ntes que viento, que luz, que sombra y que montaña antes, muy antes- ya existían estos poemas en algún lugar, tal vez flotando bajo el aire. Sólo un poeta de la disciplina, oído y claridad de Alí Chumacero podía extraerlos del éter y presentarlos, reunidos, para enseñar al que lee a nacer en el fondo de la noche, a vivir de oírse el cuerpo y a entregarse al tiempo.
Fue un poeta, ensayista y editor mexicano. Como poeta, sus obras más conocidas son Páramo de sueños, Imágenes desterradas y Palabras en reposo; que no fueron reconocidas en un inicio. Fue más conocido por su trabajo editorial, entre el que está la edición y revisión de la novela icónica Pedro Páramo, de Juan Rulfo. Es reconocido por sus largos años de arduo trabajo en el Fondo de Cultura Económica, y por relacionarse con diversas personalidades del círculo cultural de México del siglo XX, habiendo conocido a personalidades como Octavio Paz, Alfonso Reyes, Luis Cernuda, Gilberto Owen, Eduardo Lizalde, entre otros.
Chumacero es descrito por muchos de sus conocidos como un hombre que era amable, simpático y buen conversador. En sus palabras: "La seriedad es una forma de la muerte. Por eso nunca hice una carrera, que es el sueño de todo hombre solemne: tener éxito, poder, autoridad. El hombre alegre tiene, por supuesto, momentos de sosiego para ponerse a escribir y debe aprovecharlos a plenitud".2 Se describía a sí mismo como un obrero de las letras;2 pero por sus amigos y conocidos, por ejemplo Eduardo Lizalde lo describía como un "eminente poeta, eminente editor, sabio; un poeta de los más importantes".3
//precioso. lo leí con 2 horas de sueño, entonces probablemente aluciné la mitad... pero aún así HERMOSO. Olas de luz tu voz, tu aliento y tu mirada en la dolida playa de mi cuerpo; olas que en mí desnúdanse como alas, hechas rumor de espuma, oscuridad, aroma tierno, cuando al sentirme junto a tu desnudo se ilumina la forma de mi cuerpo.
Un mar de sombra eres, y entre tu sal oscura hay un mundo de luz amanecido.
Poesía de sensaciones, desvarios y uno que otro reclamo. Sin duda un libro (reunión de toda su poética) al que hay que regresar en una relectura reposada. Nada cuenta y todo está en un flujo permanente aunque, paradójicame, hablen palabras en reposo.
¿Ante qué estamos? La razón, me parece, siempre va a la zaga de la emociones, sólo el idioma les coloca un cincho para, entre otros ángulos, vertir el mundo bíblico a su manera. Rasco palabras al español cuando en realidad debo reposar y volver al encuentro de un corpus que es un universo abierto.
Imposible aterrizar en la dicotomía de un "me gustó" o "no me gustó". Si alguna gramática lo define, el movimiento lo transforma en hoguera. Cala, asombra y aturde, sin duda hay que regresar una y otra vez.
Poesía de la sombra y la ceniza; no de la loca ardiente pasión que nos desvive bajo la luz de un fuego inexplorable, sino el lento apagarse, sofocado, de una pasión de la cual no pervive el recuerdo sino que habita el olvido. Poesía del sueño y del mar; de lo que invoca sumergirse aguas adentro y perderse bajo la lenta muerte de la luz. Poesía de las rosas marchitas, del amor inacabable y sin embargo, inconcluso y sin retorno; poesía no de la luz ni la esperanza, tampoco de la catástrofe y el apocalipsis, sino del breve intersticio entre estas dos figuras en la que no se acaba el mundo pero no termina de nacer ningún otro.
La poesía de Alí Chumacero me sorprendió por su dominio en el verso, por el cuidado que le exige a sus lectores en la composición de la estrofa. No es un poeta en el que la disposición del verso (el acomodo en la página) importe mucho. Hasta donde recuerde solo hay un poema en donde juega con dicho acomodo. Chumacero no innova profundamente en el terreno de la forma, sino que reclama para él la profundidad del fondo, de los contenidos y de los temas. Los objetos de Chumacero están bien delimitados y su poesía puede ser la infinita variación de éstos: el sueño, la vigilia, la ceniza, el olvido, la muerte, el amor, la tranquilidad, la oscuridad, las rosas y el mar.
