paternidad, y también sobre devenir adulto. Me encantan estos temas. Aunque es cierto que a veces me ha resultado un poco lento, está escrito con mucha sensibilidad, hasta el punto de emocionarme en algunos pasajes; solo por eso ya vale la pena.
De fútbol, menos mal, se ha escrito mucho, pero, este libro tiene algo distinto: es el diario de un padre que ve en sus pequeños hijos sus sueños no cumplidos y los muchos que aún le quedan por alcanzar. Emociona.
Anécdota y anécdota sobre fútbol. Me hubiera gustado que el relato tuviese una mayor unidad. Creo que por eso no ha conseguido emocionarme del todo y se me ha hecho algo tedioso. La historia de Galder y Oihan me ha gustado; una muestra del cariño que es la base para una buena educación.
Hijos del fútbol no es solo una memoria personal sobre la pasión deportiva, sino un lúcido ensayo sobre lo atávico: ese hilo invisible de gestos, valores y pasiones que heredamos y luego transmitimos. Para quienes vivimos con el fútbol y la literatura como dos grandes devociones, la lectura de este libro se convierte en un espejo constante. Cuando Reguera analiza cómo esta "locura" se alimenta de mil pequeños detalles cotidianos, consigue que el lector viaje de inmediato a su propia historia. En mi caso, despertó el recuerdo de la afición silenciosa de mi abuelo y, sobre todo, el esfuerzo de mis padres: unos espectadores neutrales que, sin sentir una pasión desmedida por el juego, se entregaron durante años a la tarea de acompañarme a sufrir por los campos de barro de toda la ciudad.
La infancia que retrata el autor se despliega con nostalgia en los patios de colegio, convertidos en un caos hermoso donde convivían cinco partidos a la vez sobre la misma pista, o en juegos de barrio como el "gol-portero". El libro posee la extraordinaria capacidad de desbloquear recuerdos que creíamos perdidos: aquellos días simulando ligas enteras con unos simples dados, cuando los videojuegos de gestión deportiva aún estaban fuera de nuestro alcance, o la voz de mi padre diciéndome que, de tanto ir siempre con un balón bajo el brazo, se me iba a quedar su forma marcada. A través de estas páginas, uno tiene la sensación de conversar con un amigo que ha recorrido un camino muy parecido al suyo.
Pero este libro no vive únicamente de la nostalgia. También destaca por su madurez intelectual. Reguera tiene la valentía de cuestionar el fútbol moderno sin idealizar el pasado, recordando que el deporte de hoy es, en muchos aspectos, mucho más deseable que el de hace unas décadas, cuando los estadios eran el hábitat del "macho" y el racismo, la violencia y la homofobia se aceptaban con demasiada naturalidad. Con una prosa tan ética como directa, reivindica la rivalidad sana como una de las mayores virtudes de este juego y recuerda que saber perder es, probablemente, la lección más valiosa que el fútbol puede enseñarnos. También cuestiona la superioridad moral con la que algunos desprecian el fútbol y plantea que ese rechazo no siempre responde a motivos intelectuales o ideológicos; en muchos casos, simplemente nunca llegaron a conectar con él.
Aunque hoy prefiera mantener una distancia saludable con el fútbol profesional para proteger mi estado de ánimo de la deriva comercial y del fanatismo de las masas, este libro me ha recordado por qué tantos seguimos regresando al balón una y otra vez. Porque, en el fondo, más allá de los resultados, de los colores y de los años, seguimos siendo hijos del fútbol.
Sin duda este libro me llevo a recordar bellos momentos, esos en los que de pequeños todos nos ilusionados por que inicie un partido. Rápidamente nos aprendemos los nombre de todos los jugadores, en nuestra mente hacemos la alineación perfecta y narramos los encuentros con toda la felicidad del mundo.
