Baily comienza el libro señalando la falta de consenso en la sociedad argentina para reemplazar el modelo agrario tradicional destruido a comienzos del siglo XX. Dicha falta de consenso tiene su reflejo dentro del movimiento obrero y sus distintas vertientes las cuales siguen dos formas básicas de nacionalismo popular: en primer lugar, una forma “liberal” creada por los inmigrantes europeos y sus hijos mas tarde, una forma antiliberal creada por los trabajadores criollos migrantes del interior cuando abandonaron el campo buscando trabajo en las ciudades.
Los liberales llegaron al poder con la caída de Rosas y tomaron como modelo a las potencias anglosajonas. Se proponían desarrollar el país mediante un gobierno constitucional, la educación, el laissez-faire, el capital europeo y la inmigración europea.
Los criollos rechazaron el liberalismo y buscaron inspiración en España y la tradición hispano-católica argentina. Exigían una sociedad igualitaria en lugar de una gobernada por una elite.
La inflación y el desmanejo de la economía ya eran un problema a fines de la década de 1880 lo que llevo a los trabajadores a organizarse para proteger sus intereses.
Juan B Justo forma el partido Socialista en 1895 buscando forjar junto con el movimiento obrero una nueva nación proclamando que “Nuestra unidad nacional es más antigua que la de Alemania, pero debido a la incapacidad de la oligarquía gobernante, no podemos hablar de una verdadera unidad nacional”. Sus ideas eran una forma modificada del liberalismo nacional de Sarmiento y Mitre.
Justo atacaba al imperialismo con aduciendo que “lo que no pudieron los ejércitos lo ha podido el capital inglés. Hoy nuestro país es tributario de Inglaterra” pero despreciaba a los criollos considerandos los inferiores a los inmigrantes europeos de los que decía que “absorberán poco a poco al viejo elemento criollo incapaz de marchar por si solo hacia un tipo social superior” colectivista, humanista y científico.
Otra fuerza política temprana que buscaba el apoyo de los trabajadores era el anarquismo, que para 1890 se hallaba dividida en dos facciones. Una facción apoyaba la filosofía individual de Bakunin y la otra se inspiraba en la filosofía colectivista de Kropotkin. Rechazaban la acción parlamentaria de los socialistas apoyando la acción directa buscando destruir la sociedad existente para reemplazarla por una nueva. Para ellos el estado era una creación artificial y las fronteras no tenían razón de ser. No reparaban en emplear métodos violentos para conseguir sus fines.
Pocos individuos de la oligarquía como Carlos Pellegrini, Joaquin V Gonzales o Roque Saenz Peña, reconocieron la necesidad de ayudar a la clase trabajadora pero no pudieron cambiar el modo de pensar de su propia clase.
La actitud oficial frente al obrero fue indiferente al principio, pero a medida que estos introdujeron nuevos métodos de lucha para conseguir propósitos el estado los contrarresto con medidas represivas como el allanamiento de sedes sindicales, el empleo de informantes en los gremios, la detención de obreros en gran escala, la prohibición de periódicos gremiales el estado de sitio y el asesinato de obreros a manos de la policía. En 1904 Joaquin V Gonzales propuso un proyecto de ley para establecer la jornada de 8hs, reglamentar el trabajo nocturno, el descanso dominical, el seguro por accidente, reglamentar el trabajo femenino y la prohibición del trabajo de menores y un reglamento sindical.
Tanto las empresas como los sindicatos se opusieron, estos últimos porque creían que esta ley pondría fin a su independencia.
En 1910 una nueva generación de trabajadores trajo consigo una nueva ideología importada de Francia, el sindicalismo. Esta era una ideología pragmática y no política basada en las necesidades inmediatas del trabajador que buscaba reunir a todos los trabajadores en una organización que les permitiera mejorar su situación inmediata y convertirse en la base de la sociedad en el futuro.
