Yuriko Miyamoto (宮本 百合子 Miyamoto Yuriko, 13 February 1899 – 21 January 1951) was a Japanese novelist active during the Taishō and early Shōwa periods of Japan. Her maiden name was Chūjō 中條 Yuriko.
Miyamoto Yuriko was born in the Koishikawa district of Tokyo (now part of Bunkyō district) to privileged parents. Her father was a Cambridge trained professor of architecture at Tokyo Imperial University. She was aware at an early age of the differences between her own circumstances and those of the sharecroppers who worked her family's land, and the ensuing sense of guilt over the differences in social and economic status drew her towards socialism, and later towards the early Japanese feminist movement.
Una novela que lleva por nombre La planicie de Banshu, y dos cuentos titulados Hierba del viento y Una flor, son las historias que se encuentran en este libro de la autora japonesa Yuriko Miyamoto, escritora comprometida contra el militarismo japonés que llevó al país del sol naciente a la II GM, perfilando en sus narraciones sus principales inquietudes personales y colectivas.
La planicie de Banshu, testimonio enlazado al género de la autoficción, nos adentra en la historia de Hiroko, protagonista de la novela, en los momentos previos y posteriores en los que un país muda de piel, con sus luces y sombras; el Tenno firmaba la rendición incondicional ante los EEUU en 1945, y Japón entraba a una época de fractura y cambio. La novela recorre ciudades destruidas por la guerra, familias sumidas en el umbral de las decisiones ante el vacío que queda luego de la pérdida de la narrativa que cohesionaba a todo un país, y la angustia que emerge ante la desaparición de sus miembros, personajes nómadas que buscan a sus seres queridos, y quizás, el sentido de la existencia arrebatado entre bombas, cárceles y abusos. Un país con un gran signo de interrogación en su corazón, que en sus páginas finales nos invita a repensar la inusual relación entre la tragedia y la esperanza.
Hierba del viento es un cuento que sigue los eventos que se desarrollan en La planicie de Banchu, y Una flor es la historia que toma materiales de la vida personal de la autora, para visitar temas como el feminismo, el rol de la mujer en el Japón de la primera mitad del siglo XX, y las relaciones entre personajes que se observan en un vínculo de amistad y aprendizaje, quizás similar al que nos recuerda Kokoro de Soseki.
La planicie de Banchu, mi favorito. Una historia que nos entrega la cara B de las consecuencias de la II GM en Japón. Un retrato ficcional acerca de la dolorosa experiencia bélica de un país, entregándonos pasajes terribles acerca de la persecución a las disidencias políticas que alzaron la voz ante los crímenes de un gobierno militarizado, que arrojó a la guerra y a la muerte a su propio pueblo.
Si se tratara de una obra de ficción sobre los efectos de la guerra y la posguerra sería triste y emotivo pero al saber que están basados en las propias experiencias de la autora y su familia, no deja de pensar como lector en las guerras y cómo las personas lejos del campo de batalla sufren horrores distintos.
La narración, sin ser detallada en exceso, logra recrear no solamente los lugares sino las sensaciones que van experimentando los personajes: el tren repleto de militares derrotados, las comidas que consumen y los altercados entre los pasajeros.
La relectura ha sido mucho más intensa y disfrutable que la primera lectura. Cierro el libro con montones de notas y marcas en él. "La planicie de Banshû", el segundo relato / novela corta del volumen no solo es magnífico en sí mismo, sino como retrato de una forma de vida, de cómo se padece una inundación, una postguerra, la miseria más profunda, el dolor de tener al ser amado en la cárcel. Es brillante.
"Una flor" está compuesto por tres relatos y pese al estilo femenino, introspectivo y comprometido, no me acabó por convencer... Entiendo que los textos son biográficos y su relevancia como testimonio histórico de una época convulsa y sobre todo debido a su perspectiva femenina de este periodo, sin embargo, la protagonista, basada en la propia autora, se me hizo difícil de tolerar, lo cual me complicó bastante la lectura.
Es un libro que consta de tres relatos de Miyamoto Yuriko que cuentan su experiencia viviendo en el Japón de la época.
