El guardia no me miraba; pero de pronto alargo un brazo tremendo, un brazo como una grua. Me cogio del cuello de la americana, por detras; giro sobre los talones, y me dejo a seis o siete pies de distancia, mientras decia.
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Nunca había leído a Camba y esta recopilación de los artículos que escribió en 1910 cuando llegó a la capital británica como corresponsal del diario El Mundo (otro Mundo, no el de ahora). Las crónicas que se recogen aquí son todas muy parecidas y al leerse todas seguidas dan la sensación de que Camba se repite. Se parecen también mucho a lo que ahora mismo podrían escribir Tallón, Jabois, Manuel de Lorenzo o cualquier otro articulista gallego. Camba también lo era y supongo que eso marca algo. Tiene el mismo tono, la misma ironía, la misma capacidad para de lo más trivial escribir quinientas palabras.
Obviamente eran otros tiempos para el periodismo porque, ahora mismo, dudo mucho que ningún periódico mandara a alguien a Londres, con todos los gastos pegados, a escribir sobre la niebla, el roastbeef, las mujeres ingleses, el peligro de ser inglés o cualquier otra cosa. Esto es lo que hace Camba, pasear, encontrarse con gente, charlar con sus compañeros de pensión y contar todo lo que le parece chocante sobre todo comparándolo con lo español y lo francés porque también había estado de corresponsal en París.
"Un español se tumba en un sofá y sueña. En cambio, cuando un inglés se tiende en la misma forma, deja de existir. Un inglés tendido es como un mueble volcado."
"Todas las cosas inglesas están perfectamente rematadas; pero ninguna lo está tanto como el inglés mismo. Un inglés es un inglés y no podrá ser otra cosa. Aunque viva medio siglo en el extranjero, seguirá siendo inglés. Si tiene hijos fuera de Inglaterra, estos hijos serán tan ingleses como él. Si estos hijos tiene a su vez otros hijos, también saldrán ingleses. El ingles un producto admirablemente irreductible".
A Camba le chocan las comidas (no descarto que en algún momento aparezca una pintada, un grafiti romano o una anotación en un incunable que diga "Como en España no se come en ningún sitio"), la niebla espesa que cubre la ciudad y que, en cierta manera, es la ciudad, el carácter inglés siempre orgulloso de ser todo lo británico que se pueda, su moral, su racismo, las mujeres independientes que trabajan, van con pantalones y no tienen intención de casarse, etc.
A partir de esa extrañeza inglesa, Camba (nos) retrata muy bien. No hemos cambiando en ciento diez años.
"Cada español, como el marqués de Bradomin, ha divido a España en dos grandes bandos: uno, él y el otro, todos los demás".
"Todos los españoles son políticos y es probablemente, la causa de que España esté tan mal gobernada".
A Camba le descubrí hace un tiempo con Un Año en el otro mundo, donde narraba su tiempo en New York y el cual me gustó mucho. Alemania Impresiones de un español anda esperandome a ser leído y cuando en la última Feria del Libro me topé con Londres, dado mi incipiente viaje a la capital inglesa, no dudé en comprarlo.
Este libro no es una guía de Londres, con sitios que visitar ni nada parecido. Son reflexiones que se hace Camba acerca los ingleses y sus hábitos. Son columnas periodistas que mandaba a un periodico español ergo son capítulos cortitos, dos, tres, cuatro páginas. Se lee muy fácil y Camba es un tipo ameno y con gracia. Hay que decir que algunas pocas de sus columnas no son de cosas londinenses sino de cosas en general, pero también te empieza a hablar de X tema y acaba ligandolo con una reflexión acerca del caracter inglés. También está bien para ver como eran un poco las cosas a principios de siglo. En resumen, recomiendo el libro y recomiendo a Camba en general.
Recopilación de artículos sobre Londres y los ingleses llena de humor y de incorrección política (el libro se publicó en 1916). La visión del carácter inglés por el gallego Camba es descacharrante y creo que acertada. Añado una larga cita que creo que resume este delicioso librito: "Un inglés es un inglés, y no podrá ser otra cosa. Aunque viva medio siglo en el extranjero seguirá siendo inglés. Si tiene hijos fuera de Inglaterra, estos hijos serán tan ingleses como él. Si estos hijos tienen a su vez otros hijos, también saldrán ingleses. El inglés es un producto admirablemente irreductible. Ahora estamos en verano. Los ingleses salen de Inglaterra y se van por ahí. Se van a España, a Italia, a Egipto; invaden las playas elegantes; recorren medio mundo. Examínenlos ustedes. Van vestidos de ingleses y se les conoce a la legua. Allí donde llegan se organizan en una colonia aparte y hacen una vida completamente inglesa. Por el día, juegan al polo, al criquet, al lawn-tennis; por la noche, al bridge y whist. A las cinco de la tarde toman su té. En Sevilla o en Granada, en San Sebastián, en Ostende o en Trouville, en El Cairo o en Constantinopla, están como pudieran estar en Oxford Street ... Un inglés, en cualquier país donde se encuentre, es mucho más que un extranjero: es un inglés. Así, en todos los balnearios de buen tono hay una colonia extranjera que comprende a gentes de todo el mundo, y una colonia inglesa que no tiene nada que ver con la colonia extranjera. Los españoles, los franceses, los mismos alemanes llegan a cualquier lado y se adaptan. No hablemos de Tartarín, que se pone un fez y unos pantalones bombachos para desembarcar en Argel, donde ya nadie usa esas prendas. Yo he conocido aquí a alemanes que, después de algunos años de residencia, se han identificado completamente con las costumbres del país. Los he conocido también en Francia, igualmente identificados con el medio, a pesar de la hostilidad general que encuentran en él. El alemán se entrega, a la larga o a la corta, y eso que Alemania es grande, fuerte, rica y que tiene mucho orgullo. El inglés no se entrega nunca. No. Nunca. Un inglés es un inglés. Está hecho para ser inglés y no puede ser otra cosa. Se es más o menos francés, más o menos español, más o menos alemán, más o menos ruso… En España nos decimos frecuentemente: «Yo soy muy español». «Yo soy tan español como el que más». «Usted es muy poco español». Como ustedes ven, en esto del españolismo hay grados. Nuestros padres no han sabido nunca hacer las cosas completamente, y al hacernos españoles no nos han concluido. ¿De cuándo acá a un inglés se le ocurrirá decir que es muy inglés? Es inglés, como una bola es redonda. Lo es de un modo categórico. Es inglés definitivamente". Acabo con otra cita que creo que dará una idea del genio de Camba y de su lucidez: "Cada día las diferencias esenciales entre los pueblos irán siendo menores, por razón de estas causas: Primera. La rapidez de comunicaciones. Segunda. El intercambio comercial. Tercera. La identidad de la cocina. Cuarta. El intercambio de placeres (españolas en Montmartre, francesas en la Bombilla, etcétera). Y llegará un momento en el que la Humanidad se dividirá en dos únicas clases: a un lado, la Humanidad propiamente dicha, y al otro, los ingleses, que seguirán en su isla comiendo rosbif y hablando inglés”. No se puede escribir mejor ni con más fina ironía.