Me explicaba Galder Reguera que había escrito Hijos del fútbol pensando en que su hijo Oihan pudiera leerlo en el futuro. Cuando llegue ese día, Oihan le querrá un poco más de lo mucho que ya lo quiera, pues le ha escrito un libro de una belleza infinita. Galder es un tipo muy interesante. De pequeño quiso ser futbolista, pero como pertenece a esa inmensa mayoría que no sabe dar tres pases seguidos acabó estudiando filosofía. Luego ejerció de crítico de arte. En 2008 escribió La cara oculta de la luna, un ensayo en el que Reguera se cuestiona la validez de la tesis del artista conceptual Lawrence Weiner según la cual la obra de arte no necesita ser construida, que vale con su formulación verbal. Ese mismo año firmó a cuatro manos Cultura(s) de fútbol, análisis del mundo del balón a través de su elemento cultural, social, antrológico y filosófico. Y en 2009 entró a trabajar en la Fundación del Athletic Club, donde es el responsable de sus actividades, entre otras, dos eventos tan imperdibles como el certamen literario Fútbol y Letras y el festival de cine Thinking Football. Como decía antes, un tipo interesante. Preciosa oda a algo intrascendentemente trascendente, Hijos del fútbol es un libro para un niño, de un hombre que quiere volver a sentir el niño que fue. El niño tímido que empezó a jugar en aquel campo de tierra construido en un solar de su abuelo y el padre que pelotea con su hijo en la plazoleta. El crío al que a los ocho años le regalaron la camiseta del Athletic Club y ya nunca más se la quitó, el adolescente que solo superó el luto por la muerte de su abuelo, el mismo que le había inoculado el desaforado amor por el equipo rojiblanco, con un gol de los leones; y el hombre al que se le cae la baba explicando cómo formó con su pequeño una selección del resto del mundo en aquel partidillo contra una selección francesa de características similares jugado en el césped de un cámping galo. Crónica vital en primera persona, Hijos del fútbol acaba siendo un relato universal, porque a través de su historia descubrimos que todos somos un poco como Galder.
Dice el autor en uno de los párrafos del libro que "a veces pensaba que, como las sombras de la caverna de Platón, quizá el fútbol fuera un proveedor de emociones de plástico, de falsa alegría, tristeza, euforia y desazón, y que tal vez esas falsas emociones nos alejarán de los verdaderos sentimientos, no tan puros precisamente por reales". Y tal vez, hay momentos en los que es mejor vivir engañados aunque tan solo sea por 90 minutos.
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Un buen libro de futbol no es sobre futbol, sino sobre la naturaleza humana. Eso dice el autor en este libro que en efecto resulta ser un muy precioso libro sobre futbol, porque es sobre la naturaleza humana. El libro le pone palabras a lo que pensamos y sentimos los que somos padres: nuestros miedos, esperanzas, triunfos y derrotas. Y las palabras que le pone son muy bonitas: la prosa está salpicada de frases bellas y sabias para subrayar. Luego el texto va más allá y nos ayuda a confesar (al menos mentalmente) cómo es que pensamos que debemos ser para quedar como humanos funcionales.
Supongo que habrá quien compare este libro con "Fiebre en las gradas" por su temática futbolera en relación con la vida propia, y no estaría desencaminado, pero no son lo mismo. El libro de Hornby es un grito desesperado de hincha en el que cualquiera como él (yo mismo) se siente identificado. "Hijos del fútbol" es otra cosa, porque en este libro Galder Reguera reflexiona sobre lo que ha supuesto el fútbol para él desde un ámbito mucho más humano que el del aficionado acérrimo. Reguera nos narra cómo vivió el fútbol desde niño, cuando su Aitite (su abuelo) les llevaba a él y a su primo a ver al Athletic, pero a la vez lo que suponía al propio Galder practicar ese deporte siendo un chaval y las frustraciones que sufrió por no dar el nivel. Esa dualidad de hincha y, sobre todo, de jugador malo es fácilmente extrapolable no sólo a cualquier deporte sino a todas las facetas de la vida. Por eso, quizás, este libro es probable que llegue a más gente que el de Hornby, el reducto máximo de los futboleros. Reguera escribe este libro con la perspectiva del padre que ve que su pasión (y sus frustraciones devenidas de esa pasión) es más que factible que la hereden sus hijos Oihan y Danel. Se pregunta si ese "veneno" es lo que quiere para ellos, y, mientras narra su propio recorrido como futbolero y persona, llega a una feliz conclusión. Acabo de ser padre y, como futbolero y jugador malo, no he podido sentirme más identificado con todo lo que narra Galder en este libro, un auténtico regalo. Por cierto, si, como yo, alguno lee antes "Libro de familia" del mismo autor (aunque se escribió éste antes y se ha republicado porque la primera editorial era un fraude y no pagaban) seguro que disfruta mucho más de todo lo que narra Reguera en "Hijos del fútbol". Librazos ambos.