Con la llegada de Yrigoyen al poder el gobierno cambio su actitud hacia las organizaciones sindicales y apoyo muchas de sus demandas, aunque esta actitud se revirtió en parte hacia finales de 1919 cuando las condiciones económicas empeoraron. Durante las primeras dos décadas del siglo XX Manuel Ugarte y Alfredo Palacios y otros infundieron nuevas ideas nacionalistas al Partido Socialista propagando el nacionalismo en el movimiento sindical. Estos eran partidarios del libre comercio, la atenuación de la lucha de clases y la reducción del poder de la iglesia y los militares. Se inspiraban también en pensadores liberales argentinos como Bernardino Rivadavia, Esteban Echeverria, Sarmiento y Mitre. Disentían con Justo como el valor de los criollos.
En 1917, con motivo de la primera guerra mundial el Partido Socialista se dividió en dos dando lugar al nacimiento del partido Comunista.
En 1930 diferentes agrupaciones se unieron para formar la CGT.
Uriburu derroca a Yrigoyen y proclama que el estado argentino debe reorganizarse tomando como modelo al fascismo de Mussolini.
Con el crecimiento de la industria durante la década del 30 también creció la influencia de los comunistas en el movimiento obrero.
En 1943 Perón comprendió el potencial político de las aspiraciones frustradas del movimiento obrero. Socavo al socialismo y al comunismo mientras que estimulo el desarrollo del nacionalismo criollo. Perón conquisto el poder político y el movimiento obrero logro un nuevo status dentro de la sociedad.
Cuando asumió la presidencia Perón estableció un gobierno autoritario y antiliberal. Restringió la actividad de los partidos políticos, intervino las universidades, expulso a muchos de sus profesores, reemplazo a casi todos los jueces de la Corte Suprema y coarto la libertad de prensa. Además, destruyo al partido laborista y sus dirigentes que lo habían llevado al poder terminaron presos o exiliados.
Durante su primer gobierno los salarios mejoraron los salarios y los beneficios sociales. Aumentaron los feriados pagos, estableció vacaciones pagas y obligatorias, concreto indemnizaciones por accidentes y enfermedad. Inicio un programa de previsión social. Protegió y alentó el derecho de los trabajadores a sindicalizarse.
Evita creo en 1947 una Fundación de Ayuda Social que construyó escuelas, hospitales y lugares de recreo para niños, adquirió medicinas, alimentos y ropa para los pobres. Perón inicio campañas para aumentar los sentimientos de dignidad, igualdad de status e identidad comunitarias. En 1949 reformo la constitución para incluir los derechos del trabajador.
Nacionalizo numerosas industrias y controlo el comercio exterior.
Destruyo las organizaciones sindicales independientes transformando cada problema en una cuestión de lealtad nacional. Acusaba a los dirigentes opositores de servir a intereses foráneos y consideraba las huelgas desautorizadas como actos de traición.
En 1948 comenzaron a disminuir las reservas financieras del país y se desato una inflación desenfrenada. La argentina carecía de las divisas necesarias para importar los insumos de una industria que no exportaba y el campo era improductivo debido al congelamiento de precios. El gobierno inicio un nuevo plan económico para solucionar estos problemas. Se inicio una campaña para atraer inversiones extranjeras y se permitió el envió de dividendos fuera del país, lo que fue visto como una traición por sectores antiliberales afines al gobierno.
Las relaciones entre la iglesia y el Estado fueron cordiales desde 1943 hasta el fin de la primera presidencia de Perón. El gobierno de facto implanto la enseñanza religiosa en las escuelas rompiendo con una tradición de 50 años de separación del estado y la iglesia. La posterior actividad oficial en el campo de la previsión social y su pretensión de reemplazar la enseñanza religiosa por la del peronismo llevo a un deterioro de las relaciones al punto que la iglesia no apoyo la reelección de Perón.
