Estamos ante una trepidante novela que se lee rápidamente, no tanto por su no excesiva extensión, sino por la necesidad que el autor nos crea, de manera magnífica, de querer saber más, de la necesidad de avanzar en la trama.
Se trata de una novela coral donde la gran cantidad de personajes intervinientes están muy bien definidos, representan su papel, con mayor o menor carga de protagonismo, a la perfección. Destacar los dos personajes principales, Ramsés y Loredo, en un principio con roles muy distintos en la historia pero compartiendo ambos esa sensación de fracaso vital y, sobre todo, profesional.
Este conjunto de personajes excelentemente delineados, unidos a la espectacular ambientación en la que se desarrolla la historia, provoca en el lector una sensación de ser un testigo más, un habitante más, del pequeño pueblo. Se siente esa atmósfera de lugar pequeño, aislado, donde el forastero es, como mínimo, escrutado de forma concienzuda. Todos los personajes están porque no tienen otra alternativa, la encargada de la cafetería y su hija, el tendero, el propio sargento Loredo...
La resolución final del misterio de los números aparecidos se produce casi al final de la novela, de forma coherente y verosímil. Es decir, no estamos ante un final apresurado o ante una solución sacada de una chistera.
En conjunto estamos ante una historia con un andamiaje o estructura principal sencilla, incluso vista o leída en otras ocasiones, un personaje que se retira a un lugar apartado y desconocido que será víctima de unos fenómenos extraños, pero que, sin embargo, la original y magnífica idea que el autor nos presenta como fenómeno extraño, convierte a esta obra, en mi opinión, en una novela de un muy alto nivel.
Muy recomendable.