Desde el primer capítulo noté la descripción esencialista de atmósferas que –con escasos detalles– permite imaginar la iluminación y las sensaciones generadas por los espacios. Lo sucedido dentro del hospital psiquiátrico me recordaba –quizá también un poco por la temática– a “La montaña” de Rick Alverson con sus colores pasteles y techo tapizado por fluorescentes, quizá alguno más magenta o verdusco que el contiguo y otro titilando sin embargo todos operando como unidad iluminando de manera uniforme e insípida; la casa de los Aspers, espaciosa y vieja, si bien con ventanas se mantiene oscuro delatando su ubicación en una ciudad con clima nublado y que recuerda al pasado de los Aspers en Manchester y finalmente con áreas empolvadas donde la interacción familiar sucedería.
“Hay vitrinas en el comedor, en la sala, en la cocina y en los pasillos. En sus repisas descansa una serie de objetos frágiles y sin utilidad aparente. […] Me pregunto de dónde vienen y para qué son. Nunca salen de sus escaparates. Están con llave, como si fueran valiosos y nosotros, ladrones.”
En este ambiente lúgubre, tétrico y pesimista existe esta novela concreta a dos líneas cronológicas que nos relata la traumática existencia de –reacia a su nombre inglés– Josefina Aspers a quien le es más familiar el abandono, la orfandad y la retaliación que padres, quienes no figuran afectivamente en su vida; Josefina sobrevive, apenas, conviviendo con Ramona, la sirvienta de la casa y su hermano Juan. Debido a esto Arde Josefina me comunica temas como la frialdad aprendida que desarrolla Josefina y la descarga de traumas y violencia no intencionada en su relación con Terry (“y en el inescrutable sadismo que implicaba volver a amarnos”) con la cual se sobreentiende la disfuncionalidad en sus demás relaciones interpersonales.
“A diferencia de la antigua casa en Lindavista, el departamento de Pachuca es un lugar sin carácter, pero igualmente feo. Todo en la cocina es de plástico. Mi cama es un tubo cromado con dobleces. No hay nada de vidrio, nada punzocortante, nada flamable, nada valioso.”
Sobrevive. Con inminentes secuelas traumáticas causadas por la relación con sus padres, quienes no podrían estar más ausentes emocionalmente, actuar a la defensiva y que creen plantear el éxito para Josefina –aportan de manera distanciada los elementos para su desarrollo, una muy buena escuela y un departamento para ella sola–. A pesar de haber incendiado su casa, recibe pocas represalias más de lo que ya está acostumbrada: sus padres hacen poco al respecto, cobran el seguro y omiten su actuar debido al miedo a la humillación, lidiar con ello como un asunto de relaciones públicas en vez de una cuestión de hogar. Este asunto de familia, además, deja claro temas de maltrato y su naturaleza: no está relacionado con la crianza homoparental, con ser madre soltera o padre soltero; es algo que existe y poco se hace al respecto porque existe dentro del marco de las instituciones pues se permite una especie de abandono legalizado, Josefina firma unos papeles para hacerse cargo de su hermano Juan, si bien con recursos proveídos por sus padres, se traslada la responsabilidad paterna a alguien que no la pidió, quien sin embargo conoce y quiere más a esta persona. Como bien recuerda Josefina, entiendendo el poco valor de sus padres en su vida, son como unos lunares que le quitaron de pequeña: “Ahora están, ahora ya no están.”
Algo que ocupó una parte considerable de mi mente mientras leía era el misterio que plantea Josefina sobre un supuesto asesinato, es una incógnita que pesa mucho al despertar en el lector o la lectora un pensar más asiduo de género thriller/ misterio. Ante la inexistencia de dicho crimen, leemos dolorosamente cómo se despliega esta paranoia y que en realidad es la consolidación y manera de ahondar en el estado de negación que invade a Josefina al confrontarse con la muerte de su hermano (“Porque el autoengaño suele convertirse en decepción”) así como sugerir la inminente pérdida de cordura de Josefina.
Finalmente, las resoluciones de ambas cronologías son igual de contundentes como repugnantes: la primera poniendo la piedra clave todo el desastre que está por suceder y la segunda develando el infierno en vida que acabamos de presenciar pero en el que Josefina permanecerá hasta perderse por completo.
“Somos huérfanos,
siempre lo hemos sido,pero ahora
nuestros padres están muertos.”