El 20 de julio de 1969 la misión espacial del Apolo XI se posa en el Mar de la Tranquilidad, convirtiendo a su comandante, Neil Armstrong, en el primer hombre que pisa la Luna. Las noticias sobre el viaje son el hilo conductor de esta novela protagonizada por un adolescente que, fascinado por estos acontecimientos, asiste al nacimiento de una nueva época; el universo que le rodea comienza a serle tan ajeno como su propia felicidad infantil.
En 1969 la vida en la ciudad de Mágina transcurre con la regularidad con que las cosas han sucedido siempre, en el tiempo en apariencia detenido de una larga dictadura. Antonio Muñoz Molina transmite como nadie la fragilidad de instantes capaces de cambiar una vida, como la llegada del primer televisor a casa, la conciencia del incalculable consuelo de la lectura o el descubrimiento de un secreto que ha marcado a la ciudad desde la guerra civil.
Historia de iniciación magistralmente narrada, El viento de la Luna posee elementos que remiten al mundo de escritores como Salinger o Philip Roth, pero también es un nuevo episodio en el ciclo narrativo de Mágina, como reconocerán enseguida los lectores de Beatus Ille y El jinete polaco. La imagen de un futuro de ciencia ficción a los ojos del protagonista que ya es recuerdo nostálgico para el lector es uno de los mayores aciertos de esta cautivadora novela.
Antonio Muñoz Molina is a Spanish writer and, since 8 June 1995, a full member of the Royal Spanish Academy. He currently resides in New York City, United States. In 2004-2005 he served as the director of the Instituto Cervantes of New York. He was born in the town of Úbeda in Jaén province. He studied art history at the University of Granada and journalism in Madrid. He began writing in the 1980s and his first published book, El Robinsón urbano, a collection of his journalistic work, was published in 1984. His columns have regularly appeared in El País and Die Welt. His first novel, Beatus ille, appeared in 1986. It features the imaginary city of Mágina — a re-creation of his Andalusian birthplace — which would reappear in some his later works. In 1987 Muñoz Molina was awarded Spain's National Narrative Prize for El invierno en Lisboa (translated as Winter in Lisbon), a homage to the genres of film noir and jazz music. His El jinete polaco received the Planeta Prize in 1991 and, again, the National Narrative Prize in 1992. His other novels include Beltenebros (1989), a story of love and political intrigue in post-Civil War Madrid, Los misterios de Madrid (1992), and El dueño del secreto (1994). Margaret Sayers Peden's English-language translation of Muñoz Molina's novel Sepharad won the PEN/Book-of-the-Month Club Translation Prize in 2004. He won the Jerusalem Prize in 2013. He is married to Spanish author and journalist, Elvira Lindo.
«Pero en los sueños de cada amanecer vuelven los que se fueron yendo uno por uno a lo largo de los años, y en sus presencias regresadas hay algo, un punto de rareza, de absorta melancolía, que me avisa sin que yo sepa comprenderlo de que aunque los vea y les hable y me parezca que permanecen idénticos a mi recuerdo ya no están en este mundo de los vivos.»
Hacía tiempo que unas líneas no me dejaban tan triste pero a la vez ponían tan bien en palabras algo que siento algunas madrugadas al despertar; de ahí las 5 estrellas, que deberían ser 4 en líneas generales. He disfrutado especialmente con las descripciones de este autor, tanto las de los entornos rurales y domésticos donde transcurre la novela, como las del espacio, donde se imagina el protagonista, que vive con entusiasmo la llegada del hombre a la Luna. Una muy grata sorpresa.
Beim Zeus! Wer auf Wissenschaft und Technik steht und wer der Poesie nichts abgewinnen kann, dem rate ich tunlichst von diesem Buch ab! Der Klappentext verspricht zumindest einen Einblick in das Leben eines 12-13 jährigen Jungen im Andalusiens 1969 während der Mondlandung. Was man bekommt, ist genau das. Leider nicht viel mehr, außer dass der Junge ständig am Wichsen ist, seine Eltern nicht versteht und nur Bücher liest. Außerdem liebt der Autor Kommas über Alles! Pro Seite - zwei Sätze. Dem Buch fehlt vor allem Handlung. Gefühlt spielt es nur in der Zeitspanne während der Mondlandung - also vom Start bis zur Landung - der Rückflug war offensichtlich überflüssig. Zwischendurch gibt es einen unerklärlichen Zeitsprung in den Dezember der Vorjahres - wahrscheinlich weil der Junge da rausgekriegt hat, dass der Pimmel noch zu anderen Sachen gut ist. Ich kann da leider nicht aus Erfahrungen schöpfen, aber vielleicht denkt ein 12 Jähriger wirklich nicht weiter als seine Körperflüssigkeiten fliegen können - für mich als Leser war es jedoch langweilig bis ekelig. Aber ich bin wahrscheinlich nicht die Zielgruppe. Das Buch hatte ich vom Flohmarkt der Stadtbibliothek - und eingeordnet war es unter "Familie". Interessante Wahl.
