Vagones transportan humo reúne textos escritos por el actor Alejandro Urdapillera para ser llevados a escena por el mismo o por otros interpretes. Algunos, como La Mamani o La Luna, datan de mediados de la década del ochenta; otros, como Diario de Karren o La Intergalactica, corresponden a un periodo de producción reciente. En su totalidad cubren quince anos de trabajo literario-teatral. Monólogos, obras dramáticas, poemas, relatos o esbozos de historias para espectáculos futuros ?en teatro, televisión o radio, las composiciones de Vagones transportan humo, editadas al cuidado de Jorge Dubatti, se conectan con la escritura de Copi, Osvaldo Lamborghini y Nestor Perlongher. Nada hay en este libro que deba se representado fuera de escena. Lo monstruoso, el deseo sin contención, la muerte, el sexo, lo prohibido, lo onírico, la enfermedad, lo humillante, lo perverso, la locura, el odio, lo políticamente incorrecto, todo aquello que escapa a un mundo organizable dentro de los limites de la razón y la culpa, es la materia de la poesía de Urdapilleta.
Loca, sucia, marginal, incorrecta, onírica, maricona, luminosa Urdapilleta. Los textos Las fabricantes de tortas, La paralítica, El comilón y los poemas Sombras de conchas y Estaba tan aburrida son hermosos.
Fue un placer extremo para mí volver a encontrar, de alguna manera, a este artista insuperable e irrepetible que ha transitado por varios caminos del arte dejando en todos ellos una huella imborrable. Y digo volver a encontrarlo (y agrego) con algo nuevo, ya que a esto me refiero esencialmente porque no había leído ninguno de sus tres libros y al comenzar a hacerlo, siguiendo el orden de edición de cada uno de estos, con este hermoso material he vivido nuevamente la sorpresa y el deslumbramiento que sentí al ver por primera vez sus actuaciones en vivo y sus videos, y demás materiales de actuación, que debo llevar vistos, sin exagerar, un centenar de veces en su conjunto, repitiéndolos y siempre disfrutándolos. Por eso, este libro fue sorprenderme por primera vez nuevamente, disfrutando, por tal motivo, mucho más que ante algo que ya conozco y vuelvo a revisar (rever), y los textos, la prosa, los poemas, los dibujos y el arte todo del maravilloso Alejandro Urdapilleta me han conmovido una vez más. ¿Resumir este libro? Arte literario y gráfico en el estado más puro, salvaje (y por lo tanto auténtico) y conmovedor de lo que se puede desear.
Urdapilleta tenía una forma de escribir muy única, utilizaba la vulgaridad y salvajez para evidenciar lo que sucedía; como una denuncia. Este libro es uno de mis favoritos por la forma en la que se deja ver esta particularidad. Desde escritos muy conocidos hasta algunos bastante íntimos que meten al lector en un mundo propio. A veces con humor, a veces con melancolía pero casi siempre el sabor es agridulce.
Una recopilación de textos a los que parece que les falta la interpretación. No todo lo que se piensa para ser puesto en palabras se traduce muy bien para leerse en el tren. Lo interesante es como cuando se puede hacer una lectura pausada de las palabras, sale a luz toda la lectura que se necesita para decir vulgaridades.