Novela sobre una guerrillera, figura fundamental de Montoneros, que, secuestrada y torturada acaba por colaborar con elenemigo, y su amiga y confidente, que se propone escribir una novela que describa los sueños y la pesadilla final de toda una generación. La autora ha publicado cuentos, reunidos en "En los bordes de lo real" y la novela "Zona de clivaje".
Liliana Heker began her literary career at age 17, mentored by Argentine writer Abelardo Castillo. She was a collaborator in Argentina literary magazine "The Paper Cricket" and founded, along with Castillo, The Golden Bug and The Platypus. She has published several short story books which have been collected in "Cuentos" (Alfaguara). She has also written two novels, "El fin de la historia" and "Zona de clivaje", and a collection of essays called "Las hermanas de Shakespeare".
Se podría decir que el libro trata sobre Leonora, una mujer líder de los montoneros que es atrapada por los milicos durante la dictadura argentina de los años setenta. Sin embargo, la mayor parte del libro termina yendo por otros caminos mucho menos interesantes que esa sinopsis.
El primer capítulo es muy confuso. La autora cambia constantemente entre diferentes narradores y distintos momentos temporales, de una forma que no hace para nada amena la lectura. Después de esas primeras 30 páginas, sentí ganas de abandonar el libro ahí y pasar a otra cosa. Pero como la sinopsis me llamaba la atención, decidí darle una chance.
Con cada página que leía, más me frustraba el estilo narrativo. Si bien después del primer capítulo el libro se vuelve un poco menos confuso, seguía sin encontrarle sentido a tanto entramado para una historia tan simple. Diana, la mejor amiga de Leonora y la narradora principal, divaga y divaga en vez de ir al punto, con recuerdos y monólogos que no aportan nada a la trama ni a la construcción de los personajes. Las partes interesantes siempre son interrumpidas por Diana y sus locuras. Recuerdos de su juventud, reuniones con gente de un taller literario… y yo pensando "Qué bodrio todo esto".
Lo que me mantenía atrapada, el único motivo por el que no abandoné la novela, es la historia de Leonora. Una mujer fuerte y decidida, súper lanzada, que se encuentra en una situación horrible de la que no sabés si va a salir viva, pero estás segure de que va a luchar con uñas y dientes. Pero hasta esa línea de la trama me decepcionó. Hacia el final la cosa se pone RARA, así, con mayúsculas, y no puedo creer que Heker decidiera llevar por ese lado al personaje, no tiene sentido con quien te presentan durante todo el libro.
En el fondo, creo que Heker tenía más ganas de escribir sobre la dificultad de contar historias, de la escritura y de los sesgos que hay entre medio, que sobre lo que sufre Leonora en la dictadura. Y eso no es lo que esperaba ni lo que prometía este libro. Así que, lamentablemente, entra de cabeza a las peores lecturas del 2021.
One of the more difficult books I've read recently, this book challenged me to unlock the mystery of its form as it challenged me to unlock the history of Argentina. Seductive and descriptive, The End of the Story does not bow to easy expectations of how we want to believe we would act. Instead, it asks the question, "what are you really willing to fight for?"
I read this book for a Spanish class on post-dictatorship literature, specifically in the southern cone. While somewhat confusing for a non-native speaker, I found the book to challenge my own thoughts about political activism and social/moral responsibility.
Liliana Heker es una de las escritoras argentinas que más admiro, especialmente por el lugar que ocupó en su generación.
Una novela compleja, cruda y ambigua. Es interesante el enfoque, el retrato descarnado de una de las épocas más oscuras de la historia argentina. Lo que destaco, sobre todo, es el trabajo tan fino a la hora de construir los personajes, la profundidad con la que trabaja sobre el punto de vista de cada uno de ellos, la imposibilidad de polarizarlos entre buenos y malos. El lugar que ocupa la verdad individual. La autora contó que hizo muchas entrevistas para escribir este libro y ese trabajo se nota tanto que, por momentos, me pregunté si no estaba basado en personalidades reales.
Es una historia que está narrada desde dos perspectivas y dos tiempos distintos. Eso puede dificultar un poco la lectura al principio, pero me gusta que ambas voces profundicen sobre cuestiones distintas: por un lado, lo complicado que a veces es encontrar una historia, el lugar de los intelectuales, la literatura, en contextos políticos turbulentos; por el otro, el peso de las convicciones, hasta dónde uno puede comprender lo incomprensible, el horror que se vivió y que a veces, para algunos, parece formar parte de una ficción.
