Con la sabiduría y sensibilidad características de la poesía de Robin Myers, Tener concentra los materiales de los que estamos hechos, los espacios que llamamos nuestros. ¿Qué nos hace humanos? ¿Cuáles son las experiencias que nos forman y quizás más importante que nos deforman? La voz de Tener es una, pero conoce varias la del desierto, con su voluntad particular; la de las hormigas y sus dientes diminutos; el parpadeo incesante de las luciérnagas; la de los verduleros que descargan sandías de una camioneta. Este libro no resuelve las observa con alegría o con vergüenza según el caso, consciente de que el rango de respuestas es demasiado amplio, demasiado complejo como para llegar a conclusiones apresuradas sobre cualquier cosa. Inventario particular de anhelos y pequeñas manías, Tener pone sobre la mesa del lector aquellas formas que, sin haber visto nunca, lo constituyen.
“De campamento en un olivar, calentamos agua para el arroz alrededor de una linterna que atraía una multitud de polillas diminutas, como de encaje, tenaces.
Sus cuerpos borroneaban la luz. Las ahuyentábamos con las manos y la respiración.
Pero muchas cayeron al agua y nos las comimos, hervidas;
no había manera de no comérselas.”
Se da en el poemario la insistencia denotativa del entorno cósico (?). ¿Habéis visto? Bueno, Myers se recrea en la exposición del hallazgo. Esto, cuando sucede de forma tan voluntaria y sucesiva, puede acabar fundiendo todo hallazgo en una sola enunciación. No obstante, hay algunos poemas todavía ricamente rebozados de misterio, como el que arriba traigo, con el lenguaje propio de las insignificancias cotidianas. Con eso me quedo.
3.5⭐️ Me molesta que la traducción esté en masculino. La voz narrativa es indudablemente femenina. “Yo sufrí tan poquito, a fin de cuentas, teniendo en cuenta, en la comparación, el fin. Lo de siempre, muertes como estrellas, muertas, arrojando su frágil luz sobre mí durante la porción de eternidad de la que me toque estar al tanto; amores que empiezan y terminan porque para eso están, y alimentarse inevitablemente del cuerpo que se come a sí mismo, que es tu cuerpo y el mío”.
Escribe hermoso Myers. Había leído algunos de sus poemas sueltos en internet y me había gustado, pero la experiencia de leerla en un libro que sigue, a pesar de su carácter antológico, una línea, es muy distinta, mucho más intensa y envolvente. Por lo demás, se agradece lo cuidado de las ediciones de Bisturí 10. Son hermosas, también.
A comparación de Lo Demás, me pareció que hay una búsqueda más de la condensación, de los significados y las citas, los cortes de verso, la música y el ritmo. Los poemas no tienen más títulos, ni tienen la misma claridad. En este sentido creo que se pierde mucho más en la traducción.
Un ítem que me resultó extraño es la elección de una voz masculina en la traducción:
Yo tenía siete años y tenía un ataque de desesperanza, y estaba enamorado del consuelo que buscaba, y tenía la suerte de recibirlo.
I was seven, and in despair, and in love with the comfort I sought, and lucky enough to receive it.