Una plaga cuasi bíblica de hormigas rojas que invade las calles y los sueños de la gente. Un fantasma vouyerista que se reencuentra con su mejor amigo de la infancia para indagar sobre la vida diaria y preguntar: ¿Cómo se siente coger? Breves e inquietantes visiones de un fin del mundo más cercano de lo que nos gustaría admitir. La historia de Nicolás, un joven físico que se convierte en el segundo mexicano en llegar al espacio. Caricias fantasmas, árboles delirantes. Y, sobre todo, el encuentro de un grupo de adolescentes con una avioneta encallada en pleno Veracruz. Los cuentos de Eduardo de Gortari se adentran con sutileza en los terrenos del relato fantástico y la ciencia ficción. Más cercano a Lucius Shepard que a William Gibson, de Gortari evita la pirotecnia tecnológica y el lugar común para llevarnos a terrenos que, por familiares, son tan maravillosos como inquietantes. Dueño de una vigorosa voz poética y una particular curiosidad intelectual, Eduardo de Gortari es uno de los jóvenes escritores mexicanos a quienes habrá que poner especial atención.
Hay algo siempre hermoso en leer a las amigas. Aunque haya poca objetividad en la recepción es lindo ver su desarrollo literario, estilístico. Verles andar los pasos necesarios para llegar a un punto presente que se destella por un éxito editorial es un proceso fantástico. Acá Elisa ya muestra todo su labor disciplinar en la escritura. Los usos entre el realismo y la ficción especulativa fluyen de manera brutal con un extensivo tono que no deja de sentirse personal, en especial a través de los intertextos musicales que abudan en éstas historias. La autora tiene claras todas las formas textuales y las analiza en su praxis de manera que surgen de forma natural en una hibridación sutil pero bella. Todos los Veracruces de Elisa subliman la experiencia de habitar este país. Sus juventudes, y los dilemas de las mismas, abrazan como una charla entre pares. Noto al leer Himnos que me atrae gravitacionalmente a la escritura de Elisa, el porqué se puede fundir una amistad desde la palabra. En todo el desborde de la subjetividad: ¡Qué gran lectura!
Hay muchas cosas que quiero decir de este libro. La primera y (creo) la más objetiva e imparcial es qué Eduardo se presenta como un narrador maduro y que ha encontrado su estilo. Es un escritor versátil, que lo mismo en poesía y en prosa, arma soundtracks que se vuelven entrañables, brinca del realismo más duro a la ciencia ficción con agilidad. Lo siguiente que diré no es objetivo, me gustó, me gustó a rabiar, me fascinó encontrar a Veracruz como escenario recurrente, la musicalidad, la inesperada diferencia de un cuento a otro y seguir percibiendo cierto hilo. Me gustó rememorar las charlas entre amigos, y si esto le resta imparcialidad a lo que digo, le incrementa lo entrañable. ¡Enhorabuena Eduardo! Muy, muy, recomendable.