En tiempos como estos, en los que resurgen los discursos negacionistas y, a su vez, se debate sobre el lugar que ocupa la cultura en la sociedad, me parece súper importante responder con estos libros. Estas historias que tienen a la política en su núcleo, que prueban que es imposible hacer arte sin que esté atravesado por el contexto y la concepción del mundo propia y ajena.
¿Hay decisiones de la autora que me parecen cuestionables? Sí, claro. Que Leonora termine enamorada de quien termina enamorada me incomoda, pero tal vez fue una de las búsquedas de Heker. Y si me incomoda, si me deja pensando, leyendo entrevistas de la autora, aún más interesada por su obra, es porque algo está bien hecho.
muy tedioso en algunas partes pero una historia cruda, Y real acerca de la historia Argentina, me encantó. Y todavía sigo pensando si Leonora es realmente mala, o si hizo todo lo que hizo por amor. por el dolor y por miedo.
Cuesta iniciar esta novela, tuve que empezarla tres veces para terminarla, pero el final lo vale, es un giro a las convenciones de la literatura del dictador y la violencia.
Cuando era pequeño, mi mamá me llevó a cine por primera vez. Era un función doble en la cual el ciclo: vida de Víctor Jara – entrevista Mercedes Sosa; dejó una marca que se sustentó con la repetición constante del otro ciclo (esta vez en casa y en Betamax) Noche de los Lápices – Doctor Zhivago. Fue así como empecé a entender desde el aburrimiento el discurso de lo confesional. Después siguieron los ocho casetes con canciones de Silvio Rodríguez que me regaló mi hermana, los especiales de día festivo con Pablo Milanés en alguna plaza de España y las invitaciones a tomar cerveza de Oswaldo en barcitos de son cubano y afiche del Ché (excelente-conversación, música no emocionante). Con todo este bagaje estructural, la literatura post-dictatorial no me parecía nada agradable; me aburría. Aunque bueno, siempre estaba Charly García, con él cualquier acción parecía lógica y cualquier actitud tomaba visos de heroicidad grandilocuente. Entonces aparecí en Argentina y aparece María, me sirve un vino tinto y me cuenta que las cosas no siempre son así, que la literatura busca siempre nuevas maneras de contar lo mismo, y que importa eso: las formas: “Las formas, pastuso. Las formas” (me dice). Me habla de un taller, de una escritora que vale la pena leer y que siempre aparece en nuestras charlas. Otro día salgo a la calle y en una mañana en que quiero comprar libros en oferta aparece su nombre, y está a diez pesos, y digo ‘ya está’, y termino por leer “El Fin de la Historia” de Liliana Heker. Me cuentan que al momento de salir, el libro produjo un revuelo político importante (ya había pasado su clásica discusión con Cortázar sobre la estética del exilio), dado que en esta novela se narra la forma en la cual una líder estudiantil de Montoneros termina enamorada de “su” (aunque el posesivo siempre me ha sonado raro) torturador; pensé también en el revuelo de Sábato y el prólogo del “Nunca más”, y ahí paré… porque esa es otra historia. Y paré ahí porque lo que más me interesó de libro no fue la historia que cuenta, sino las reflexiones que se hacen sobre los procesos literarios para narrar la Historia (con esa mayúscula incómoda) y su forma (la forma pastuso; tenías razón María). El libro está contado desde varias voces, temporalidades y giros lingüísticos; aunque decir eso es ser injustamente reduccionista con la novela. Desde la primera página un narrador móvil, inseguro y que abre el campo narrativo empieza a tejer una trama en la cual la escritura toma un lugar primordial: ¿cómo narrar la revolución?, ¿qué narrar?, ¿mejor empezar desde las ilusiones o desde la caída del sueño? Es desde estas primeras aperturas en la cual la pregunta sobre la validez de la Historia (y sus correspondientes historias) conectada con la literatura explota para crear las significaciones posibles de la novela. Es entonces cuando las formas de enunciación narrativa acuden en auxilio de esa duda inasible ante la cual siempre nos quedamos cortos: las voces introducen voces que escriben textos que introducen voces. Las itálicas, los paréntesis, los guiones de diálogo, las comillas... proliferan. Con cada nueva marca tipográfica, aparecen voces que cuentan y recuentan el inicio de una novela que tenemos en nuestra manos, pero que no acaba de iniciar. Esas frases que pasaron desapercibidas en el primer capítulo se reescriben hasta llenarse (y por lo tanto vaciarse) de significados. Así como en otro nivel hace Clarice Lispector en “La hora de la estrella” o Mario Levrero en “La novela Luminosa”, Heker plantea de manera explícita el abismo que significa la escritura de una novela en la cual no hay una historia completa, en la cual no se quieren traicionar los principios (palabra polisémica como ninguna en la tarea del escritor y que se usa en