Penúltimo tomo de este manga y, nuevamente, me quito el sombrero ante Hidaka.
A pesar de que Yoichi y Sakurai se han enfrentado a sus sentimientos y Yoichi le confesó su amor a Sakurai, esto no quiere decir que la relación entre los dos aya cambiado: todo lo contrario. Ahora, más que nunca, las dudas están ahí y Yoichi siente cada vez más la lejanía entre ellos dos y más después de enterarse de que Sakurai se irá a Osaka por tres años a causa de su trabajo.
Como ya es normal en los mangas de la sensei, Hidaka nunca pone las cosas fáciles y muestra con gran realismo las dudas humana y, en este caso, al tener a una pareja homosexual y con una diferencia de edad bastante grande, esto hace que las dudas sean inevitables, sobre todo en Sakurai ya que él, al ser el supuesto "adulto" y al haber ido siempre a su bola, tiene miedo o, mejor dicho, no sabe cómo encarar el hecho de que está muy enamorado de Yoichi y no quiere perderlo pero, a la vez, no quiere atarlo y desea que haga lo que quiere en la vida porque es muy joven y tiene toda su vida por delante.
Por su parte, de nuevo, hay una gran evolución en Yoichi. El niño, gracias a sus sentimientos por Sakurai e inclusive a lo que Fujimoto siente por él, cada vez va evolucionando más y más, desencasillándose de allí donde estaba metido desde la niñez y, poco a poco, va floreciendo en cada tomo, hablando más y dejando ver a los demás sus pensamientos y sus sentimientos. Es maravilloso verlo y lo bien que lo hace Hidaka porque no es una maduración precipitada sino que es continua desde el segundo tomo.
Por otra parte, Hana wa Saku ka es más que todo esto. Porque las subtramas en este manga son considerables y todas y cada una de ellas van al mismo punto: a la trama principal. En este tomo descubrimos algunas cosas más referentes al padre de Yoichi y de la familia Minagawa. Poco ha salido Shota en este tomo (una pena), pero Take ha estado genial (es que este muchacho es un amor).
De nuevo, no puedo más que recomendarlo.