“en aquella altura había un silencio sereno, el de las cumbres solitarias. el alba rompía la última tela de la noche otoñal, y los campos empezaban a insinuar sus formas irregulares, sus matices, la mancha de sus caseríos. los gallos rompían el cristal del aire con sus quiquiriquíes metálicos. para los que venían de la agitación de la lucha, de oír la explosión de las bombas, el trueno de los cañone y de la dinamita, aquella calma era inesperada y nueva.”