Después de haber leído Memorias de una salvaje no podía no darle una oportunidad a éste y, joder, qué maravilla. Me declaro fan de la autora. Me encanta la crudeza con la que nos cuenta las cosas. Sin florituras, sin el puto "bien-queda" de las narices. Las cosas claras y, oídme (leedme), si duelen es por algo. La verdad, que da mucho asco.
Una cosa que me ha llamado mucho la atención, para bien, sí; ha sido el hecho de que en esta recopilación se nos hable también del desamor, del no saber querer con mayúsculas, de ese miedo a mostrarse frágil, a mostrarse desnuda (no literalmente, por supuesto) frente a otra persona. A ser una misma, a ser uno mismo, delante de alguien que podría ser bueno o buena realmente para nosotras y nosotros.
Los relatos son cortos, pero muy intensos. Tienen fuerza, se te meten dentro y consiguen que asientas con la cabeza, con ese "esto sí que sí, joder", que tanto me gusta. Deseando leer más cosas de esta mujer, porque esto, señoras y señores, es una declaración de intenciones. ¡No sé a qué esperáis para leerlo!