Ella se convirtió en su obsesión. Cometió errores imperdonables y por eso perdió lo que más quería en la vida. La culpa y el arrepentimiento lo han perseguido noche tras noche. Cuando Alexander Lindstrom ve la oportunidad de redimir sus culpas, no lo duda. Solo actúa y arriesga su vida y carrera.
Pero aunque ha salvado a la que consideraba su mujer e hija. Esto no ayuda para aminorar su pena.
Sigue solo y apartado de cualquier relación amorosa e incluso de su familia. Él sabe que es peligroso. Un hombre violento. Se siente tan indigno, que cree que no puede ser bueno para nadie.
Tal vez lo único que necesita es abrir los ojos ante lo que la vida le ha puesto en frente y darse una oportunidad de ser feliz.