Este libro fue, para mí, una excepción. Porque casi nunca compro un libro sin tener alguna referencia o recomendación del título o del autor. Este se me apareció en un toldo de Cuesta de Molano y no pude evitarlo. ¿Londres narrado por un español en los años treinta? Un sueño.
Se trata de un compendio de artículos que Julio Camba, periodista y humorista gallego, escribió viviendo en Londres. En esa época los periódicos pagaban por tener a alguien que pudiera retratar la cultura y cotidianidad de una nación o ciudad. Con humor, ocurrencia e ingenio, Camba retrata bastante bien al inglés, a lo inglés, a Londres. También, de paso, a lo español. Sin corrección política alguna, se burla, exagera, critíca. Debo admitir que fue refrezcante (incluso cuando contadecía mis valores sobre todo el comentarios racistas y machistas. Esos los toleré, con dolor, pero aceptando el costo de leer otro momento histórico).
Algunos apartados divertidos:
1. En una conversación con un inglés de La City sobre por qué [no] tener poetas en Inglaterra: "Pero ¿usted no ve que entonces nuesros negocios irían de cabeza? ¡Ah los poetas! (...) Si los poetas lograran tomar tierra entre nosotros, a la vuelta de unos cuantos años habrían corrompido toda la energía anglosajona. Empezarían a cantar las puestas de sol y los amaneceres, los árboles, las flores y los pájaros. Nuesra juventido se distraería con todas esas cosas y no haría nada de provecho. A pretexto de poetizar la vida, la ablandarían. Exaltarían el amor marernal, el filial y el fraternal, la vida del hogar, etc. (...). En fin, sería la ruina. (...) - No digo que algún inglés, después de haber vivido en Italia o por allá, no pueda volverse un poco poeta. Las malas compañías..., el calor..., la ociosidad..., el cielo azul..., los ojos negros... Pero el inglés es por naturaleza un hombre serio, veraz y metódico. El inglés, señor mío, es completamente, pero completamente incapaz de emoción y de imaginación. El peligro está fuera. Por fortuna, la mar nos aísla de la poesía. - ¡Ah! ¡Los poetas!... - continuó el hombre de la City -. Los poetas nos llevarían a la revolucón. Esa gente dice cosas terribles de una manera muy dulce.
2. Sobre la comida: "El inglés es un hombre que come por necesidad, mientras que el francés come por placer. El francés es un epicúreo. Para él, la comida es un fin, y no un emdio, como lo es para el inglés (...) Éste es un pueblo que come sin salsas ni gelatinas. Aquí no existe el placer de la mesa, y, al mediodía, la ciudad de Londres come de pie (...). Los ingleses comen mucho; pero, como comen alimentos simples y no mixtifican el paladar, nunca comen más de lo que su estómago necesita. Por otra parte, los ingleses no tienen paladar. Y así están ágiles, fuertes y sanos, y no pesados y gordos como los franceses (..). En realidad, la cocina inglesa no existe".
3. "Los ingleses son los hombres más alegres del mundo. Nosotros vemos a un inglés en medio de una juerga andaluza y montmartresa, y cuando todo el mundo hace más ruido y dice más tonterías, a la hora de alzar las piernas y de rodar por el suelo, el inglés está como en el primer momento, con una cara muy seria y una actitud muy digna. Entonces nosotros pensamos que ese inglés es un hombre muy aburrido. Pues no, señores. Ese inglés se está diviertiendo de una manera loca. Los ingleses se divierten por dentro, y los españoles nos divertimos por fuera (...). Luego se va donde sea y comienza a diertirse metódicamente, sistemáticamente, con la seriedad que debe acompañar a todas las grandes determinaciones".
Un libro fascinante que retrata de un modo fabuloso las diferencias culturales y sociales entre la España y la Inglaterra de inicio de siglo XX. Muy curioso e interesante.
Camba escribe artículos breves durante su estancia en Londres, que luego han aunado en este volumen. Aunque a veces cae en clichés tiene entradas divertidas. Algunas políticamente incorrectas para los tiempos que corren. Lectura fácil. Incluso para tiempos muertos.