En el primer relato, 'Una flor', conocemos cómo era su vida en 1927 mientras vivía con su amiga. Era una vida sencilla, tiene algunas reflexiones interesantes y está muy bien escrito, describiendo su trabajo, la relación con otros compañeros y llegando a explicar cómo se medio enamora de un hombre, todo escrito de una manera muy introspectiva. Es bueno, pero de los tres es el más común a mi parecer.
El siguiente, 'La planicie de Banshu' explica cómo vivió la autora (llamada Hiroko en el relato) el final de la guerra mundial y el fin de la cadena perpetua de su marido gracias al Tratado de Potsdam, Miyamoto Kenji (Jukichi en el relato), quien era el secretario general del Partido Comunista de Japón y llevaba 12 años encarcelado por la 'ley de mantenimiento del orden público' que sirvió para reprimir a los trabajadores e intelectuales revolucionarios. En el relato conocemos su situación, la de otras viudas cuyos maridos habían muerto en la guerra y la de una madre que había perdido a todos sus hijos varones, se nos describe su enorme sufrimiento. Aunque el marido de Hiroko seguía vivo, ella era una viuda de facto. Durante todo el relato muestra su gran amor por Jukichi, cómo estaba constantemente pensando en él y en el día en que se pudieran volver a reunir, que al final se da. Gran parte del relato se sitúa en los viajes que hizo Hiroko de una parte a otra de Japón, describiendo a la gente que veía y conocía en el tren (militares que perdieron extremidades, hombres de negocios, coreanos alegres que volvían a su tierra, etc.) y llegando a describir la estación de Hiroshima poco tiempo después de la bomba, explicando que todo eran ruinas. Esto se debe a que en el relato viaja de Tokio a la casa de su suegra, situada en otra provincia, tras saber de la desaparición de otro de sus hijos, y ahí conocemos la situación de esta madre y de la viuda de uno de los hijos desaparecidos. Es un relato que da cuenta de cómo era la vida común en la zona y que a pesar de describir una situación tan dura esconde mucha esperanza de cambio. Su nombre se debe a que al final del relato, Hiroko está regresando a Tokio para encontrarse con Jukichi, y pasa por la planicie de Banshu, donde: "El sol otoñal acariciado por la brisa fundía en color dorado las montañas de Banshu, los campos de cultivo, un pequeño pueblo y sus árboles. La carretera continuaba avanzando con su rítmico traqueteo en dirección a su destino sobre la línea única de la carretera nacional. El ruido de las rodadas armonizaba curiosamente con la jovialidad de los jóvenes con el hilo de pensamientos que llenaban hasta desbordarlo el corazón de Hiroko. Viajar así por esa carretera nacional era algo que con seguridad no se volvería a repetir nunca más en toda la vida. Los setos del pueblecito por el que ahora iban pasando. Las ruinas de la gran fábrica llenas de herrumbre se levantaban más allá de los pinares de Akashi. Hiroko lo contemplaba todo con una emoción profunda, imborrable. Lo sintió con intensidad. Todo Japón se estaba moviendo".
En el último relato, 'Hierba del viento', culmina la esperanza del relato anterior y nos narra la vida de Hiroko y Jukichi unidos de nuevo. Este es mi relato favorito, pues describe las dificultades de Jukichi para integrarse en la sociedad tras pasar 12 años de torturas constantes en la cárcel: había perdido algunas costumbres sociales, había perdido tacto al hablar y le hizo llorar a Hiroko con un comentario duro en el tren sin darse cuenta, no entendía del todo bien las bromas (pues Hiroko le dijo que era un mal marido cómicamente y esto le afectó mucho), le costaba armonizar con la gente en las multitudes, tenía la forma de caminar de un preso (dado que ellos podían caminar poco, cuando lo hacían movían inconscientemente todo su cuerpo, disfrutando ese acto), etc. Se siente una gran pena por él y también por Hiroko, quien se da cuenta de que sus modos de vida de esos 12 años les han cambiado a ambos y tenía unas expectativas distintas sobre su encuentro con Jukichi. Sin embargo, estos problemas se resuelven bien y el relato pasa más tarde por el edificio del Partido Comunista y Bandera Roja, su revista, que ya no tenían que existir en clandestinidad. Ahí están muchos otros líderes del movimiento comunista que fueron encarcelados en el periodo fascista y dan una charla sobre la situación de la mujer durante los años de la dictadura. Al final se habla de una película llamada 'Ahora podéis hablar' que explica el daño que causó la ley de mantenimiento del orden público. Entre otras cosas, se muestra la muerte de Takiji Kobayashi, uno de los más grandes referentes de la literatura proletaria en Japón que fue asesinado por las torturas de la policía en 1933, y por último se muestra a los líderes comunistas japoneses saliendo de la cárcel rapados. Así acaba la historia de cómo los comunistas que fueron severamente reprimidos alcanzaron de nuevo la libertad tras más de una década de persecuciones, torturas y demás crueldades constantes.