Einzig positiv möchte ich die Beschreibungen der Geschichte der Eltern, Großeltern und Nachbarn erwähnen - darüber hätte ich wirklich gerne mehr erfahren.
Me encanta el Muñoz Molina reminiscente de su infancia en un pueblo perdido de Jaén, el contraste entre la pobreza material y mental de su entorno y los avances que le van llegando a través de los medios de comunicación. Me gusta sobre todo porque sabe distinguir perfectamente entre capacidades y circunstancias, el atraso no es nada endémico de un pueblo o una región sino la consecuencia de la pura mala suerte de haber nacido en un lugar y en una época determinados. MM sabe homenajear a la gente de su entorno con la que se sintió completamente enajenado, la diferencia nunca se convirtió en desprecio. Y si te lees esta novela y después echas mano de los "Tintos de verano" de Elvira Lindo como he hecho yo, la experiencia es realmente inimitable.
¿Y si el sueño de llegar a la Luna no fuera una promesa de futuro, sino la revelación de que nunca escaparás de tu propio destino?
En 1969, la humanidad dio su mayor salto. Mientras el Apolo 11 tocaba la superficie lunar, un adolescente en un pueblo andaluz seguía cada detalle con devoción. Creía en la promesa del futuro, en la posibilidad de que todo podía cambiar. Pero el futuro tiene maneras crueles de desmentirse, sobre todo cuando se crece en un lugar donde el viento es el único que se mueve sin restricciones.
Antonio Muñoz Molina nos lleva en El viento de la Luna al corazón de esa adolescencia atrapada entre la fascinación por el espacio y el peso de la vida cotidiana. La historia sigue a este muchacho sin nombre —no lo necesita: somos él en algún punto de nuestra vida—, que observa a su familia, su pueblo y a sí mismo con la mezcla de impaciencia, desilusión y deseo que define ese momento de la existencia. La llegada del hombre a la Luna es su faro, su esperanza de que hay un mundo más allá del suyo. Pero, ¿qué pasa cuando comprendes que ni siquiera ese prodigio puede sacarte de donde estás? ¿Qué pasa cuando la mayor modernidad a la que aspiras es una rudimentaria ducha, con un bidón de gasolina a modo de depósito en el tejadillo del retrete, en una casa en la que ni siquiera hay agua corriente? Porque mientras el mundo entero mira hacia la Luna, el suelo bajo sus pies sigue siendo el mismo. Y ahí es donde la novela se vuelve implacable.
Hay algo casi cruel en la forma en que la novela asocia la madurez con el peso del trabajo. No el trabajo vocacional, sino ese esfuerzo agotador, repetitivo y sin escapatoria que define la vida de los adultos en la España de posguerra. Mientras el protagonista mira la Luna como una promesa de lo imposible, en la tierra, su padre empuña la azada con la resignación de quien ya no espera nada. Y entre esos dos polos —el sueño y la rutina, la imaginación y la fatiga— se despliega la verdadera batalla de la novela: crecer es elegir qué cargas estás dispuesto a aceptar y cuáles no. Él aún no lo sabe, pero la adolescencia es justamente ese espacio en el que las certezas se tambalean: ¿se puede vivir sin rendirse del todo?
