¿Hasta que punto los mexicanos hemos normalizado el racismo? Cuando nos cuestionamos este tipo de conflictos teóricos pienso que solemos pasar de largo cómo algunas veces utilizamos frases, dichos y oraciones para discriminar a un individuo o a un grupo de personas, como si no tuviesen un valor. Así utilizamos el lenguaje, aunque existan algunos académicos privilegiados que piensen que el lenguaje, especialmente el mexicano, es así: picoso. Como expone Navarrete, hay que cambiar nuestras maneras de interiorizar la discriminación desde el lenguaje, nuestra forma de imitar otros discursos racistas inclinados hacia un "blanqueamiento" de nuestros modelos aspiracionales y de belleza, y nuestra forma de justificar la violencia desde el humor (nada gracioso) y la clase social.
El alfabeto del racismo mexicano es un ensayo agudo y puntual sobre los discursos racistas que predominan en nuestra cultura, tanto "alta" como popular. La historieta de Memín Pingüín y los prejuicios que reproducía; la sinofobia, una mancha en nuestra historia que nos han obligado a olvidar y que le costó la vida a miles de chinos; las ideas de Trump y la ingenua imitación de esas mismas ideas que Enrique Peña Nieto y en sí nuestra clase política efectúa al culpar a los centroamericanos del problema migratorio: ellos son los ladrones, los violadores: construyamos un muro en el sur; la discriminación de los afromexicanos que viven en Veracruz y Yucatán y que hoy en día buscan reconstruir su propia Historia.
Las tesis de este libro se cumplen tan fácilmente que asustan. Ni siquiera es necesario ahondar mucho en el tema. Tan solo hay que escuchar a nuestra clase política e intelectual. Los ejemplos que pone Navarrete en su Alfabeto me asustaban porque me resultan demasiado familiares: los escritores justificando la palabra "puto"; los intelectuales en contra de la corrección política; los académicos de mi escuela discriminando a una mujer trans porque era "antihigiénico" que usara el baño de hombres y que tampoco podía usar el de mujeres porque no era mujer; el racismo contra la imagen de Yalitza Aparicio, porque no respondía con ese modelo de belleza gringo europeo que los medios de comunicación nos ha educado desde siempre; Tijuana y sus impresionantes marchas para que los migrantes centroamericanos se regresasen a sus casas; los políticos afirmando que los "indígenas" no deben trabajar (menos estudiar) en otra cosa que no sea en sus "artesanías bonitas"; nuestro uso irracional y hasta memero de la palabra "naco". Y unos tres y extensos puntos suspensivos...
Para mí la gran enseñanza de este libro es la siguiente: el racismo, y en sí todas las formas de la discriminación, surgen de una ignorancia increíble de la educada clase media y alta mexicana, privilegiada, egoísta y violenta.
En resumen, me parece un excelente documento con suficientes evidencias para sostenerse. Mi problema quizá con él sea su última parte. Ya comprobadas muchas de sus tesis, el autor repite sus ideas hasta el cansancio. Podría afirmar que la capacidad de sorpresa se agota de inmediato. Sus críticas siguen siendo certeras, pero ya no tienen el mismo impacto inicial. También creo que el autor no profundizó lo suficiente en las entradas con los títulos más "jugosos": "Pigmentocracia", "Trump", "Whiteness", por mencionar algunas.
Del 1 al 10: 8.