Dado que recogen la experiencia y las anécdotas de una persona con una vida tan interesante en un momento histórico tan importante, es un libro muy recomendado para quien esté interesado en esta época de la historia del movimiento progresista de Japón. Además, los sentimientos de la autora están descritos con una habilidad maravillosa.
Este libro contiene tres relatos, pero la estrella absoluta es el segundo: la planicie de Banshu. El primero, que da título a la colección, no aporta mucho junto a dos relatos sobre el Japón de posguerra, y es casi mejor saltárselo e ir al meollo.
La planicie es la mejor narración sobre la rendición de Japón en la segunda guerra mundial. No es solo buena literariamente, sino que como documento histórico es una maravilla. Lo que narra es prácticamente autobiográfico y nos muestra una cara de Japón que solemos ver muy pocas veces. Es decir: eran nazis. No nazis nazis como los alemanes, pero sí que eran nacionalistas imperialistas que experimentaban horriblemente con seres humanos a los que consideraban inferiores mientras bombardeaban a sus ciudadanos con propaganda sobre su grandeza e invencibilidad. Llamémosle equis xD
Hasta que, un día, el emperador se rinde. Un día vas ganando y al siguiente sale un señor que es descendiente de los dioses y, por primera vez en la historia de tu país, dice que habéis perdido y se rinde sin condiciones. Este relato narra el shock que eso supone para la gente normal, que no tenía mucha idea de la guerra más allá de lo que decía la propaganda: que iban ganando y ellos eran los buenos. La autora consigue explicar muchas cosas con muy poco, desde cómo el ejército tenía controlada la opinión pública y la difusión de información hasta cómo toda la industria estaba volcada en la producción de armamento.
Miyamoto sabe perfectamente que ellos eran los malos (estuvo en la cárcel por oponerse al régimen, igual que su marido), así que la crítica está en todas partes pero sin necesidad de insistir en ello ni dar grandes discursos. Además, con Hiroshima de fondo, deja claro que en esta historia (en LA historia) no hay héroes ni villanos absolutos. Son los desastres de la guerra y la llegada de los norteamericanos supone más destrucción, no salvación.
Ha sido una lectura fascinante (y dura) y muy recomendable para saber más sobre un lado de la segunda guerra mundial que suele estudiarse menos que la que nos toca más de cerca.
El tercer relato es continuación directa de la Planicie y, aunque no aporta mucho más, ya aborda la reconstrucción y la formación de órganos políticos y sociales que habían estado prohibidos durante la guerra.
"Es natural que, a lo largo de la historia, los jóvenes, aunque carezcan de experiencia en la vida, y quizá por eso aún más, se entusiasmen desinteresadamente tratando de cambiar aquella parte de la sociedad que consideran irracional. A pesar de eso, ¿por qué el sistema consideraba criminales a esos jóvenes?"
He de admitir, estuve a punto de dejarlo pendiente por la primera historia (aquella que da el nombre al libro "Una flor"), que a pesar de que refleja parte de la vida del Japón en los años 20 y contiene ideas feministas para la época (una mujer sola que está bien estando de esa manera), me pareció lenta.
Suerte no lo hice, por la segunda historia, "La planicie de Banshu" es una joya en todo el sentido de la palabra: un reflejo del Japón después de la guerra, el Japón que intenta borrar de forma rápida su pasado militar pero no puede, los restos de la guerra son obvios: las fábricas de armas, las muertes, el paisaje desdibujado por las construcciones y las bombas (he de admitir, no estaba del todo consciente del daño de los bombardeos. Cuando en una platica los personajes mencionan que el mapa de Tokio de los libros está desactualizado porque varios poblados habían desaparecido, me quedé de piedra). No sólo es un relato de después de la guerra, pero de antes de la guerra y en la guerra. Como el régimen militar trataba a las personas, las injusticias, el miedo, los arrestos. Crudo, pero con un final esperanzador.
