Quizá la critico con demasiada subjetividad, siendo dominicana, una no puede evitar sentirse un poco aludida. Sin embargo hay que admitir que ciertas cosas sobre la idiosincrasia dominicana si que son ciertas hasta hoy día.
Claro, ya no se vive en miseria, estoy segura que si fuera el caso de hoy, en lo que respecta a encontrar trabajo y vivir una vida relativamente digna les estaría asegurado...pero en lo que respecta a la gente, todavía puede quedar mucho que pensar.
Es interesante, como decían en otra reseña, ver cómo era el dominicano de 'a pie', sin adornos ni romanticismo, en una época histórica de nuestro país en la que la censura era el pan de cada día. Mucha gente, que se queda con lo que contaban los intelectuales desde su perspectiva privilegiada se atreven incluso a aclamar que aquella fue la 'época' de oro dominicana. Lo cierto es que seguro que sí fue una época de oro, pero no para la gran mayoría, que en ese entonces eran los que menos voz tenían.
Ahora bien, debo aclarar que estas son las recolecciones de un extranjero que no conocía nuestra cultura, que venía de un país mucho más rico. Es posible que su experiencia haya sido mucho peor que la de un dominicano promedio en esos días, acostumbrando a su país. Y claro, la personalidad del dominicano no puede construirse meramente en base a estas recolecciones subjetivas.