"Hijos del Fútbol" no es un libro sobre fútbol, es un libro sobre la vida. Si además el fútbol tuvo un componente relevante en tu infancia y adolescencia, es imposible no leerlo con una sonrisa melancólica.
Para mi la tesis del libro radica en la idea fundamental de vivir la vida con pasión con todo lo que eso conlleva, y qué mejor catalizador para esto que la conjunción de la infancia y el fútbol.
Creo que me falta algo fundamental para entender el libro en toda su extensión: ser padre. Aún así, es un libro muy disfrutable y divertido, y a la vez triste. "The good old days" (a pesar de que para algunos no siempre lo fueran) nunca volverán, o quizás sí, a través de los ojos de nuestros hijos.
Me tardé un océano de tiempo en leer este libro, pero la verdad es que era como una plática de la que no quería irme. La intimidad que consigue Reguera es de una profundidad que lo vuelve entrañable. Entre la crónica, el ensayo, las obligadas trazas de periodismo, las reflexiones sobre la crianza y la lucidez filosófica (Galder Reguera es filósofo de formación y enseña Ética a los entrenadores en formación del Athletic de Bilbao, lo que me resuena por el tiempo en que enseñé comunicación en la escuela de DTs de la Federación Mexicana de Futbol), los lugares comunes nunca se apoderan del discurrir, ni siquiera por los temas consabidos, obligados y recurrentes. Y luego, que diga que sus paladines son Camus y Villoro, pues ya dije: no me quiero ir de esta charla.
Novela que, a través del fútbol, habla de la vida. Aquí tienen cabida algunos sinsabores de infancia y el miedo inherente a la paternidad, las legendarias gestas de futbolistas inolvidables y las no menos grandes victorias de patio que nadie recordará. Me ha gustado la pasión del autor —“Libro de familia” también me gustó mucho por el mismo motivo— y las coincidencias con muchos pasajes: ser un pakete, sentirse desplazado por ello, repetir 2º de BUP…
Y por encima de todo, planeando como una herencia más valiosa que el oro, el amor entusiasta hacia el último club romántico.
En estas páginas el autor comparte una serie de experiencias personales que de alguna manera se relacionan con el futbol. Pero más allá del futbol como un deporte, también se aborda desde el lado del fenómeno social que también es.
De cualquier forma, no todo es futbol. El libro tiene una gran carga emocional reflejada especialmente en las páginas dedicadas a la relación entre él y su hijo mayor, en las cuales uno como padre (y también amante al futbol) se identifica fácilmente.
¡Qué bonito escribe Galder Reguera! Precioso de principio a fin. Más por la parte de "Hijos" que por la de "Fútbol". Aunque si te gusta el fútbol y tú equipo es el Athletic Club creo que tendrás un disfrute extra.
Galder Reguera usa su pasión por el fútbol para hablar sobre la vida. Una colección de historias, centradas en su mayor parte en la infancia del autor y en la de su hijo pequeño, que es imposible no recomendar.
el eco de la historia de Galder resuena para los amantes del fútbol, niñez, paternidad, lecturas, video juegos 3 imaginación se confabulan en esta historia íntima en la que me veo identificado. para más muchas referencias a otros grandes escritores quienes han escrito sobre el fútbol.
Venía sin pretensiones y me ha encantado. Quizá porque tengo hijos futboleros y futbolistas, capaces también de convertir el pasillo de casa en El Sardinero. En algunas afirmaciones no estoy de acuerdo con el autor. Pero en otras me ha dado lugar a la reflexión.
A mi padre le encantaba el fútbol y por eso decidí leer este libro, pero mi relación con él jamás se basó en este deporte... Así que inevitablemente este libro no me ha llegado y me ha dado bastante igual. No es para mí.
Lo que más me gusta de este libro es el vínculo que tiene con su hijo Oihan. Me sentí muy identificado con esa conexión y mi relación con mis hijos y el fútbol
Libro entretenido que se lee en un santiamén, mejor si te gusta el fútbol pero que narra principalmente las relaciones familiares en la vida del escritor. Una pena que el autor sea del Athletic...
Como siempre, me encanta como escribe y como se implica en sus libros, como nos descubre su vida y la ternura que demuestra con sus hijos. El tema del fútbol no me llega y aún así me ha encantado.