Este es un libro de meditación de gran riqueza. Tiene tintes antiguos en su visión del pecado, pero qué grandes reflexiones sobre la alegría. Copio algunas que me marcaron:
"Una ayuda indispensable para la alegría consiste en desarrollar el sentido del humor, que no significa ser ingenioso, contar historias divertida y haver reír a la gente: es la capacidad adquirida de descubrir los contrastes y las incoherencias de la vida, especialmente de la nuestra y reirnos de ellos" (página 58)
"La fortaleza es uno de los fundamentos de la alegría, te lleva a enfrentarte a las inevitables desgracias de la vida y en especial a la muerte, sirviendo a Dios con coraje y perseverancia. El sufrimiento de Cristo te servirá de modelo. Mirarás la felicidad del cielo con corazón esperanzado y hasta los mayores sufrimientos te parecerán un precio insignificante que pagar a cambio de esa recompensa. Trata pues de superar esa cobardía, la autocompasión y la falta de confianza en la bondad de Dios, que son obstáculos para tu alegría y te hacen quejarte constantemente a Dios y a cuántos te rodean de los sufrimientos que te toca soportar.
No te tomes demasiado en serio a tí mismo. Aprende a no dejarte desanimar por tus errores. Ningún ser humano es capaz de evitar el fracaso. Lo importante es evitar que los defectos y errores puedan contigo. Los recordimientos son un gasto de energía descomunal. Sobre ellos no se puede construir...
Si no te detienes y encaras tus problemas con coraje y esperanza, no podrás influir positivamente en otros. El coraje y la esperanza son contagiosos. Difunde estas virtudes entre las personas con las que te relacionas: te estarán haciendo a ti y también a ellas un favor incalculable" (página 56)
"Participa en el apostolado de la sonrisa. Tu sonrisa está al servicio de Dios: es un instrumento para ganar almas. La gracia santificante que habita en tu alma le añadirá dulcura y le permitirá hacer mucho bien.
Sonríe por dentro, hasta que notes que tu seriedad e incluso tu severidad, han desaparecido: hasta que hayas caldeado tu propio corazón fomentando en él una actitud alegre. Luego sal y sonríe.
Sonriendo puedes infundir nueva vida, esperanza y coraje en los corazones de los que desfallecen, de los agobiados, los desanimados, los tentados y los desesperados: puedes preparar el camino de regreso a Dios de un pecador: la sonrisa tiene el poder de trasmitir felicidad, alegría, satisfacción, valor y confianza a los corazones de los demás.
Deja que todos disfrutemos de la belleza y de la alegría de tu rostro sonriente. Y, sobre todo, sonríe a Dios en la amorosa aceptación de todo lo que permite que pase en tu vida y merecerás que el rostro radiante y sonriente de Cristo te mire con un amor singular durante toda la eternidad" (página 60)