La infinita banalidad
No es fácil escribir de algo que te ha decepcionado. No es fácil leer en un fajín 3ª edición, no es fácil leer en la solapa el manuscrito de esta novela despertó una extraordinaria expectación en Frankfurt y se han firmado contratos de edición en más de veinte países, no es fácil perder a una madre ni tampoco es fácil sentirse como un salmón nadando a contracorriente cuando eres incapaz de encontrar una reseña negativa de este libro. Todo son elogios: brillante, lúcida, conmovedora, dice Juan Marsé. Y sobre todas las cosas, no es fácil escribir sabiendo que mi opinión tal vez ofenda a un amigo al que valoro mucho, y que valora a Milena.
Pero la vida no es fácil. Hoy me toca hacer de Tongoy.
La revelación de 2015, decían. El segundo libro de Milena Busquets Tusquets. Menciono su nombre completo, porque hay que encuadrar el paisaje completo. Milena es hija de Esther Tusquets, la mítica editora de Lumen. Esther Tusquets falleció en 2012 y su hija tramita su dolor con este libro.
¿Cuál es el hilo narrativo? La hija (que en la novela se llama Blanca -también seis letras y acabada en -a, qué cosas-) está en el entierro de su madre y se dispone a irse de vacaciones a la casa familiar del exclusivo pueblo de Cadaquès. Se lleva a su familia: sus hijos, dos exmaridos (los padres de los críos) que se llevan bien entre ellos, y sus dos mejores amigas.
Hay dos extremos en este libro que, como un péndulo, van atrayendo la narración como centros gravitacionales: la muerte y el sexo. Así, tan original como lo leen. Busquets Tusquets trata de aligerar la muerte con un canto a la vida que básicamente consiste en flirtear mucho (incluso en el mismo cementerio donde están enterrando a s̶u̶ ̶m̶a̶d̶r̶e̶ la madre de la protagonista en un fragmento sonrojante que no reproduciré, página 13), acostarse con un hombre casado y mantener coqueteos con sus ex’s y broncas con sus amigas. La narración es ligera, es capaz de pasar en la misma frase del verbo follar al recuerdo a la madre muerta y volver a recordar a la criada que les hacía la comida cuando eran niños.
La ligereza, en esta novela, no es una cualidad, sino más bien una muestra de descuido en la escritura. Un todo vale en el que nada importa, porque sabes que escribas lo que escribas, te lo van a publicar, incluso aunque tengas una incongruencia de este calibre en la primera página:
“Por alguna extraña razón, nunca pensé que llegaría a los cuarenta años. A los veinte, me imaginaba con treinta, viviendo con el amor de mi vida y con unos cuantos hijos. Y con sesenta, haciendo tartas de manzana para mis nietos, yo, que no sé hacer ni un huevo frito, pero aprendería. Y con ochenta, como una vieja ruinosa, bebiendo whisky con mis amigas. Pero nunca me imaginé con cuarenta años.”
Y así todo. La concordancia, el léxico, todo.
Es, no sé si voluntaria o involuntariamente, un retrato escombrario de lo que queda de la gauche divine que pobló la vida cultural catalana y española en los 70–80. Escombrario, porque de aquella progresía quedan los hijos, criados con dinero y completamente disolutos, sin proyecto vital, sin carácter, sin nada. Porque el elitismo que asoma en referencias a la vida familiar haría palidecer a la generación de sus padres (“Afortunadamente, va vestida como una mujer de provincias”, descripción de la esposa del hombre con el que se acuesta). Y porque la frivolidad permanente -imposible de hacer pasar como irónica o autocrítica- diluye el objetivo narrativo: el mensaje del libro. Hay que tener una mano muy diestra para combinar dos fragmentos de estos registros y que quede bien:
“ — Lo he comprado [una botella de champán] porque tengo un disgusto horrible. Me acabo de enterar de que se ha muerto mi ginecólogo.
— Vaya — digo yo — . Lo siento. Qué putada.
Se sienta a la mesa con aire abatido y se queda pensativa unos instantes. No sabía que le tenía tanto cariño a su ginecólogo. Me pregunto si me va a robar mi duelo.
— ¿Os dais cuenta? — exclama de repente, levantando la cabeza — . Es el primer hombre que ha tenido las manos dentro de mi coño que se muere.
Respiro aliviada.”
Con:
“Nunca volveré a ser mirada por tus ojos. Cuando el mundo empieza a despoblarse de la gente que nos quiere, nos convertimos, poco a poco, al ritmo de las muertes, en desconocidos. Mi lugar en el mundo estaba en tu mirada y me parecía tan incontestable y perpetuo que nunca me molesté en averiguar cuál era.”
Esto SÍ. Lo otro es imputable en el Tribunal Penal Internacional de La Haya.
Resumiendo: una decepción en lo argumental, en lo narrativo y en el fondo. Literatura leve y banal en su inmensa mayoría, con destellos ocasionales de profundidad, que no responde a lo que cuentan las decenas de reseñas positivas que ha recibido.
Es algo que algún día tendríamos que empezar a plantearnos como personas metidas en el mundo editorial: cuál es la imagen que se proyecta al seleccionar determinados libros, y mostrar siempre su lado amable. Es imposible casi encontrar en prensa generalista y suplementos una crítica fundamentada sobre una obra, y sobre todo, una crítica negativa. Pasamos a sacar al escaparate lo que nos gusta, o lo que publican nuestros amigos: y todo es imprescindible, todos están escritos con brillantez y maestría.
Y yo he sido incapaz de encontrar una reseña negativa de este libro tan, en mi opinión, decepcionante. Creo que esto es un síntoma. Y no de algo bueno.