En 1954 Perón lanzo una ofensiva abierta contra la iglesia acusándola de infiltrarse en los movimientos populares para volver a los trabajadores contra el gobierno. Aprobó una ley legalizando el divorcio, prohibió las procesiones religiosas, suspendió la enseñanza religiosa y expulso a dos prelados católicos del país por realizar una procesión sin permiso lo que llevo a su excomulgación. En 1955 después de una fallida sublevación militar, Perón intento apaciguar los ánimos proclamando que “La revolución peronista ha finalizado; comienza ahora una nueva etapa que es de carácter constitucional, sin revoluciones… Yo dejo de ser el jefe de una revolución para ser el presidente de todos los argentinos”.
En septiembre del 55 el general Lonardi inicio la Revolución Libertadora que derrocaría a Perón. El movimiento obrero hizo muy poco para defenderlo. Según Vandor y José Alonso, Perón jamás dio orden de luchar y los sindicatos carecían de armas. Además, Perón estaba cansado y no quería una guerra civil, por lo que prefirió abandonar el país. El antiperonista Diego Ribas ha indicado que durante la época de Perón pocos dirigentes adquirieron influencia y prestigio propios por lo que no había nadie en condición de suministrar una conducción eficaz a las masas.
En el 45 el movimiento obrero bajo la condición de Cipriano Reyes y Luis Gay se unió para defender a Perón a pesar de que no tenían armas y el coronel no había dado ordenes de luchar. Los militares se hallaban divididos y no tenían el apoyo de los civiles. En el 55 los militares se encontraban unidos y poseían el respaldo de los civiles. El movimiento obrero estaba dividido y lideres como Reyes y Gay habían sido encarcelados o exiliados por Perón. Muchos trabajadores estaban resentidos y no lucharon.
Luego del golpe se realizaron muchos ataques a los gremios peronistas por parte de grupos “independientes” sin que el gobierno interviniera. Lonardi trato de mantenerse neutral y ganarse a los trabajadores peronistas haciendo algunas concesiones. Los liberales, predominantes en las fuerzas armadas, vieron la neutralidad de Lonardi como una preferencia por los antiliberales lo que llevo al general Pedro Eugenio Aramburu a derrocar a Lonardi a dos meses de su llegada al poder.
El nuevo régimen reprimió violentamente a los gremios declarando ilegal al movimiento e interviniendo a la CGT y se detuvo a más de 200 de sus dirigentes por realizar una huelga “ilegal”.
Argumentaban que Perón había convertido a la CGT en un instrumento político para dominar a los trabajadores y hacerlos obedecer sus “objetivos tiránicos y totalitarios”. La nueva política económica subordino los intereses de los trabajadores a los de los patrones. Su resultado inmediato fue la caída de los salarios reales y un vuelco en la distribución del PBI que favoreció a empleadores y propietarios.
Se anuló por decreto la constitución del 1949 y se volvió a la de 1853.
Se prohibió la participación de los peronistas en elecciones sindicales y en la política general.
La mayoría de los trabajadores llego a pensar que Aramburu había destruido la revolución social y económica y socavada al estado-nación con el que se habían identificado. Perón había abandonado a la nación de los trabajadores durante su segunda presidencia, pero las políticas de Aramburu les hicieron olvidar ese hecho y los impulso a comenzar a considerar el periodo de Perón como una edad de Oro.
Aramburu cuestiono la identificación de los obreros con Perón sin ofrecerles una alternativa. A diferencia de Lonardi, no pretendió otorgarles un status importante en la Argentina posterior a Perón. Ignoro la oportunidad que presentaba el abandono de Perón a la nación de los trabajadores y el resentimiento que esto había provocado en los trabajadores. Perón se transformó otra vez en el símbolo de la revolución social y económica fortaleciendo al peronismo y al nacionalismo criollo en lugar de cumplir el propósito de debilitarlos y dejo una herencia con la que han tenido que lidiar todos los gobiernos posteriores.