Universitaire espagnol et arabisant mondialement reconnu, Serafín Fanjul a consacré sa vie à l’étude de l’islam comme phénomène religieux, sociologique, économique et politique. Ses travaux majeurs, dont le présent ouvrage est la première traduction en français, ont fait grand bruit en Espagne et l’on peut aisément comprendre pourquoi. Il s’est en effet penché principalement sur Al-Andalus, cette Espagne médiévale dite des trois cultures, où la domination politique de l’islam aurait permis pendant des siècles d’extraordinaires échanges culturels entre les communautés islamique, chrétienne et juive, sur fond de cohabitation harmonieuse. Il montre avec érudition comment l’imaginaire des romantiques est passé par là, laissant en héritage une vision du passé hispanique qui relève davantage du fantasme que de la réalité. La vérité historique a été emportée par la croyance, et celle-ci est d’autant plus séduisante que les sirènes du conformisme ont su la détourner à leur profit pour faire de l’Espagne d’alors un véritable paradis perdu du multiculturalisme européen. Face aux partis pris stériles et lieux communs en tout genre, Serafín Fanjul entend dissiper la brume pour « retrouver l’Espagne ». Et la réalité historique que son travail restitue est celle d’une péninsule où règnent entre les communautés l’intolérance et le conflit, la souffrance et la violence, bien loin de l’ouverture et de l’apaisement trop souvent soutenus. La minutie de l’argumentation de Fanjul permet ainsi d’entrevoir, à rebours de la représentation habituelle, une Espagne qui a trouvé dans la Reconquista la voie de l’émancipation et de la libération.
Aunque sólo sea por su condición de arabista a Serafín Fanjul se le podría suponer, además de un interés intelectual y erudito por la lengua árabe, una cierta afición a esa construcción humana que se ha dado en llamar cultura o civilización arabo-musulmana. Y sin embargo, el autor ha sido acusado en varias ocasiones de maurófobo, antiárabe o con ese epíteto, que vale para casi todo y en la mayoría de los casos no significa nada, de facha. Este elenco de vilipendios supuestamente se justifica por vindicar Fanjul en la creación del concepto nacional de España su pasado visigótico y de la Reconquista. Ambos, por evidentes, no necesitarían explicación alguna. La historiografía, como todo, va por modas y en las últimas décadas unos vehementes pregoneros han hecho propaganda del pasado árabe de la península ibérica. Comprensible, pero no justificable, como reacción al nacionalcatolicismo y a la esencia de la raza de los lustros anteriores. Con prolijidad erudita el autor espiga en los textos para señalar la escasa influencia hispanomusulmana en el territorio controlado por la monarquía hispánica, valga España,a partir del siglo XVI. Abarca la cocina, la vestimenta, los usos religiosos, el lenguaje, las tradiciones, los ritos y fiestas populares para constatar la reducción paulatina diacrónicamente de las reminiscencias hispanomusulmanas. Todo lo demás, lo de los pregoneros, es mixtificación, mito o suposiciones populares.
Con estos buenos mimbres no necesitaría más para argumentar su tesis, más filológica que historiográfica. Sin embargo, se ceba de manera desmesurada en la crítica a Américo Castro y a Antonio Gala en un alarde exacerbado de incomprensión: Parece que Fanjul olvida que “El manuscrito carmesí” es una novela. Si se quiere histórica, pero el autor de éste tipo de novelas, como obra de ficción, no está obligado a la exactitud histórica. En no pocos casos basta con crear un ambiente que resulte verosímil para sus lectores, mayoritariamente ignorantes del momento histórico tratado. Y si no, ¿en que lugar quedaría Walter Scott?, forjador de la novela histórica moderna pese a su falta de rigor. Gala es poeta hasta en prosa y no para mientes en fabular maneras y sentimientos, expresiones e ideas seguramente muy alejados de la realidad del reino nazarí. Pero ya se sabe “se non è vero, è ben trovato”. La inquina de Serafín Fanjul huelga.
Respecto a Américo Castro la postura del autor es, si cabe, más grave. Reconoce el saber del filólogo e historiador pero, quizá por eso, le acusa de manipulador de datos, de ocultador de otros y de pergeñador de teorías que avalen sus ideas preconcebidas. En cambio soslaya la gran valentía de Castro, pese a lo exagerado de sus afirmaciones, al formular esa España-crisol en un momento social y políticamente difícil.
También abunda en alusiones de ignorancia a Juan Goytisolo cuando éste algo debía de saber de los magrebíes puesto que vivía en Marruecos buena parte del año; se manejaba en árabe, algo que le cuestiona el erudito filólogo y sus esfuerzos de comprensión de la cultura arabo-musulmana son encomiables.
A destacar las distinciones que hace Fanjul entre andalusí versus andaluz y lo español, mejor hispanoromano-godo, versus andalusíes durante la Edad Media. Un libro controvertido, bien construido, mejor argumentado y muy sólido en cuanto a sus valoraciones históricas.
Más que un texto de historia, una polémica en la que el autor arremete contra la idealización de al-Ándalus y la subordinación de la cultura española a la árabe por parte de algunos ensayistas maurófilos (especialmente Américo Castro) salteando el texto con referencias diversas (mayormente literarias, las arqueológicas son escasas) Es un texto que me resulta divertido, pero no demasiado riguroso.
Quel gâchis que ce livre! À partir de l'exceptionnel maitrise de son sujet, les sept siècles de présence musulmane en Espagne, Serafin Fanjul déploie page après page une rage anti- arabe pour essayer de démontrer que cette présence ne fut qu'une passagère occupation militaire, sans impact sur le passé et le futur de l'Espagne. Contredit par ses propres chiffres et par son indiscutable savoir, oubliant lorsque cela lui convient à la fois la contextualisation historique et l'objectivité de l'historien, il déçoit beaucoup le lecteur.
De nuevo un ensayo imprescindible, del que seguramente es el mayor erudito sobre el asunto en la actualidad.
Sobre todo es imprescindible para los fanáticos de las “3 culturas”.
Como ejemplo, me quedo con un par de frases: ”Y aun a riesgo de incurrir en pecado mortal de leso progresismo afirmamos que la unificación —insistimos— más política que religiosa acometida por los Reyes Católicos y continuada por sus sucesores ahorró a España gravísimos conflictos internos que aun colean en países como Turquía, por ejemplo”.
Sobre la reconquista: “La misión histórica de España recuperando su integridad territorial es para sus protagonistas, antes que nada, una restitución de mera justicia”