La publicación de una obra como es De la masticación de los muertos en sus tumbas es todo un regalo para aquellos amantes de las historias de vampiros que quieran adentrarse en los motivos por los que se popularizó la gestación de este tipo de narraciones. Es fascinante comprobar como este ensayo de Michael Ranft pudo suponer un punto de inflexión para el desarrollo un mito fundamental dentro de la literatura de terror. Sobre todo cuando te adentras en su lectura y compruebas el empeño de este pequeño ensayo en desmitificar cualquier tipo de superstición para apostar por el razonamiento y la cordura en los planteamientos y como su publicación derivó en el efecto contrario.
Para quien no sepa de lo que hablamos, a principios del siglo XVIII se publicó este ensayo en donde se plantea el absurdo de las creencias en los vampiros mediante el análisis minucioso del caso de Peter Plogojowitz, un lugareño del que se decía que era capaz de levantarse de la tumba para causar la muerte hasta nueve de sus vecinos. La idea inicial no fue más la de desmitificar las creencias de los lugareños para poder así encontrar una explicación racional que tirase por tierra cualquier tipo de superstición.
Sin embargo este ensayo a ratos históricos, otras filosófico pero siempre fascinante se convierte en todo un tratado acerca de los vampiros que, contrario a su intencionalidad supone la expansión del mito a lo largo de toda la geografía europea. Pese al empeño y rigurosidad con el que Michael Ranft plantea el caso, plagado de múltiples referencias literarias y culturales que justifican cada una de sus tesis en un alarde de bagaje cultural propio de los clérigos de la época, el libro supone una constatación de las habladurías de los pueblos que veían cómo los aterradores rumores de seres que regresan desde sus tumbas merecían ser analizados y, en consecuencia, verificados.
De ahí que poder disfrutar de esta obra por primera vez en España, gracias a la excelente traducción de Sara Hernández Pozuelo, en una edición plagada de ilustraciones relacionadas con el mito sea toda una alegría. Más cuando te permite analizar desde la distancia la manera de plantear ese tipo de análisis concienciado del caso y simpatizar ante las conclusiones a las que el autor termina por alcanzar. La lectura supone un deleite para aquellos que amamos a los vampiros, descubriendo en el ensayo una gran cantidad de elementos propios de lo que luego se vería plasmado en este subgénero de la literatura de terror.
Leer una pieza como esta se convierte en toda una fascinante experiencia cuando se enfoca desde la admiración por entender cómo en medio de la oscuridad se trata de racionalizar en la búsqueda de la verdad, pese a que el resultado final se muestre un tanto pueril y tendencioso, matizado por todos los prejuicios habituales de la época. Sin embargo, la edición de la obra invita a disfrutar de esa oscuridad, a plantearse por un momento la certeza de unos hechos que conmocionaron a la localidad de Húngara de Kisilova y a, por qué no, imaginar que, en ciertos momentos, se pueden oír a los muertos masticando el alimento bajo sus tumbas.