De esta forma, estos temas van hilando un mosaico en la que mediante estructuras clásicas (sol soneto, la elegía, los versos endecasílabos, octosílabos y alguno que otro alejandrino) Chumacero va tejiendo su obra poética. Alguna lejana comparación lo ponían en el espejo de Rulfo: desde su callada personalidad hasta su breve obra (toda su poesía completa no llega ni a las 200 páginas) y creo que dicha comparación no solo se justifica en el reverso del texto sino en sus propios mecanismos: Chumacero también está obsesionado por lo que la palabra, la lentitud y la oración (oi en este caso el verso) puede todavía expresar en lo que puede denominarse como una sobriedad poética. Esta escasez -los poemas de Chumcaero no exceden a lo mucho y los más largos las tres páginas- solo adquiere su contrapeso en el cuidado de la construcción y el artificio verbal. Chumacero no es el poeta que arranca en el exceso y se deja llevar por su pluma incendiaria; no es un poeta de la hipérbole, de lo desmedido, lo dionisíaco, de la palabra creadora de mundos. No. Chumacero es más bien el poeta que hubiera sido Rulfo: el lento, profundo, cuidadoso y medido; el que reflexiona antes de cada palabra, el que mide su alcance, la estridencia de su voz.
Aunque soy un lector que se deja embriagar por la poesía vertiginosa, la que se siente como una caída abismal, Chumacero me gustó bastante. Entendí que el verso y la composición están íntrisecamente ligados en una unión onto-poética inimaginable. Casi como si en el verso dependiera el equilibrio del universo. También, aunque sé que es un poeta al que regresaré de vez en cuando sé que no está en mi cabecera de la poesía mexicana a la que poco a poco me voy consagrando y conociendo. Eso sí hay un verso de Chumacero que podría ser su gran aportación, y aunque sea sólo un verso, en él se cifra un mundo de experiencia a la que muchos poetas ni se atreven a soñar:
Esa una poesía de un nivel alto, se nota que es de los grandes escritores contemporáneos, necesitará unas cuantas revisitadas
"Debate del cuerpo: Lamento que entre tumbas se consume como época de sombra en una desatada tempestad, mi corazón esparce su evidencia, su dura flor de roca desolada y al desbordarse forma un cálido latir sobre la piel; golpean más allá del cuerpo sus defendidos límites prolongando su extrema vigilancia contra un mundo al fin eco de mi sueño.
En ceniza y olvido ha de morir, mas hoy insiste aquí como quien baña con un lenguaje mudo sus palabras, surgido de una voz que interminable se repite acaso en sombra madurando, a través de su luz dormida sobre los sentidos para crear un mundo de armonía, como un deshecho aliento que retoma a su origen y vuelve a ser imagen de su fuente.
Y soy yo mismo su violento impulso al anegarme entre mi propia carne, viviendo en ella defendido, cómplice de mi ser que contra el tiempo me levanta con su voraz sentir la vida dentro, y me abandona a cóleras y miedos, me hunde en témpanos de espadas, cuando al mover sus aguas con mis labios, en lucha contra mi recuerdo, frente a formas ajenas a mi imagen, como un abismo ya sin nada cercano al corazón, en ella me refugio, convencido de que existo en la vida de mi piel, habitando el sepulcro de mi cuerpo.
Aquí me encuentro oscuro e incorpóreo, sin un viento que cambie mi identidad continua, y luego me someto a su olvidado duelo de lágrimas calladas, como nace un olvido de otro olvido y una roca es igual a su dureza.
Habito mi probable noche, mi laurel de adversario sobre la arena trémulo abatido, y viajo por mi cuerpo en testimonio de que no existe un espejo o simple fuente contra mí rebelde, porque soy mi enemigo sentenciado, mi propia víctima, la orilla saciada entre sus límites, en un constante incesto o presagio de mar que no requiere playa."
"Poema de amorosa raíz: Antes que el viento fuera mar volcado, que la noche se unciera su vestido de luto y que estrellas y luna fincaran sobre el cielo la albura de sus cuerpos.
Antes que luz, que sombra y que montaña miraran levantarse las almas de sus cúspides; primero que algo fuera flotando bajo el aire; tiempo antes que el principio.
Cuando aún no nacía la esperanza ni vagaban los ángeles en su firme blancura; cuando el agua no estaba ni en la ciencia de Dios; antes, antes, muy antes.
Cuando aún no había flores en las sendas porque las sendas no eran ni las flores estaban; cuando azul no era el cielo ni rojas las hormigas, ya éramos tú y yo. "
La obra presenta una recopilación de varios escritos del poeta mexicano, quien extrae de la memoria universal los versos conjurados al amor, silencio, soledad, sueño y muerte.
Su prosa denota precisión en el arte de encontrar la palabra indicada para transferir la imagen y tocar la emoción.
Comparto un verso del poema: El sueño de Adán, correspondiente al poemario Amor entre ruinas.
El poema de Alí Chumacero explora la conexión entre el amor, la muerte y la memoria. El recuerdo perdura en las cenizas y el humo del pasado. La experiencia deja huellas en el alma, porque la mujer es esencial para encontrar significado en la vida.
La poesía de Ali Chumacero es romántica hasta el tuétano. Me gusta, la prefiero sobre otros poemarios... Cuando la vuelva a leer le construiré una reseña más elaborada.