la novela para mostrar dualidades), en la cual se plantea una ética de la enunciación y en la cual la escritura se convierte en acción abismal cuando se la contrapone a la Historia. Y es ahí donde me doy cuenta que lo que hace la escritora es dar un giro a lo “confesional” tal y como lo presenta Idelver Avelar y lo pone en cuestión, duda de lo posible-verosímil en la literatura y acaba de un tajo con la idea de que la literatura testimonial representa un testimonio. ¿Cómo hace esto último?, carga a la novela de “literaturidad”, le inyecta esa palabra rara que nunca entendí en la universidad y que, decían, era el sumo vital de la literatura. Por otro lado está aquello que se nos cuenta, en lo personal la parte menos agradable de la novela (extraño, pero es así). La historia central cuenta la forma en la cual Leonora, una líder estudiantil, vive los diferentes momentos en los cuales la revolución entra, se desarrolla, se plantea y se establece a partir de diferentes espacios y momentos. Desde la ilusión utópica de finales de los cincuenta, hasta su transformación en una pesadilla dirigida por los militares hasta inicios de los ochenta. En muchas ocasiones, pensé en si la utilización de los clichés sobre los movimientos comunistas de esa (y esta) época se hacía de manera consciente o inconsciente; después pensé si en el 96 esos clichés ya estaban establecidos; ya sin respuesta, sólo pude concluir la complejidad de la realización de esta novela. Las frases, las actitudes, la ropa: ¿son de los setenta, los noventa o de hoy en día? Leo que la autora se tomó más de cinco años en escribir esta novela, y ese tiempo detallado es algo que se nota en la novela; un trabajo que se puede describir con una de las palabras más interesantes que aprendí a usar en esta ciudad: es prolija. Mientras leía la novela, me di cuenta que los procesos de la literatura en Colombia son muy diferentes. A falta de una dictadura explícita que produjera objetos literarios precisos, la literatura confesional ha mutado con la utilización de otros tipos de herramientas más cercanas a lo periodístico. Aunque esto último es sólo una hipótesis. Quizá uno de los libros que están actualmente utilizando esas herramientas literarias sea “Acaso la muerte” de Alejandra Jaramillo (libro al que le debo una entrada en el blog) y al que me recordó mucho la lectura de esta novela. Esta novela abre entonces para mí un nuevo panorama, o mejor, re-abre un panorama que fue saturado por esos clichés en mi infancia y que (continúo con la pregunta: no sé si son utilizados por la autora como conscientemente burlescos o forman parte de una herramienta de creación de ambiente) con el tiempo tienden a desaparecer. Y, después de todo, siempre estará Charly para cerrar todo lo que no funcione bien en nuestras armazones lógicas del mundo.
Terminé esta novela tan perturbadora... Genero mucha polémica cuando se publicó (1996), ya que una de las protagonistas es una militante revolucionaria que es detenida y trasladada a la Esma dónde es torturada y se quiebra, colaborando activamente con las fuerzas armadas y generando una relación con su torturador, a cambio a proteger la vida de su hija. Como contrapunto, su amiga, escritora, probablemente un personaje autobiográfico, vive "libre" pero con culpa, mientras asiste a un taller literario para poder escribir la historia de su amiga desaparecida.
Me dejó bastante mal su lectura, pero lo recomiendo
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El estilo de escritura de Herker funciona muy bien en los cuentos pero no convence tanto en la novela. Llegué a este libro porque lo mencionan en La llamada y sentí curiosidad por la historia.
This was a Goodreads giveaway book. I made it through chapter 1. The writing is very convoluted and hard to understand. Maybe it is a bad translation? I was not even sure who the narrator was. I may pick it up and try again some day.
Really enjoyed this book but found it hard to follow at some points. Maybe it's a cultural difference in creating narrative or maybe I just don't know that much about Argentinian history. Both are possibilities. Really glad I read it though.
Apasionante novela sobre la amistad de dos jóvenes, una revolucionaria y una intelectual, esta última tratando de narrar la historia de la primera, en los turbulentos años '70 en Argentina. El estilo de Heker es envolvente y cautivante
La historia de dos amigas: una militante revolucionaria que termina por traicionar la causa, y una escritora en ciernes que se propone escribir la historia pesadillesca de toda una generaci�n.
It was definitely not an easy read and had to push to get past the first couple of chapters. Easier once I slipped into her style of writing and I went back and reread the first part after I had finished it. Unexpected and thought-provoking. Well worth persevering with I thought.