Parecería que ciertos conceptos ya se encuentran instalados plenamente en el imaginario colectivo, la ciudadanía es uno de ellos, solemos considerar que basta con haber nacido en determinado territorio para adquirirla y que poseerla supone el establecimiento de un tipo de contrato social basado en obligaciones y derechos frente a la entidad política del Estado. No obstante, Cooper nos conmina a reflexionar con mayor profundidad sobre la noción de ciudadanía en el siglo XXI, sus tensiones, conflictos y mutabilidad, sobre todo cuando, en un mundo interconectado, desigual y diferente, como nos adelanta desde el título, la ciudadanía no significa lo mismo para casi nadie, habida cuenta de los conflictos socio-territoriales y las profundas divergencias según la región del mundo que habitemos. Hoy, en suma, la ciudadanía debe reformularse bajo la óptica del mundo contemporáneo, en la búsqueda de que otorgue, con los marcos jurídicos adecuados y los patrones de cooperación y entendimiento global, los derechos consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.