Muñoz Molina es un maestro en captar el peso del tiempo y la melancolía de lo cotidiano. Su prosa es hipnótica, con frases largas que envuelven al lector como ese viento que todo lo impregna. Sí, de acuerdo, en ocasiones es denso, a veces da vueltas y vueltas sobre lo mismo, y la sensación de que la novela no avanza puede incomodar o incluso frustrar a algún lector. El relato fluye como la memoria: divaga, vuelve sobre sus pasos, se queda atrapado en detalles que parecen insignificantes hasta que se revela toda su carga emocional. La narración en primera persona potencia la sensación de intimidad, de estar dentro de la mente de este chaval que observa su mundo con una mezcla de lucidez y resignación. Y aunque par algunos todo esto pueda parecer un obstáculo, es precisamente ese ritmo pausado y casi intrusivo lo que muchos de nosotros buscamos cuando leemos a Muñoz Molina: la oportunidad de sumergirnos en una reflexión profunda sobre lo cotidiano, de perdernos en esos detalles aparentemente insignificantes que, al final, son los que construyen el alma de una historia.
Los personajes orbitan alrededor del protagonista con la precisión de un sistema solar. El padre, un hombre taciturno, encarna la rutina inquebrantable; la madre, el desencanto contenido en cada gesto. La familia es un mecanismo de silencios y roles inamovibles, donde cada uno tiene su función y nadie parece capaz de romperla. Y luego está la escuela, la radio, los periódicos, los curas… el eco de un país que aún vive bajo la sombra del franquismo, donde incluso los sueños más universales quedan atrapados en el polvo de lo local.
Pero el cuerpo tiene sus propias revelaciones, y en la adolescencia el deseo es una de ellas. Para el protagonista, el descubrimiento del placer viene acompañado de una culpa latente, de esa sombra omnipresente de la educación católica que convierte lo más humano en un pecado que se arrastra en silencio. La novela capta a la perfección ese instante en que el deseo y la prohibición se dan la mano, cuando uno aprende que la libertad no siempre viene de la mano del placer, sino que a veces se paga con culpa. Y al fondo, siempre, el mismo dilema: quedarse o huir. Porque no es solo la familia o la religión lo que lo mantiene anclado a su pueblo. Es también la sensación de que todo allí está hecho para que nada cambie. La España de la posguerra sigue funcionando con las mismas reglas de siempre, como si la llegada a la Luna fuera solo un espejismo, un evento lejano que no puede alterar el polvo de las calles ni los rezos susurrados en la iglesia. ¿Cómo se concilia la imagen de un mundo en movimiento con la experiencia de crecer en un lugar donde el tiempo parece detenido?
Si has leído a Muñoz Molina antes, notarás que aquí su estilo se vuelve más introspectivo, más cercano a la autoficción. Hay algo de El jinete polaco aquí; no solo porque la novela está ambientada en Mágina, ese trasunto de su Úbeda natal, sino en la manera en que la memoria se despliega, pero sin el peso de la épica generacional. Mientras aquella novela construía un mosaico vasto, donde la historia individual y la colectiva se entrelazaban con ambición casi totalizadora, El viento de la Luna adopta un enfoque más íntimo. La memoria aquí no es un relato que busca abarcarlo todo, sino un flujo de pensamientos, una reconstrucción subjetiva donde los recuerdos se deslizan sin un orden rígido, con la misma fluidez con la que la mente regresa a ciertos momentos y deja otros en penumbra. En lugar de la amplitud de El jinete polaco, donde las generaciones se suceden y los acontecimientos históricos se filtran en la identidad del protagonista, aquí el pasado se percibe desde la inmediatez de la adolescencia: más sensorial, más confuso, más marcado por la sensación de estar atrapado en el presente.
En el fondo, El viento de la Luna es una historia sobre lo que significa descubrir que no hay escapatoria real, que incluso el más extraordinario de los viajes no cambia la realidad que dejamos atrás. Porque sí, el hombre llegó a la Luna. Pero nuestro protagonista sigue allí, en Mágina, en su pueblo, con el mismo viento sacudiendo las persianas, preguntándose si alguna vez podrá salir de su propia órbita.
Y esa es la pregunta que nos deja la novela: ¿cuántos de nosotros hemos visto pasar el Apolo 11 por nuestras vidas, creyendo que nos llevaría lejos, solo para descubrir que seguimos en el mismo lugar?
Wat een prachtig boek is dit! Ooit ga ik het eens lezen. Maanstorm, in die fantastische poëtische kaft, was hier een paar keer langsgekomen, maar het boek lezen, dat was er tot nu toe nog niet van gekomen.
