A principios del siglo XIX surgieron de los guetos judíos de Frankfurt algunas de las sagas de banqueros más destacadas de la historia de nuestro tiempo. Estas familias germánicas, los Rothschild, Goldman, Sachs, Seligman, Guggenheim, Loeb, Lazard, Oppenheim y Warburg, protagonizaron una diáspora por toda Europa, fundando las primeras firmas de la banca internacional tal y como la conocemos hoy. Sólo los templarios, los grandes financieros de la cristiandad, alcanzaron logros tan reseñables entre los siglos XII y XIV.
Las banqueros de Frankfurt eclipsaron a venerables casas británicas como la de los Barings y a la haute banque francesa. A su llegada a los Estados Unidos, los viejos príncipes europeos rivalizaron con nuevos magnates protestantes como J.P. Morgan y la familia Rockefeller. Estos financieros internacionales sin embargo aprendieron a cooperar para alcanzar objetivos comunes, como en 1913, cuando el Congreso aprobó la creación de la Reserva Federal. Sólo años después se supo que la ley que dio lugar al tercer banco central de los Estados Unidos la esbozaron secretamente en 1910 un puñado de hombres, representantes de las grandes dinastías bancarias, en un exclusivo resort ubicado en una isla de Georgia.
Esta es la sorprendente historia de cómo un reducido grupo de banqueros de inversión, unidos por lazos familiares y empresariales, dirigió la historia de occidente desde comienzos del siglo XX, financiando guerras y revoluciones, con el fin de cumplir el sueño de cualquier gran magnate de la banca; naciones esclavizadas por la deuda y monopolios de Estado.