¡Sagrada Tierra! ¡Qué libro más bueno!
Lo siento, no podía evitar hacer un chascarrillo con esta curiosa muletilla que usan los personajes de esta maravilla de ciencia ficción para empezar la reseña. Pero es que me ha gustado mucho. La expresión y la novela, aclaro. Fer y Mal la emplean habitualmente como interjección para demostrar asombro ante las numerosas sorpresas que se llevan en esta aventura. Y no es para menos.
Panteón nos sumerge en una apasionante historia que va in crescendo conforme avanza la lectura de la misma. Dos chatarreros (y grandes amigos), Ferdinand y Malhereux, se ganan la vida rebuscando entre los restos de las frecuentes batallas que enfrentan a una humanidad dividida en facciones enfrentadas en constantes guerras entre sí. Son especialistas en encontrar material valioso para reciclar y piezas por las que cualquier coleccionista pagaría una fortuna. Cuando emergen del subsuelo en un remoto planeta sin nombre en el que han estado esperando al fin de la contienda, parece que va a ser otra rutinaria exploración más. Pero pronto encuentran algo muy valioso y que ambiciona alguien con mucho poder en la galaxia. Un objeto en apariencia inservible. Sin embargo, Fer y Mal descubrirán con rapidez y pesar que ese objeto es la llave a un mal que ha estado aguardando pacientemente miles de años a ser despertado de su letargo.
Y ahí concluyo mi particular sinopsis. ¿A qué esperas para comprar el libro? El argumento te va atraer más que un imán a la puerta de la nevera. Te lo digo en serio, y eso que no soy un apasionado de la ciencia ficción. Solo me dejo caer en él de vez en cuando, normalmente cuando estoy saturado de leer novela negra o no ficción.
La primera vez que oí hablar de Panteón fue en una entrevista que hacían los locutores del podcast La órbita de Endor a su autor, Carlos Sisí. Hará varios años de ese programa, pero recuerdo con nitidez el buen sabor de boca que me dejó la entrevista (Sisí parecía un tipo bastante simpático) y las ganas que me entraron de leerlo por todas las cosas buenas que tenía según iban hablando. Sin embargo, no ha podido ser hasta ahora, en mayo de 2020 y en plena cuarentena, cuando por fin le he podido hincar el diente.
En Panteón, como buena ópera espacial (¿por qué todavía no hemos inventado los españoles el épico subgénero de la “zarzuela sideral”?) encontrarás batallas entre inmensas naves estelares que te recordarán por momentos a Star Wars. Pero también robots que actúan como escoltas personales, y civilizaciones alienígenas de avanzada tecnología. Vamos, lo que viene siendo habitual en este género. Pero Sisí explora todos estos temas de una manera única y original, construyendo un canon bastante creíble por cierto.
Mi impresión sobre el libro ha sido muy positiva. Lo he disfrutado de principio a fin, enganchado capítulo tras capítulo gracias a todos los recursos literarios que usa el autor, como cliffhangers y cambios de tensión según varían la escena y los protagonistas. De hecho me lo ventilé en apenas cinco días. Desde mi punto de vista solo le puedo poner dos peros. El primero es que Sisí no se adentre más en la trama del turbio personaje de La Colonia que conspira en la sombra para hacerse con el control de esta organización. Se esbozan apenas unas pinceladas y hacia el final se aclara si logra o no su objetivo. Me hubiera gustado mucho que esta línea narrativa se desarrollara más, pues considero que podía llegar a dar mucho juego (me pirran este tipo de luchas de poder a dos bandas a lo Palpatine/Darth Sidious, tanto en ciencia ficción como fantasía).
Y el segundo pero que para mí tiene la obra es que el autor no ha escrito una (o varias, porque el universo creado da para ello) continuación. Y es una auténtica lástima, porque me consta que Panteón tiene una legión de seguidores, entre los que me incluyo, que piensan que es de lo mejorcito que se hecho en ci-fi en nuestro país en los últimos años. Ojalá Carlos Sisí retome pronto a nuestros queridos Fer y Mal para volver a disfrutar de sus aventuras. Muchos se lo agradeceríamos, porque al terminar la lectura te quedas un poco huérfano por el cariño que llegas a coger a los personajes. No solo a los chatarreros, la controladora Maralda Tardes es la otra pata sobre la que se asienta el trío protagonista, siempre con un as en la manga para enfrentarse a sucesivos peligros. También hay interesantes secundarios como Jebediah Dain (quién no haya sonreído acordándose del pendenciero fundador de Springfield que tire la primera piedra) o Tarven For, que harán las delicias de los aficionados a la ciencia ficción militar.
Algunas reseñas apuntan que el libro comienza con un ritmo muy lento que puede hacer que más de uno abandone la novela. Desde luego a mí no me pasó. Es cierto que en los dos primeros capítulos no pasan demasiadas cosas (hasta que descubren “la copa invertida”), pero la ambientación te mete tan de lleno en la historia que lo único que quieres es seguir leyendo y profundizar más en ese universo tan bien construido. Saber por ejemplo cómo el hombre fue explorando y asentándose en otros planetas desde que la Tierra explotó hace diez mil años, la historia de las diversas facciones que se nombran o el papel crucial que juega La Colonia como bando independiente que mantiene el equilibrio entre todos los demás gracias a su superioridad tecnológica.
En resumen, un libro entretenidísimo que te hará perder la noción del tiempo y pasar páginas como si no hubiera un mañana hasta que lo acabes. Y lo mejor es que se adapta a cualquier lector dispuesto a abrir su mente a nuevos mundos y realidades. Al no ser ciencia ficción dura no te vas a perder en explicaciones técnicas difíciles de entender. Aquí hay acción a raudales, una tensión cada vez más inquietante a medida que comprendemos qué es Nioolhotoh y un enaltecimiento de la amistad por encima de todas las adversidades. Un cóctel perfecto. Solo puedo añadir una última cosa:
¡Por las estrellas Carlos, escribe una segunda parte ya!