Graag wilde ik nu juichend het huis uitlopen om te verkondigen dat ik een nieuw meesterwerk ontdekt had, maar helaas. Hoe hard het ook klinkt, de foto op de kaft is meteen het mooiste aan dit boek. Niet dat het barslecht is natuurlijk (anders had ik het niet uitgelezen), maar deze nostalgietrip van de vorige generatie is niet aan mij besteed.
Natte dromen van Raquel Welch (en de schuldgevoelens daarover), de jongensavonturenboeken van Jules Verne, het eindeloze geworstel met geloof en verdoemenis en de nooit verteerde oorlog die maar blijft rondspoken… het tijdsbeeld dat Molina schetst van Spanje in de jaren ’50 en ’60 komt erg vertrouwd over. Het zou net zo goed Vlaanderen kunnen zijn. Toch klikte het niet. De strijd van de dertienjarige Antonio voelde nergens aan als de mijne. Misschien is dat een generatieding.
En toch: ik denk dat hier een heel mooie film in zit. Aangespoord door die poëtische kaftfoto zie ik de beelden al voor mij. Zelfs dat ontbrekende splitsingsteken op de kaft stoort me niet. Ik ben vrij.
Me ha gustado mucho. El autor narra historias de su infancia con el trasfondo de la llegada del hombre a la Luna. Como todo lo que escribe Muñoz Molina, la narrativa es extraordinaria.
La mayor parte de la obra está escrita con una prosa demasiado densa. La historia es interesante, pero está muy recargada, es repetitiva y tiene un exceso de adornos que entorpecen su disfrute.
Di una lentezza esasperante, praticamente in 300 pagine non succede nulla, sono solo le considerazioni del protagonista adolescente sulla propria vita, partendo come base dallo sbarco sulla luna del 1969, che lo porta a considerare il proprio ambiente come stretto e soffocante. Ho fatto molta fatica a finirlo.
Una historia simple y tierna, narrada con maestría (lo cual no sorprende tratándose de Muñoz Molina) Tal vez la historia parezca muy sencilla y poco pretenciosa pero son ésas las que suelen llegar al corazón. Un novela querible.
El inicio del libro es muy bueno, enmarcado desde la perspectiva de un niño y sus quehaceres cotidianos, pero por momentos divaga mucho, creo que la misma historia puede haberla contado en 180 paginas y haberse ahorrado las restantes 135.
Tal vez he empezado a leer este libro en un momento poco adecuado, quizá lo retome algún día, sin embargo hoy llego hasta la pagina 84 y me sorprendo como llegué tan lejos, hasta el momento siento que no ha pasado nada, no esclarezco que quiere tratar el autor. No lo he disfrutado nada.
Juli 1969: Neil Armstrong, Edwin „Buzz“ Aldrin und Michael Collins fliegen zum Mond. Ich war 9 und bei meinen Großeltern in Italien in den Ferien. Natürlich war das für die Kindern meiner Generation DAS EREIGNIS. Der Namenlose Protagonist des Romans ist 13 und lebt in einem unterentwickelten Teil von Andalusien, in einem Haus ohne Anschluss an die Wasserversorgung aber seit kurzem mit Strom also mit Fernsehanschluss. Er hat vor kurzem das Onanieren entdeckt. Ein Hobby den er mit Genuss und schlechtem Gewissen ausgiebig frönt. (Bei mir wird es noch ein paar Jahre dauern.) Spanien 1969: Das Ende des Bürgerkrieges liegt 30 Jahre zurück. Die Wunden, die er aufgerissen hat, sind aber nicht verheilt und bluten noch. Ein Nachbar der als Kriegsgewinnler die Familie des Protagonisten um ihre Ersparnisse betrogen hat und auch andere Nachbaren Land zu Spottpreisen abgekauft hat, liegt im Sterben. Krebs frisst sich durch seine Eingeweiden. Ein anderer Nachbar, ein falangistischer Richter, der Duzende am Ende des Krieges in den Tod geschickt hat und ein paar Jahre vorher bei einem Attentat das Augenlicht verloren hat, hat sich erhängt. Unterdessen fliegen die drei Amerikanische Astronauten weiter. Gebannt schaut die Welt zu. Werden sie im Mondstaub versinken, wie es unbedarfte Kosmologen voraussagen? Werden wir im Jahr 2000, der noch so weit weg scheint, wie ich, alle meine Freunden und der Protagonist hoffen, den Mond besiedelt haben, Missionen zum Mars geschickt haben, Raumschiffe jenseits des äußersten Planeten (Pluto der damals noch ein Planet war) unterwegs zu unbekannten Zivilisationen geschickt haben? Ich schweife ab. Die Mondlandekapsel koppelt sich los. Armstrong und Aldrin lassen Collins zurück. Er wird die nächsten 24 Stunden allein in der unglaublich verletzlichen Büchse verbringen. Er wird alle 72 Minuten 48 Minuten ohne Kontakt zur Erde oder zu seinen Kameraden auf der dunkle Seite des Mondes verbringen. Der einsamste Mensch im Universum. Zeit, das Vergehen der Zeit ist vielleicht Muñoz Hauptthema. Meine Zeit verging damals langsam. Die Sommerferien dehnten sich endlos aus. Draußen im Weltall war jede Minute berechnet. Und dann die späte Nacht des 20. Juli (oder war es bereits des 21. ?) alle Welt schaut der Mondlandung zu. Nur wir nicht. Meine kommunistische Großmutter, die bis zuletzt auf einen Sieg der Sowjetunion in diesem Rennen gehofft hatte, schaltet den Apparat ab und schickt uns ins Bett.