El tercero es una continuación del segundo. Tiene sus momentos, pero el segundo sin duda se lleva la corona.
Este libro, que contiene tres relatos en una bonita edición, se titula igual que el primero de ellos: "Una flor". Si este primer relato no te seduce del todo o te causa algo de confusión, no te desanimes,😉 sigue leyendo, merecerá la pena. Otra opción, es leer los otros relatos antes.
"La planicie de Banshu" es el segundo de los relatos y narra de manera envolvente y muy visual la devastación de la guerra, la censura, la situación de los presos políticos y muchas otras consecuencias hasta la rendición de Japón.
El último de los relatos, "La hierba del viento" es prácticamente una continuación del anterior que describe la relación de la protagonista con su marido y la adaptación de este a la libertad tras 12 años en prisión sin derecho a nada y despojado de su condición humana.
Los últimos relatos te envuelven en las adversidades de los protagonistas a través de descripciones minuciosas y poéticas utilizando metáforas con alusiones continuas a la naturaleza, la luz y el agua.
Definitivamente, una lectura diferente para este marzo asiático.
Narraciones de personajes femeninas (narradoras) con una amplia vida interior y complejos estados emocionales que viven el abandono. Es de destacar la narración que cuenta el fin de la guerra y el convulso estado de Japón una vez se declaró la rendición, cómo el país militarizado conoció la desvandada, como la inundación que sufre la casa de la suegra de la narradora, aguas sucias que todo arrastran, desconcierto, tristeza, mientras ella aguarda, sin atreverse a abrazar la esperanza, la erogación de la ley por la que su esposo está preso.
En esta corta colección, Miyamoto escribe con elocuencia sobre la realidad que mujeres de Japón tuvieron que enfrentar después de la Segunda Guerra Mundial. Ella escribe sobre como mujeres que habían sido educadas para diferir completamente a los hombres de su vida se vieron “desprotegidas” de la presencia masculina debido a la guerra. Igualmente, aquellas mujeres que encontraron una capacidad interna para salir adelante durante estos años, tuvieron que volver a ajustarse a una sociedad donde los hombres regresaron, dañados física- y espiritualmente, a ejercer un dominio a sus vidas.
Excelente narración autobiográfica de la realidad de Japón de la posguerra, desde la perspectiva de una mujer activa políticamente. A partir del segundo y tercer relato, la autora entrega una visión en primera persona de las dificultades, incertidumbres y consecuencias de la guerra y la persecución política. Enfocándose en la cotidianeidad de las mujeres que se enfrentaron a este compleja realidad.
Interesante perspectiva de lo que fue vivir durante la guerra. Me pareció muy interesante que este libro habla de feminismo, comunismo y traición a la patria.
Relato sumamente íntimo, ya que en definitiva los tres relatos terminan siendo el diario de vida de la autora que solo le puso nombres ficticios a las personas reales.
Una sorpresa. La literatura nos muestra eventos imposibles de visitar por otros caminos. Como la derrota de un imperio y la reconstrucción de quienes nunca quisieron la guerra.
Dividido en tres relatos, el primero independiente del resto, 'Una Flor' nos introduce de pleno en el Japón de los años 40-50, en su cotidianidad y su luz.
De estas tres narraciones, son las dos últimas las que llaman más la atención, por su tinte autobiográfico que refleja la vida de la autora: la persecución a la que se vio sometida junto con su marido por su ideología, la guerra, el bombardeo a Hiroshima, la escasez, la pérdida... una vida dura, pero que la convirtió en toda un referente para la literatura nipona.
Tiene un estilo sutil, enfocado en el paisaje y en los sentimientos de sus protagonistas, que vagan por el mundo cada una en su propia lucha personal. Mujeres fuertes, sensibles, que lucharon contracorriente con la cabeza en alto.
Aunque no es de mis libros favoritos, es una lectura ideal para dar un respiro... Dar pausa, reflexionar, abrir un paréntesis.