Carlos Peña parte su deliberación sobre el consumismo debido a la simple idea que se tiene de él. Suele considerársele como:
“una forma de codicia, de falta de reflexión acerca de las verdaderas necesidades humanas, como una colaboración irreflexiva con un sistema que atraparía a los seres humanos en una cadena sin fin de apetitos y deudas, una rutina que encierra a los seres humanos en una jaula de hierro donde todo es vanidad”
Carlos Peña intenta echar ciertas miradas contrarias, o de mayor alcance, a las que hace Sandel en su libro (que no he leído) considerando una amplia literatura clásica de la sociológica y filosofía.
Una de sus ideas principales: el mercado nos hace libres.
La expansión del mercado y el consumo son fenómenos netamente modernos y contrarios a la sociedad tradicional. En esta última, el intercambio requería comprometer nuestra personalidad, memoria y vínculos familiares, además de hacer cohesionar una misma conciencia moral que nos dirigía. En cambio ahora, con la impersonalidad y expansión del mercado moderno, somos más libres y autónomos para poder realizar nuestros distintos planes de vida que nos diferencien del resto, pero con una incapacidad subyacente para poder generar vínculos que nos orienten.
El mercado brinda igualdad a los individuos al tratar temas como las preferencias y elecciones que estos posean, dejando a su libre decisión la vida que estos quieran hacer de sí mismos sin la intervención de otros.
Al detrimento de los vínculos sociales que se vuelven más subjetivos, junto con el proceso de diferenciación e individuación que nace de la modernidad, se añade otro fenómeno importante: el mundo social se vuelve contingente: “cunde la conciencia de que el mundo es de una cierta forma, pero que podría ser de otra. El mundo social deja de estar atado al tradicional, a un mundo trascendente o a la memoria, carece de referencias fijas que lo orienten en momentos de desconcierto…”
El sujeto más libre y autónomo, y falto de orientación que lo dirija, caería en el fenómeno de la anomia que indicó Durkheim: aquel sentimiento de desamparo que culminaría añorando -quizás-, una vida anterior mucho más colectiva o de comunidad.
Si bien en el libro hay un orden metódico que avanza, las reiteradas repeticiones de los conceptos hacen que esa linealidad se quiebre y se sienta más bien como un texto que va espiral. Bueno, no sé, quizás podría ser un poco más ordenado.