Un libro hermoso y apacible, sobre un adolescente observando el universo y sintiéndolo tan amplio e inconquistable en relación con su propio mundo rural y campesino.
La historia sucede en 1959, en Magina, una zona rural Española desde donde este niño observa fascinado el cielo, la luna, la tierra y sus milagros
"Quién puede conformarse con la seca y pobre textura de la realidad inmediata, de las obligaciones y sus mezquinas recompensas, con la explicación teológica, sombría y punitiva del mundo que ofrecen los curas en el colegio o con la expectativa del trabajo en la tierra al que mis mayores han sacrificado sus vidas y en el que esperan que yo también me deje sepultar"
Es un libro sobre ciencia, sobre astronomía, sobre el tejido fantástico de que esta hecha la realidad, sobre la materia castigadora de los dogmas -la religión, la política-. También es un libro sobre el crecimiento, el difícil descubrir la responsabilidad, el deber ser, el juicio y demás cosas que trae la mirada ajena con los pelos en las piernas, los nuevos deseos y la incertidumbre.
"Yo no había probado el sabor agrio del trabajo obligatorio ni sabía que en la penumbra sabrosa de la soledad pudiera agazaparse como un animal dañino la vergüenza"
En suma, no es el libro atropellado y estrambótico, no tiene suspensos ni suceden grandes cosas, solo los amaneceres, las cosechas, las tardes, la luna sobre el agua fresca del pozo... y unos hombres caminando en la piedra caliza de la luna, mientras un (casi) niño empieza a construir su universo.
Me gustó la pauta que, desde el inicio, enmarca al libro y lo acompaña en sus páginas: los avances de la tecnología y el cuestionamiento de un puberto que residen un alejado pueblo, rodeado de gente sin educación pero que también poco a poco han ido aprehendiendo estos cambios tecnológicos a su rutina. No por "saber más", el puberto, desdeña a sus familiares, sino los comprende, incluso cuando descubre que ha perdido toda relación con su padre. Es cierto que divaga mucho, entre sus aventuras del colegio, párrafos innecesarios sobre la llegada del Apolo 11 y sus peripecias con su tía Lola. Aunque el final es un tanto inesperado y nostálgico, no justifica para que se recomiende la novela. Si con lo dicho aquí te interesa, léelo, sino pasa de largo que no te pierdes de mucho.
Novela que narra las experiencias y esperanzas de un adolescente español en paralelo a lo que significa la llegada del hombre a la luna en su vida y en la de los otros en su familia y en su pueblo. Me parece que la parte final ya con esos fantasmas que te logran encontrar, el libro adquiere su verdadero significado. Hay pasajes muy lentos pero los personajes logran salvar el relato con esas simplezas producto de la ignorancia o de esa sabiduria que el protagonista lucha por mantener.
En 1969 España vive en plena dictadura franquista y un adolescente crece en un pueblo entre los estudios y ayudar a su padre en tareas del campo que no son muy de su agrado y sumido por no perderse ese hito que iba a marcar un antes y un después, la llegada del hombre a la luna. Entre historias de miseria, rencor, el joven solo quiere dar un paso más sin negar de donde es pero sin olvidar que podría optar a una vida mejor.
España año 69. Escenas de la vida rural en el sur. El paso de la infancia protegida, cálida, imaginativa a la adolescencia relatada con sordidez, aspereza y la dureza y la rutina del trabajo del campo. El contraste con la limpieza, la suavidad, la brillantez y la luminosidad de la misión del Apolo XI a la luna. De repente, ha pasado el tiempo y solo queda la añoranza de su padre. El padre que le miraba con una mezcla de ternura y desengaño.
Idea oli ennakkoon hyvä: vaatimatonta elämää Francon Espanjassa ja samaan aikaan lennetään ensimmäistä kertaa Kuuhun perille asti. Ei vain oikein innostanut - oliko (taas) liikaa murrosikäisen pojan kasvua hyvin suorasukaisin sanoin, liikaa sinänsä kiinnostavaa kuvausta vihannestarhuriperheen elämästä ja työstä vai mikä, en tiedä. Ja loppu oli jotenkin yllättävä, oliko tässä koko ajan vain muisteltu?
Me gustó el tema de la astronomía entrelazado con la vita da campesino de un pueblo de Andalucía, y con en el fondo los acontecimientos históricos de la guerra Civil en España y de lo que pasó a la gente en los 30 años que seguiron. Claro, es solamente un poco de contexto para quien no sabe mucho del periodo franquista.
Muchos pasajes y capítulos enteros son de cuatro estrellas. Creo que hay un exceso de páginas dedicadas a la aventura espacial (obsesión del chaval) y también del despertar sexual (pajillero obsesivo, como to...) que lastran y entorpecen la lectura. Pero mira Moby Dick, la mitad de los capítulos dedicados a las ballenas. Es lo que tiene lo obsesivo.
Esta es la historia de un niño que abandona su niñez en la España de finales de los 60. El franquismo, la Iglesia y el qué dirán chocan con las inquietudes del protagonista que, como Neil Amstrong poniendo un pie sobre la Luna, huirá de toda la tradición impuesta para poner un pie en la ciencia, el razonamiento y el autodescubrimiento.
Qué durísima la España de la posguerra, y es que no acaba hasta la muerte del dictador. Es 1969 y a través de los ojos de un adolescente en un medio rural comprendemos esa época que tantas luces y sombras tuvo, porque no basta con abundar en lo negativo, que lo hay, es importante darse cuenta de cómo también existía una cercanía entre personas, familias, vecinos que con los años se perdió.
De 10 cómo se combinan elementos en esta novela: la vida rural y la carrera espacial. La nostalgia y la dureza. La infancia y la adolescencia. Todo mientras la modernidad penetra poco a poco, como un invasor, en las callejas de un pueblo de Jaén.
Dicen que "El jinete polaco" es un buen libro de éste autor, peor El viento de La luna es tan mediocre que no me voy a aventurar. El escuchar la narrativa del alunizaje de 1969 visto a través de los ojos de un pueblo infecto en el medio de la nada española tiene su encanto. pero hasta ahí da el libro. Costumbrista, con ciertos intentos de denunciar a la españa franquista pueblerina. Pero su obsesión con la marginalidad del adolescente, y sus masturbaciones es realmente excesiva. Novela pobre, como el entorno en el que se desarrolla, y un tanto mediocre, como su personaje principal. Raro, porque las otras recomendaciones de la amiga de Victoria resultaron muy acertadas (crímenes imperceptibles, Oscar Wao)
Me ha gustado mucho. Viajar en el espacio con una actitud materialista y poética en partes iguales, como de panteísmo científico. Ver enfrente las conexiones del Universo entre la Luna y la España franquista. Pajas adolescentes en un rancho a mal traer en un pueblo perdido, pero con la chispeza de un mundo interior significativo, la curiosidad, la renuncia al catolicismo rancio y la incomprensión de la familia. En ocasiones resultó cansino de leer, pero el resultado es querible, como alguien más comentó.
Especie de memorias noveladas, la historia transcurre mientras se lanza el Apolo XI y Armstrong pisa la Luna. En la Tierra, en Andalucía, en Mágina, las familias tratan de salir adelante conviviendo con el pasado y esperando mejor futuro.
Es sencillamente cercano, al punto que es fácil que nos reconozcamos en más de una ocasión. Divertido y crítico con respeto y ternura: son los suyos.